Cuesta creer que el colesterol, una sustancia indispensable para la vida pueda volverse contra su portador, en este caso el ser humano. Pero sucede. ¿Cómo y cuándo? Pues cuando sus niveles en sangre y arterias aumentan por encima de lo estimado como normal, lo cual, a su vez, sobreviene por cuestiones genéticas o cuando tenemos hábitos o estilos de vida equivocados, abusamos de determinados alimentos, no realizamos ejercicio físico y descuidamos nuestro peso ideal.

El colesterol es una sustancia grasa natural, presente en todas las células del cuerpo humano y necesaria para el normal funcionamiento del organismo. Si se mantiene en cifras normales, es un factor de salud e imprescindible en el metabolismo de cualquier célula. Sólo resulta peligroso para nuestra salud si se elevan sus niveles en sangre (hipercolesterolemia). entonces el colesterol se convierte en el principal enemigo de la pared de las arterias coronarias y se incrementa el peligro de sufrir un ataque al corazón.

La mayor parte del colesterol se produce en el hígado, que fabrica aproximadamente 1.000 mg al día, y también se obtiene mediante la ingestión de ciertos alimentos de origen animal, como carnes rojas, huevos, lácteos y derivados. Sin duda es una sustancia conocida por todos y, es tal su importancia, que se le considera uno de principales factores de riesgo cardiovascular, junto a la hipertensión, el tabaquismo y la obesidad.

Mención aparte merece la hipercolesterolemia familiar, que es hereditaria y está considerada un problema de salud pública. de hecho se estima que en España puede afectar a unas 80.000 personas.

Por tanto, en contra de lo que suele pensarse, el colesterol no es intrínsecamente dañino. el cuerpo lo necesita para fabricar hormonas, ácidos biliares, vitamina D y otras sustancias. Lo que realmente es perjudicial es el exceso de colesterol “malo”. Y es que existe un colesterol “bueno” y otro “malo”.

El “bueno” y el “malo”

El cuerpo, para transportar a través de la sangre la grasa, que es insoluble, fabrica unas partículas complejas denominadas “lipoproteínas”, que están formadas por una parte de proteína y una parte compuesta por distintos tipos de grasas. Los dos tipos de lipoproteínas que contienen colesterol son:

LDL: compuestas principalmente por colesterol y una proteína llamada apoB. Es la forma en que el cuerpo recoge el colesterol del hígado (donde lo sintetiza) y lo distribuye a los tejidos. El 70% del colesterol que circula por la sangre lo hace en forma de LDL-colesterol. Éste es el popularmente denominado “colesterol malo”, el responsable de la arteriosclerosis, que está provocada por la acumulación de colesterol en la pared de las arterias.

HDL: compuestas principalmente por colesterol y una proteína llamada apoA. Estas partículas contienen el denominado “colesterol bueno”, porque transportan el exceso de colesterol desde los tejidos hasta el hígado.

Las directrices de la Sociedad Europea de Cardiología establecen que los niveles adecuados de colesterol LDL no deben superar los 100 mg/dl. Sin embargo, la tendencia actual entre los expertos es la de recomendar incluso que los pacientes de alto riesgo (enfermos cardiovasculares, diabéticos y afectados por hipercolesterolemia familiar) permanezcan por debajo de los 70 mg/dl.

En la tabla se recogen los niveles de colesterol considerados como normales o altos.

Frutas, cereales, fármacos”

Los expertos recomiendan, en general, incrementar el consumo de cereales, frutas frescas, pescado y vegetales como medida para reducir el colesterol. De igual modo, aconsejan comer alimentos ricos en fibra. La fibra de tipo soluble reduce el nivel de colesterol al impedir que éste sea absorbido por el organismo. Este tipo de fibra se encuentra especialmente en el salvado de avena, las legumbres y las frutas.

Además, es muy recomendable comer los alimentos preferentemente hervidos, al horno o a la parrilla, evitando los fritos, y se aconseja condimentar las ensaladas con aceite de oliva y evitar el tabaco y alcohol. pero unido a ello es conveniente hacerse periódicos análisis de sangre y aprender el significado de las cifras de colesterol.

El tratamiento farmacológico se reserva para pacientes con riesgo elevado de padecer enfermedades cardiovasculares, formas graves de hipercolesterolemia, dislipemias secundarias graves o que no han respondido al tratamiento dietético. En cualquier caso, y a pesar de seguir un tratamiento con fármacos, nunca se debe abandonar los hábitos de vida saludable.

Las dos caras del colesterol