La acetilcisteína es conocida como uno de los principios activos más recomendados para combatir las infecciones respiratorias víricas y la mucosidad. Estas son muy habituales en estaciones en las que hay cambios bruscos de temperatura, como está ocurriendo este invierno. Con su acción antioxidante, este tipo de tratamientos cuidan de la salud pulmonar reforzando las defensas naturales y restaurando las vías respiratorias.

Por su carácter reductor, la acetilcisteína también ejerce una acción antioxidante actuando directamente sobre los radicales oxidantes. Además, actúa como precursor en la síntesis de glutatión, un importante antioxidante natural. En consecuencia, deviene un tratamiento idóneo ejerciendo una protección pulmonar. En concreto, en aquellos pacientes que cursen con patología respiratorias.

En este sentido, los tratamientos mucolíticos como la acetilcisteína aportan beneficios clínicos. Pero, además, previenen los daños en importantes componentes celulares, salvaguardando así las células pulmonares.

Trabajo de la acetilcisteína en la mucosidad

Aparte de ser una buena aliada para restaurar el desequilibrio ocasionado por la oxidación, la acetilcisteína también disminuye la viscosidad de la mucosidad que se queda acumulada en el sistema respiratorio tras una infección viral y facilita su expulsión. En este contexto, la acetilcisteína logra fluidificar el moco, movilizarlo y eliminarlo, así como favorecer el aclaramiento mucociliar.

Si un proceso catarral o gripal se trata y cura mal, puede llegar a desencadenar patologías respiratorias más complejas. Por ello es importante tener en cuenta tratamientos como la acetilcisteína, que además de su acción mucolítica también tiene propiedades antioxidantes.