La atención virtual no es la mejor opción para establecer la relación médico-paciente que es la base de la asistencia sanitaria. Partiendo de esta premisa, es cierto que la atención virtual ha venido para quedarse, pero debe adecuarse a las necesidades de los pacientes, sin perder de vista otros factores como la sostenibilidad del sistema.

Esta ha sido una de las grandes conclusiones que se desprende de la segunda sesión plenaria, titulada “La seguridad del paciente en la atención virtual”, que se ha celebrado en el marco del II Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA).

Marian Tébar Betegón, coordinadora regional de Gestión de la Calidad y Mejora del Servicio de Salud de Castilla La Mancha (SESCAM), apuesta por adaptar la asistencia a cada paciente. “Debemos proveer una asistencia sanitaria centrada en el paciente y para ello debemos conocer sus necesidades, el grado de aceptabilidad del uso de las nuevas tecnologías, los recursos que tiene, y la flexibilidad en la implantación”, asegura.

A su juicio, son muchas las ocasiones en las que las organizaciones se han centrado más en sus necesidades que en las del paciente. Pone de ejemplo la implantación de la asistencia virtual en la pandemia que, por otro lado, requerían de presencialidad para realizar tareas administrativas. “Son incongruencias que denotan que nos estamos enfocando en las necesidades de los pacientes”.

Esta especialista ha puesto sobre la mesa la utilización del paciente para cubrir brechas en la continuidad asistencial. En ese sentido, dice que se “ha utilizado” al paciente para mover papeles, informes y otros procesos administrativos. “Por lo tanto, si vamos a introducir la asistencia virtual, tendremos que revisar los riesgos que hay en nuestros procesos y anticiparnos”, destaca.

Relación médico-paciente

Por su parte, Antonio Regueiro Martínez, jefe de Unidad de Atención Primaria en el Centro de Salud Vilanova de Arousa, explica que también hay que valorar en esa ecuación la relación médico-paciente. “No olvidemos que la asistencia sanitaria tras un teléfono dispara la incertidumbre del paciente, por lo que descarta la idea de que sea la principal forma de asistencia”.

No obstante, reconoce que puede ser una opción viable para muchos pacientes y coincide con Tébar a la hora de especificar que se debe valorar de forma individual. “Hay personas mayores que consultan el correo electrónico a diario y gente joven que prefiere acudir a la consulta”. La coordinadora de Calidad añade que “siempre que tenga la posibilidad de elegir hay que ofrecerla con el fin de mejorar la satisfacción del usuarios”.

Conocimientos digitales y capacidad de acceso

En ese sentido, la representante del SESCAM también ha apuntado que sería beneficioso tener en cuenta esas preferencias de los pacientes. “Deberíamos preguntar qué tipo de asistencia prefieren, como un factor más a valorar en los planes estratégicos de salud”.

Además se deben valorar las competencias digitales tanto de pacientes como de profesionales sanitarios. “Al igual que en la historia clínica se valora el nivel sociocultural del paciente, se puede empezar a valorar sus conocimientos y preferencias tecnológicas”. Y la cobertura digital de las zonas rurales es otra variable a considerar.

Regueiro añade que también sería preciso revisar las competencias digitales de los propios profesionales sanitarios para garantizar una asistencia de calidad. “No hay que olvidar que la atención virtual también ha tenido resistencia por esta parte”, dice.

“Por lo tanto, si vamos a meternos de lleno en la asistencia virtual debemos plantearnos un esfuerzo de planificación que contemple todas estas variables y que sea mucho más amplio y con mayor rigor metodológico”, concluye Tébar.

Consultas con menos atención

Marina Varela Durán, jefa de Servicio en funciones de Anestesiología, Reanimación y Terapia del Dolor en el Complejo Hospitalario Universitario Pontevedra, ha referido un estudio de la doctora Muñoz Seco. Dicho informe señala las complicaciones de la comunicación telefónica con algunos pacientes debido a la falta de contacto visual con su médico.

Dicho estudio revela que este tipo de consultas puede llevar a más facilidad de errores clínicos y efectos secundarios. “Para problemas de baja complejidad, consultas cortas o muy estructuradas, -resume Varela-  sí podrían ser útiles. No tanto para problemas complejos o más graves, donde la consulta telefónica no sería la más adecuada.