Madrid (10-10-08).- Como en otras afecciones crónicas o de larga duración, la toma inadecuada e incluso el abandono de la medicación es uno de los grandes retos a los que se enfrentan los especialistas que tratan las enfermedades mentales, porque ahí radica el principal motivo de recaídas, que además de ser sufrido por el 80% de los pacientes hará que los episodios de crisis sean más frecuentes, causen mayor discapacidad y además provocarán que el enfermo responda peor a nuevos tratamientos.

Éste ha sido uno de los aspectos más tratados en la jornada científico-informativa que se ha celebrado en la sede belga de Beerse de Janssen-Cilag al cumplirse 50 años del primer fármaco contra la esquizofrenia, que en aquel entonces logró sacar del manicomio a los pacientes para darles tratamientos normalizado en su ambiente familiar y social habitual.

"50 de innovación" en salud mental han sido la guía para pasar revista los avances logrados en este medio siglo y los retos que se abren a partir de ahora. Entre los logros conseguidos está el cambio paulatino en el abordaje sanitario y social de la sicosis, empezando por la no estigmatización de la enfermedad y su terapia siquiátrica, porque esta estigmatización retrasa significativamente el diagnóstico y de forma inducida disminuye los aportes a la investigación en salud mental.

Es este estigma social según el siquiatra de la universidad de Munich, doctor Werner Kissling una de las razones que provocan el retraso en comenzar el tratamiento hasta cuatro años, aunque la incidencia de la esquizofrenia en la población europea sigue estable alrededor de 1%. esta estigmatización hace que más de la mitad de las personas debieran de tomar antisicóticos no lo hagan.

En el Estado, las cifras están en un rango parecido pues de los 450.000 españoles con sicosis, el 85% está mal diagnosticado y poco más de la mitad recibe el tratamiento adecuado. Es precisamente reducir este retraso medio de 3 a 4 años en iniciar el tratamiento, así como el amplio incumplimiento terapéutico dos de los retos pendientes a los que se enfrentan los especialistas de esta materia.

Una enfermedad "no visible"

Desde el aspecto sociosanitario el generalizado desprecio hacia el discapacitado de una enfermedad "no visible" perjudica notablemente el abordaje de las enfermedades sicóticas (alucinaciones, delirios, sentimientos de persecución, esquizofrenias") de manera muy notable.

Son patologías que rompen totalmente las relaciones familiares por lo que tanto el siquiatra británico, Swaran Singh y Kevin Jones, como el secretario general de la Federación Europea de Asociaciones de Familiares y personas con enfermedad mental (Eufami) piden un apoyo específico y total a quienes cuidan 25 horas al día, 365 días al año a los pacientes, porque éste es uno de los apoyos fundamentales para que los tratamientos farmacológicos tengan continuidad y un efecto consolidado.

El experto Swaran Singh está convencido de que la mayoría de pacientes podría volver al trabajo si recibiera una adecuada atención en los servicios de salud, pero la realidad no es asi y el primer factor él lo achaca al hecho de que frente al apoyo emocional, familiar y social que reciben los discapacitados visibles existe un generalizado arrinconamiento, incluso por parte de familiares, al discapacitado mental, cuya minusvalía no es visible, pero no por ello menos real.

Según estos expertos tampoco ayuda a una percepción pública correcta de lo que suponen estas enfermedades el hecho de la notoriedad que los medios de comunicación conceden a los episodios violentos originados por pacientes mentales. "Por cierto, la mayoría de ellos fuera del control médico adecuado", según el propio doctor Singh.

En contra de esta notoriedad negativa, la realidad nos indica que el porcentaje de autoría de personas con sicosis que comete actos violentos es muy inferior al porcentaje que se produce en la población en general. De hecho, si algo habría que hacer con estos pacientes es protegerlos de si mismos para impedir que se hagan daño (los suicidios entre ellos ronda el 10%"), porque es contra si mismo y no a otros a quienes hacen violencia.

Medicina "a la carta"

Johnson Farmacéutica que produce la risperidona, que acaba de lanzar uno de nueva generación el paliperidona, conmemora en este 2008 los 50 años del descubrimiento que su filial Jasseng Cilag hizo del haloperidol, el fármaco que dio un giro copernicano a la clínica de la esquizofrenia.

Cincuenta años después Stef Heylen reconoce que "aún se está muy lejos de conseguir una cura de la esquizofrenia" entre otros razones porque todavía recibe un tratamiento sintomático de mayor eficacia a sus manifestaciones positivas (alucinaciones, delirios, arrebato) que frente a los negativos como el embotamiento afectivo, la pasividad que recortan la relación social del paciente. Éste es un campo donde el tratamiento aún debe cambiar.

El segundo aspecto sería recalcar que la toma inadecuada o el abandono es el principal motivo de recaídas. Y no es un reto menor la aparición de los efectos secundarios en los tratamientos, que según el experto británico Gavin Reynolds conlleva importantes aumentos de peso, retención de orina de los que deriva complicaciones del metabolismo y cardiovascular.

Es el mismo Reynolds, profesor de neurociencias de la Universidad de Belfast, el que en este mismo campo pone sus ojos en un horizonte próximo de esperanza basado en la genética. Una genética individualizada donde se estudien los biomarcadores personales que dé una posibilidad de una terapia traslacional a cada individuo. Esta apuesta por lo que podríamos llamar una medicina "a la carta" es plenamente asumida por el presidente de investigación y desarrollo del grupo Johnson&amp.Johnson, Pau Stoffels, "no es que sea para mañana, pero junto a la cautela y a los grandes progresos que ya se están haciendo para individualizar la terapia observamos que los adelantos marchan a buen ritmo y que en realidad lo que sigue siendo más complicado es "entrar en el enfermo" para poder medir sus reacciones y poder ejecutar en él una terapia "a la carta" y con el mínimo de efectos secundarios.