Una mayor inversión en el gasto público en salud podría generar un crecimiento de un 4% más en el Producto Interior Bruto (PIB) del país. Así lo sugiere un análisis prospectivo que ha denotado la relevancia socioeconómica que tienen las actividades sanitarias en la economía nacional. También refleja su contribución en diferentes derivadas como el empleo, las exportaciones y la productividad, entre otras. “En definitiva, la Sanidad es una palabra de reequilibrio territorial y una oportunidad para crecer más y mejor”.

De esa manera lo ha manifestado Diego Vizcaíno, socio director del área de Economía Aplicada de Asesores Financieros Internacionales (AFI) en la presentación del estudio ‘Inversión en Sanidad: la vía española hacia la prosperidad’. Un informe elaborado por AFI con el apoyo de la Fundación Farmaindustria.

El estudio contempla un análisis de la situación actual con dos planteamientos: invertir en salud o no hacerlo y sus conclusiones. Mientras que la no inversión generará una pérdida de fuerza y un estancamiento del PIB, el escenario alternativo contempla un crecimiento sostenido.

Con los datos en la mano, una aportación de dos puntos en relación al PIB en recursos destinados a la asistencia sanitaria, generaría un impacto positivo en la tasa de crecimiento media del PIB en torno a 0,25 puntos porcentuales. “Esto supondría para el final del periodo, en 2040, el PIB podría situarse en un 4% más alto”, explican.  Por tanto, para el período 2025-2040 se elevaría el PIB en 427.000 millones de euros, sumando los incrementos de cada año y sin tener en cuenta el valor del dinero en el tiempo, reza el informe.

Vizcaíno ha destacado que “es necesario reforzar la colaboración con la administración. Y también definir una estructura a medio y largo plazo que contemple esa inversión en sanidad”. A su juicio, es esencial ver esa inversión como una fuente de crecimiento económico con importantes retornos desde el punto de vista social, territorial y económico, como demuestra el análisis recogido en el documento.

Reformas en el ámbito laboral

En el documento de AFI indican que esa inversión en salud se debe hacer de forma ordenada. Para ello plantean un eje de mejoras en el sistema sanitario enfocado en tres canales del ámbito laboral. Por un lado, incrementar el número de la población activa en un 3%. El aumento de la vida laboral mejorando la tasas de actividad entre los 60 y los 65 años, es otro punto. Y el tercero es el incremento de la productividad en un 1%.

“Estos tres efectos harán, según nuestras estimaciones, que el crecimiento del PIB de aquí a 2040, con una aportación de 2 puntos, genere ese impacto positivo sobre el PIB”, indica César Cantalapiedra, socio director del área de Finanzas Públicas de AFI.

Cómo orientar el gasto público en salud

Además del análisis de los datos y la prospección, en el informe se recogen una orientación de cómo orientar el incremento del gasto sanitario que se debe plantear. Para ello establecen tres puntos esenciales a tener en cuenta.

Por un lado, aumentar los recursos sanitarios con una continuidad en el tiempo. “Unos recursos que deben ir acompañados de reformas sanitarias que permitan mejorar la eficiencia y la coordinación del Sistema Nacional de Salud (SNS)”, asegura el especialista.

Otro punto fundamental es reforzar la Atención Primaria (AP). “Se trata de una especialidad que debe ser uno de los destinatarios de la inversión ya que va a precisar de un mayor esfuerzo”. Un argumento que se justifica al señalar que Primaria presenta el mayor potencial para generar efectos económicos y sociales positivos.

Como tercer eje para el reparto de los recursos, en el informe se destaca la necesidad de reforzar la capacidad industrial y tecnológica vinculada a la salud. Una estrategia orientada a reducir la alta dependencia que se tiene ahora de proveedores extranjeros, “como se ha puesto de manifiesto durante la pandemia”. “Contamos con un liderazgo importante en el campo biomédico y una alta capacidad investigadora. Además de contar con una gran capacidad industrial al tener 80 plantas de producción”, ha matizado Vizcaíno.

Retroceso si no hay inversión

En contraposición, el planteamiento de un escenario inercial en el que se tome como base no invertir en salud, el resultado sería muy diferente. El crecimiento del PIB llegaría al 1,7% en 2027 para luego ir perdiendo fuerza y estancarse en un 1,3% anual a mediados de 2030.

“Es así porque se produciría un retroceso en la contribución del trabajo que será compensado, de manera parcial, por una mejora de la aportación de la productividad”, dice Cantalapiedra. Al final, “esa situación nos llevaría a intuir presiones. No solo sobre el gasto sino también sobre las finanzas públicas que nos deben hacer reflexionar”, añade.