En la actualidad, en España,

la incidencia de cáncer en la

población adolescente, que engloba

a pacientes de entre 15 y

19 años, es de 200 casos por

millón y año, cifra que aumenta

hasta los 350 casos en la franja

de edad entre los 20 y 25 años.

A pesar de que el 50 por ciento

de los tumores diagnosticados

son clásicamente pediátricos, la

mayoría de estos casos son tratados

en unidades de adultos.

“Pese a los avances médicos,

en esta población es en

donde se ha conseguido una

menor mejoría en la supervivencia

al cáncer en los últimos

años, de forma que este grupo

de patologías supone la primera

causa de muerte por enfermedad

en adolescentes y

adultos jóvenes”, afirma el

doctor Luis Madero, responsable

del Área de Oncología en

el Adolescente y Adulto joven

de la Clínica La Luz.

Características

propias

Según el doctor Madero, “los

tumores más frecuentes en este

grupo de edad son linfomas,

tumores del sistema nervioso

central, melanomas,

sarcomas de partes blandas,

leucemias agudas y tumores

gonadales y del tiroides”. Tradicionalmente,

la supervivencia

en el grupo de edad de 15-

25 años ha sido más alta en

relación a los grupos de edad

pediátricos y mayores de 35-

40 años, “por la alta incidencia

de tumores potencialmente

curables, como linfomas de

Hodking, el melanoma y los

tumores tiroideos”, explica este

experto. “No obstante, pese

a su buen pronóstico, la discreta

mejora de la supervivencia

se debe sobre todo a la escasez

de recursos y esfuerzos

tanto a nivel sanitario como

en investigación dirigidos a estos

pacientes”.

Junto con el hecho de que

adolescentes y adultos jóvenes

sean tratados en unidades oncológicas

de adultos, los expertos

apuntan al excepcionalmente

bajo volumen de ensayos

clínicos en este grupo de pacientes

como otra de las razones

que explica la menor mejoría

en la supervivencia al cáncer

con respecto a otros grupos de

edad. En palabras del doctor

Madero, “por una parte, debido

a su edad, estos pacientes

son demasiado mayores para

entrar en los ensayos clínicos

pediátricos y demasiado jóvenes

para formar parte de los

ensayos en adultos”.