Durante la VI Semana de las Enfermedades Digestivas (SED 2011) se abordaron las novedades en el manejo de la dispepsia, alteración crónica que dificulta e impide la digestión completa y que, por su alta prevalencia, constituye un problema sanitario y socioeconómico de gran magnitud.

El principal síntoma de la dispepsia es el dolor epigástrico (dolor en el área del estómago) junto con la sensación de saciedad precoz y la pesadez después de las comidas. En España casi un 40 por ciento de la población padece síntomas dispépticos, aunque sólo una cuarta parte de los afectados solicitan valoración médica. Aun así esta afección, junto con el síndrome de Intestino Irritable, constituye la primera causa de visita ambulatoria digestiva. Podría decirse que del total de las consultas sobre patología digestiva, un 40 por ciento son debidas a esta causa.

Pese a su naturaleza en general benigna, la dispepsia afecta de forma significativa a la calidad de vida de los pacientes. Además, los pacientes con dispepsia funcional, al igual que sucede con el intestino irritable, presentan con mayor frecuencia depresión, ansiedad y ciertos rasgos de la personalidad alterados; obsesivos e hipocondríacos. Según los expertos es posible que en un subgrupo de pacientes estos factores tengan relevancia por la percepción y la actitud ante la enfermedad.

Origen y tratamiento

Las investigaciones sobre el origen y la causa de la enfermedad actualmente se dirigen a varios factores multifactoriales: por un lado, se ha visto cómo una infección gastrointestinal previa puede ser uno de los agentes desencadenantes. Por otro lado, factores ambientales como el estrés crónico parece que pueden modificar el funcionamiento digestivo.

Si bien la prevención de la enfermedad no resulta posible ya que tampoco se conoce su etiología, los expertos han debatido durante la Semana de las Enfermedades Digestivas sobre las alternativas farmacológicas. Además de los ya existentes inhibidores de la bomba de protones, de los procinéticos y de los antidepresivos (estos últimos empleados a dosis bajas en los casos de dispepsia), los expertos remarcan la necesidad de desarrollar fármacos con mayor eficacia para el tratamiento de la hipersensibilidad visceral.