La pandemia ha supuesto un reto a todos los especialistas, pero las últimas olas han afectado especialmente a la Atención Primaria. Desde ella, también se abordan secuelas relacionadas no solo con el propio SARS-CoV-2, sino con todas las circunstancias vividas, que también han impactado en la enfermedad neurológica. Un reto difícil de abordar, ya que se trata de patologías que necesitan más tiempo del que ahora mismo disponen los médicos de familia.

¿Cuáles son las principales patologías relacionadas con el Sistema Nervioso Central que debe abordar el médico de Atención Primaria? ¿Cuál es su incidencia?

Las patologías relacionadas con la Neurología son variadísimas y abarcan un abanico amplísimo. Estas van desde los trastornos neurodegenerativos, representados por el deterioro cognitivo, la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple, o la esclerosis lateral amiotrófica, hasta procesos más conocidos como la cefalea, con sus diferentes presentaciones, la inestabilidad que puede desencadenar los vértigos y mareos, la epilepsia, el insomnio y procesos agudos que requieren de una atención urgente e inmediata como es el ictus. Se hace difícil cuantificar su incidencia global. Si tuviera que resaltar el trabajo que puede representar, remarcaría que la cefalea está entre las diez demandas más solicitadas en Atención Primaria y la primera en los servicios de Neurología.

Una de las características de estas patologías es que su seguimiento precisa de un abordaje integral, ¿hay tiempo en las consultas de AP para valorar el impacto de la propia patología en la vida del paciente?

Una característica que define a la Atención Primaria de forma esencial, y específicamente, es la visión holística de las personas a las que atendemos diariamente. Esa manera de actuar necesita interacción y tiempo. Lo intentamos, a pesar de una demora en nuestro tiempo de atención asistencial. No perdemos nuestro ahínco y paciencia, que nos llevará al éxito futuro de la relación de confianza con nuestros pacientes, con las personas a las que atendemos.

De hecho, ante el aumento de la presión asistencial, ¿cómo es posible amortizar el tiempo en consulta para estos seguimientos más complejos?

Con muchísima paciencia y habilidades comunicativas para ser eficientes en los minutos de atención marcados, y tolerando la incertidumbre de las decisiones que tenemos que tomar a lo largo de un día. Más de cien determinaciones requieren unos reflejos mentales y un orden, dentro de la presión psicológica que ello nos supone. Otra característica de la Atención Primaria es la longitudinalidad. Si hoy no soy capaz, no tengo tiempo, tengo dudas, hay una demora excesiva, recitaríamos a la persona en una nueva visita programada, para poder abordar con mayor serenidad y seguridad la complejidad de sus demandas. No ahorramos tiempo, reorganizamos la situación para una mayor eficacia y efectividad.

Otro tipo de consulta son las infecciones, ¿qué distingue los signos de alerta de una infección del SNC de otro tipo de infecciones?

La sospecha de una infección del SNC, meningitis o encefalitis, se caracteriza por presencia de un cuadro febril y signos y síntomas como dolor de cabeza, fiebre y rigidez en el cuello. Todo ello unido a un deterioro en la respuesta a órdenes sencillas. Asimismo, aparece un aturdimiento, definido desde el punto de vista técnico como una focalidad neurológica, que requiere de una derivación a un centro de urgencias, para poder hacer pruebas diagnósticas precisas y confirmar las sospechas. Todo ello, para instaurar la medicación necesaria para una recuperación sin secuelas.  No obstante, el retraso en el tratamiento aumenta el riesgo de padecer un daño cerebral permanente o incluso poder morir. A su vez, sería importante obtener información de los convivientes de la persona afectada, sean familiares o compañeros de trabajo u ocio, debido a la necesidad de realizar una actividad preventiva para evitar mayores complicaciones.

En materia de tratamientos, ¿están suponiendo los nuevos fármacos para la esclerosis múltiple, que han llegado estos últimos años, una mejora de calidad de vida ya palpable para los pacientes?

Actualmente, la mayor evidencia para la recuperación de los brotes sigue estando en los corticoides, aunque no está demostrado que influyan en la historia natural de la enfermedad ni en la discapacidad final. Las nuevas terapias están encaminadas a una mejoría en la calidad de vida y son potencialmente modificadores para reducir el número de brotes y sus secuelas, a la vez que frenar su evolución.

¿Cómo se trabaja en la detección de signos de alerta de patologías como alzhéimer o párkinson, según los diferentes grupos poblaciones de edad?

