A pesar de que diferentes estudios revelan que entre el 40 y el 60% de las personas mayores tiene algún problema dermatológico, los expertos insisten en que apenas se presta atención a la piel del anciano. En los mayores son frecuentes trastornos como el prurito, las infecciones, los eccemas y las reacciones alérgicas a los medicamentos, además de problemas cosméticos como las arrugas o las manchas; sin embargo, muchos de ellos descuidan este aspecto por motivos psíquicos, sociales o médicos, o simplemente porque consideran que es algo “normal” e inherente al envejecimiento. La inminente llegada del calor supone en este sentido una llamada de alerta, pues en primavera y verano los citados trastornos experimentan un notable aumento.

La piel del anciano tiene unas características particulares que la hace más vulnerable ante agresiones externas como los rayos solares; en cada década de la vida se pierde entre un 10 y 20% de melanocitos (célula de la piel de los mamíferos que produce melanina, sustancia que da color a la piel y que envuelve a la célula protegiendo su núcleo de los rayos solares). Además, con el tiempo la dermis se va haciendo más delgada, más seca y con menos elasticidad, así como más sensible a traumatismos y esto genera una mayor tendencia de sequedad de la piel.

Las altas temperaturas, además de provocar lesiones cutáneas, pueden empeorar el prurito, que aparece como un síntoma más de una enfermedad o simplemente como consecuencia de la sequedad de la piel. También son factores perjudiciales para la piel el alcohol y el tabaco.

Medidas

La principal recomendación de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (SEMEG) es una correcta nutrición e hidratación. Además, es fundamental extremar las medidas de protección frente al sol; no sólo hay que evitar las largas exposiciones sino utilizar cremas protectoras con un filtro solar que no sea menor de 20, adaptado al fototipo de piel del anciano.

Asimismo, es fundamental la higiene diaria con un jabón inodoro de pH neutro y agua tibia, ya que el agua caliente provoca una vasodilatación que hace que la recuperación cutánea sea más difícil y empeora síntomas como el picor. Es preferible la ducha que los baños prolongados. Unido a ello, es igualmente importante secar bien la piel, haciendo hincapié en las zonas de pliegues -ingles, axilas, entre los dedos y debajo de las mamas- para evitar las irritaciones y las infecciones por hongos debidas al aumento de la humedad.

El último paso debe ser la aplicación de una loción hidratante, como un aceite al agua o una crema emoliente, de absorción lenta, y evitar ropa con tejidos irritantes como el poliéster o la lana.