La pandemia de la COVID-19 ha puesto sobre la mesa una necesidad de cuidar el bienestar emocional de los profesionales sanitarios. Ello ha provocado el florecimiento de tímidos programas que se han mantenido durante los meses más duros. Es el momento de que las instituciones apuesten por mantener ese compromiso y se concreten en propuestas sostenidas en el tiempo para todos los profesionales.

Así de contundente se han mostrado los profesionales sanitarios que han participado en la primera mesa plenaria celebrada en el II Congreso de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) que se está celebrando de manera virtual. Un encuentro que lleva por título: ‘La calidad en tiempos de incertidumbre’.

La pandemia ha evidenciado las necesidades que ya venían arrastrando los profesionales sanitarios en su entorno laboral. Esto ha hecho que se fomente la creación de programas de cuidado y grupos de autocuidado que se deben generalizar y concretar. Sin embargo, existe cierto recelo entre los profesionales de que esto llegue a materializarse.

“Está muy bien hacer encuestas sobre riesgos psico-sociales y luego no hacer nada ni concretarlo en planes o programas. Estamos hablando de factores existentes en el puesto de trabajo que pueden provocar daño en la salud y que debemos gestionar”. Así lo manifiesta Rocío Barreira, psicóloga clínica, responsable del programa de atención psicológica a los profesionales durante la pandemia en el Servicio Vasco de Salud.

A su juicio, todas las instituciones tienen en mente que el cuidado del profesional es algo fundamental, pero no se termina de concretar. “No se maneja desde la expectativa del profesional. Es una asignatura siempre pendiente porque en el fondo no sabemos si vamos a poder cumplir las expectativas”, ha subrayado.

El bienestar emocional como prioridad

“Antes de la pandemia, al profesional quemado se le enviaba a otras instituciones especializadas y se trataba con cierta discreción. Ahora el profesional afectado es capaz de reconocer y verbalizar que necesita ayuda, que está agotado y que precisa apoyo social interno”, ha destacado Ana Sedano, directora para las personas en el Institut Català d’Oncología del Sistema de Salud de Cataluña.

A este respecto, ha evidenciado los resultados de una encuesta elaborada por Manpower Group sobre profesionales de diferentes ámbitos. En ella resulta que seis de cada 10 profesionales, por primera vez, destacan que su prioridad principal en el entorno laboral es la salud y el bienestar emocional, seguido por los nuevos modelos de empleo.

Propuestas concretas según necesidades

Cristina Iniesta Blasco, adjunta a  la gerencia en el Parc de Salut Mar y presidenta de la Red Catalana Hospitales y Centros Promotores de la Salud, ha destacado que “la COVID ha puesto en valor el compromiso con las personas, pacientes y profesionales, más allá de las condiciones laborales y de proteger la salud y eso no se puede perder”.

En su caso ha puesto de ejemplo el programa ‘La Mar de Saludable’, un proyecto en el que se ha materializado “ese tránsito necesario entre el prevenir y el compromiso para establecer a los profesionales en los mejores hábitos de salud dentro de un entorno saludable”.

Esta profesional concluye señalando que promocionar el bienestar emocional de los profesionales ya no puede ser una estrategia que quede en el aire sino que debe ir acompañada de propuestas concretas desarrolladas sobre la base de un mapa de necesidades laborales en función de los trabajos, la intensidad, los grupos, los centros, los turnos, etcétera”.

Grupos de autocuidado

En la mesa de debate también ha participado Ricardo López Bernués, enfermero de Salud Mental en la Unidad de Corta Estancia (UCE) de Psiquiatría en el Hospital Universitario San Jorge, de Huesca. “La COVID ha abierto más oportunidades para tener en cuenta las necesidades de los profesionales. Aunque nos cuesta hablar de cómo nos sentimos en el trabajo, esta situación nos ha dado la oportunidad”, asegura.

López ha destacado que es la primera vez que se crean grupos de autocuidado entre profesionales enfocados a descargar emociones, manejar momentos de incertidumbre, compartir experiencias y ofrecer herramientas de gestión. Programas que han tenido muy buenos resultados. Solo espera, al igual que sus compañeros de mesa durante el congreso, que “esto sirva para poner programas en marcha que se perpetúen en el tiempo”.

Profesionales todos unidos

La situación de vulnerabilidad extrema vivida también ha hecho que todos los profesionales se hayan sentido unidos y que los centros hayan generados espacios para sentirse acompañados. Francisco Javier Navarrete, jefe de Celadores Hospital Central de la Cruz Roja en Madrid, ha contado la experiencia que han vivido estos profesionales.

Los celadores en España vienen arrastrando una serie de problemas profesionales al no ser considerados personal sanitario. “Con la pandemia, Sanidad nos puso como ejemplo de personal de bajo riesgo pese a que trabajamos en quirófanos, UCI’s, plantas de hospitalización… Sin embargo, esta situación ha hecho que los centros nos cuiden más y nos hemos integrados más en los grupos”.

Este profesional nos recuerda que los celadores son los encargados del traslado de los cadáveres, algo que ha supuesto un proceso muy duro durante los meses más fuertes de la pandemia. “Nos ha pasado mucha factura y se han tenido que crear grupos de apoyo y cursos que nos ayude a asimilar ese dolor”, incide. Navarrete también apuesta por la continuidad de estos recursos que han aflorado con la pandemia.