Hablar de hernia de disco o hernia discal es abordar un trastorno que afecta al 20% de la población española. Se estima que alrededor de la mitad de las personas que sufren dolor de espalda desarrollarán una hernia discal.

Hay que tener en cuenta que las dolencias de columna vertebral representan el 20% de las bajas laborales temporales y cerca del 50% de las jubilaciones anticipadas. En un gran porcentaje de casos la causa reside en lumbalgias comunes que no han sido tratadas.

Los episodios de lumbalgias comunes presentan normalmente una evolución favorable en las primeras semanas, y con ello la desaparición de gran parte de la sintomatología. Quizá por esta razón un porcentaje muy alto de pacientes no consultan a su médico cuando sufren una lumbalgia, según se desprende de un informe elaborado por el Servicio de Fisioterapia de la Clínica Armstrong Internacional de Madrid.

Disco aplastado

La hernia de disco es una alteración en la conformación de ciertas estructuras (disco invertebral) de la columna vertebral que provoca una sintomatología muy característica, en muchos casos invalidante. Se produce cuando un fragmento del disco intervertebral invade el canal espinal comprimiendo las raíces nerviosas, produciendo un dolor que se irradia por la pierna hasta el pie.

Según manifiesta el doctor Horacio Bobadilla, jefe del servicio de Fisioterapia de la citada clínica, la función del disco intervertebral, cuya alteración provoca la hernia, es amortiguar y distribuir la tensión entre vértebra y vértebra. Para que la columna vertebral trabaje adecuadamente debe estar en posición vertical y equilibrada. Cuando esto no sucede es cuando surgen patologías como la hernia de disco.

La mayoría de las lesiones -prosigue este especialista- se deben a microtraumatismos repetidos sobre el disco intervertebral que hacen que éste se degenere paulatinamente con el paso del tiempo, debido a causas como malas posturas, levantar pesos de forma inadecuada, etc. Sin embargo, también se producen lesiones en el disco por traumatismos directos (accidentes de tráfico, golpes directos sobre la columna) que provocan un incremento de la presión del disco pudiendo llegar a desfigurarlo o romperlo.

Síntomas

El dolor se hace sentir en función de donde se encuentra la hernia, es decir, en el cuello si la hernia es cervical, o en los miembros inferiores si la hernia se localiza en la columna lumbar. Dicho dolor, que suele aparecer inmediatamente o al cabo de varias horas de haber hecho un sobreesfuerzo o sufrido un traumatismo, se ve aumentado con la tos o el esfuerzo, a lo que se suma la dificultad para doblar el tronco hacia adelante por la cintura. La gran contractura muscular que se produce puede impedirle al afectado enderezarse completamente.

Este cuadro puede mejorar en unos cuantos días, pero suele empeorar más tarde, con episodios cada vez más frecuentes, largos y dolorosos. Cuando el dolor sólo es lumbar se denomina lumbalgia y cuando se extiende a la nalga y posteriormente al muslo, pierna y pie se denomina ciática, porque sigue el trayecto del nervio ciático.

El dolor lumbar con irradiación ciática suele ir acompañado de parestesias (sensación de hormigueo) o acorchamiento en la planta del pie y la pierna. De igual modo, se puede originar una sensación de debilidad en el miembro inferior (muslo, pierna, pie). La persona afectada nota que la pierna le falla, que se le dobla al caminar o de que es incapaz de mover hacia arriba el dedo gordo del pie.

Otro efecto que se puede producir por la compresión del disco en la zona lumbar es la aparición de zonas con falta de sensibilidad en el miembro inferior. Pero los síntomas más graves se producen cuando la compresión es tan grande en la parte baja de la espalda que da origen al llamado “síndrome de la cola de caballo”, es decir, incapacidad para retener las heces o la orina. Esta circunstancia se produce en caso de grandes fracturas o hernias masivas.

Tratamiento

En relación con el tratamiento, los expertos indican que un 95% de las lumborradiculalgias de origen discal evolucionan hacia la curación sin necesidad de cirugía.

La cirugía del disco en la columna lumbar está indicada únicamente en aquellos pacientes cuyo dolor les impide realizar sus tareas diarias o tienen una importante pérdida de fuerza o sensibilidad en la pierna. El tratamiento quirúrgico se ha venido utilizando desde el año 1950, y en un 60% de los pacientes consigue una completa desaparición del dolor y de la ciática, con un índice de fracaso de entre un 2-3% de los intervenidos. La utilización de la cirugía con láser, que empezó a emplearse a finales de los años 80, supuso un gran adelanto al comprobarse que la extirpación de una pequeña parte del disco producía una gran disminución en las presiones ejercidas en dicho disco.

Otra alternativa es la nucleotomía percutánea cuya finalidad es reducir el volumen del disco extrayendo parte del mismo con el fin de descomprimir el nervio ciático.

Un riesgo de la cirugía es la fibrosis post-quirúrgica. Cuanto menos agresiva sea la cirugía y menor el sangrado durante la operación, menor es el riesgo de que aparezca. Por otra parte, la cirugía requiere un estado mínimo de salud general y no es recomendable si el paciente presenta algunas enfermedades cardíacas, pulmonares o metabólicas. Por estos motivos, es importante operar solo en aquellos casos en que esté indicado, habiéndose establecido que únicamente un 10% de las hernias precisa de un tratamiento quirúrgico.

FUENTES: Clínica Armstrong, Fundación ONCE-Feder y Fundación Kovacs.