La demencia es un trastorno persistente y progresivo que se viene caracterizando por un deterioro cognitivo y limitación de la calidad de vida del individuo a partir de los 65 años. Es la primera enfermedad neurodegenerativa. Por su parte, la enfermedad de Parkinson es la segunda, iniciándose el 40 por ciento de las veces entre los 50 y los 60 años, y siendo más frecuente en varones. La población atendida en Atención Primaria está cada vez más envejecida, con una calidad de vida excelente, demandando ayuda y diagnóstico precoz en enfermedades degenerativas como las mencionadas. Principalmente son los familiares los que consultan por trastornos de conducta y del comportamiento en estas personas.

¿Con qué herramientas cuenta el médico de familia?

Podernos realizar una detección precoz del deterioro cognitivo. Disponemos de múltiples test específicos en función de los perfiles de las personas atendidas.  Sin embargo, para la enfermedad de Parkinson no disponemos de test de diagnóstico precoz. Necesitaremos conocer antecedentes médicos, tener un análisis de los signos y síntomas, y una exploración física y neurológica.

Otra de las patologías más recurrentes es la epilepsia, ¿cuáles cree que siguen siendo los retos en el abordaje de esta?

Una correcta anamnesis y una orientación de tratamiento encaminada a disminuir las crisis sería un éxito para conseguir.  Que todas aquellas personas que la pudieran padecer sean detectadas, y no olvidadas.

Si este era el panorama previo a la pandemia, ¿han percibido un aumento de las consultas de algunas patologías del SNC en estos años?

La situación actual vivida con la infección de la COVID-19, SARS-CoV-2, durante estos dos años completos, ha creado un nuevo escenario en la atención a nuestra población. Y en la esfera de la Neurología no ha sido menos. Cefaleas, insomnio y mononeuropatías (definidas por las lumbociatalgias y las cervicobraquialgias) han sido de las patologías que han sufrido de un aumento no despreciable. Sin olvidar el deterioro global y también cognitivo sufrido por la población de mayor edad.

De hecho, ¿son cada vez más frecuentes las consultas relacionadas con las patologías del sueño?

El insomnio es un trastorno frecuente en nuestra sociedad y su prevalencia aumenta con la edad, contribuyendo a incrementar la morbilidad de los pacientes, afectando a su calidad de vida. En la mayoría de ocasiones, se trata de un síntoma de numerosas alteraciones médicas y psiquiátricas, y su tratamiento eficaz depende del conocimiento de esa causa subyacente. Tenemos que abordarlas desde un punto de vista integral y no sólo como un síntoma. Las benzodiacepinas son su tratamiento de elección, aunque cuentan con efectos adversos a largo plazo sobre el deterioro cognitivo, que no debiéramos olvidar los profesionales.

Asimismo, desde SEMES se señalaba que los pacientes que han sufrido ictus en España durante la pandemia han tenido mayores secuelas que en años anteriores, ¿cómo se percibe esto desde Primaria?

El ictus es un trastorno brusco de la circulación sanguínea cerebral que genera una combinación de síntomas físicos y de alteraciones mentales que pueden persistir en el tiempo. Desde Primaria, observamos limitaciones conductuales y de funcionamiento relacionadas con la discapacidad de la persona afectada. En un estudio realizado en España, hasta el 45 por ciento de los pacientes a los tres meses después del ictus presentan discapacidad moderada o severa y, por tanto, una limitación en su capacidad funcional.

Otro cambio que ha llegado con la pandemia es el auge de la telemedicina, ¿ha mejorado también en estos años la comunicación entre especialidades para la derivación o las interconsultas sobre estos pacientes?

Claramente, a pesar de que su implantación es muy heterogénea a lo largo de todo nuestro territorio. Tenemos que potenciar como acto habitual de consulta de dudas que para el bien de resultados en salud que redunda en nuestra población.  No debiéramos perder de vista que nuestro éxito de conjunto, multi e interdisciplinar, aumenta la eficacia, eficiencia y efectividad del sistema. Ahorramos en pruebas diagnósticas, celeridad de visitas orientadas y prevención de futuros eventos. Ahorramos en cuantía económica. Tenemos que cuidar nuestro Sistema Nacional de Salud que es público, universal y gratuito.

¿Cuáles diría que son actualmente los retos de formación del médico de familia en materia del SNC?

Múltiples, complejos y abordables. Nosotros, los especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria, somos especialista de personas. Con una premisa básica. En un todo, atención integral bio-psico-social. No sólo sabemos de una parte de la Medicina, sabemos de toda ella. Con una formación en signos de alarma que hace que seamos capaces de ser más que eficientes a la hora de atender a nuestra población. No me considero un minineurólogo, soy un médico de familia, por ello, como mis compañeras de grupo de trabajo de la semFYC, intentamos ayudar a todos los nuestros a saber desgranar a las personas con manifestaciones neurológicas y dar el máximo de formación para una excelente atención.