E.P.- Nueve de cada diez españoles tienen un conocimiento inadecuado sobre el ictus y menos de la mitad reaccionaría correctamente ante un episodio agudo, según los resultados de un estudio para determinar el grado de conocimiento del infarto cerebral entre la población española, realizado por la Sociedad Española de Neurología (SEN). Este desconocimiento, según destaca la SEN "es un hecho especialmente grave", ya que supone la falta de reconocer la enfermedad y podría explicar, en parte, "el retraso con el que los afectados acuden a los centros hospitalarios capaces de proporcionar el tratamiento adecuado. Según los expertos de la citada Sociedad científica , "el tratamiento es especialmente efectivo si se administra antes de las tres primeras horas tras el infarto cerebral".

Según la investigación, llevada a cabo en una muestra de 3.000 personas, sólo un 33 por ciento de los encuestados fueron capaces de mencionar ,al menos, un síntoma de ictus. Además, los signos más identificados fueron la parálisis súbita, problemas de habla de aparición inmediata y pérdida de conciencia; mientras que la falta de sensibilidad o la visión borrosa no fueron identificados como tales. En concreto, un 74 por ciento de la población mayor de 64 años no fue capaz de mencionar un síntoma de ictus y la mitad no pudo decir tampoco un factor de riesgo. Asimismo, en la encuesta se introdujeron factores de riesgo falsos como la artrosis y las emociones, que la población encuestada identificó como reales e incluso, en su opinión, tan poderosos como la edad avanzada o la diabetes.

Según la investigación, un 39,9 por ciento de los encuestados considera al ictus tan grave como el infarto de miocardio y un 45,9 por cento cree que sus secuelas son parcialmente recuperables. Sin embargo, sólo un 45 por ciento opina que es necesario el traslado urgente al hospital más cercano.

Por otra parte, la encuesta realizada por la SEN constata además que las personas que teóricamente pasan más tiempo en su domicilio tales como amas de casa, jubilados, incapacitados y desempleados, son quienes tienen peor conocimiento de esta enfermedad, que es la principal causa de la discapacidad adulta en España, la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en los varones.