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El Dr. Celso Arango, director del Instituto de Salud Mental y Psiquiatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, ha sido nombrado recientemente presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), en sustitución del Dr. Julio Bobes. En las puertas de unas Elecciones Generales, el nuevo presidente ha pedido al futuro Gobierno que dé luz verde a la especialidad de Psiquiatría Infantil y Adolescencia, que todavía no ha sido aprobada “por desidia”.

¿Qué le pediría a los políticos y gestores sanitarios españoles para mejorar la atención a los pacientes con trastornos mentales?

Al Ministerio de Sanidad le pido que sea capaz de gestionar lo que no está siendo capaz de gestionar, y me refiero a que llevamos cinco años con la especialidad de Psiquiatría Infantil y Adolescencia paralizada, exclusivamente por desidia, por no hacer las cosas que tiene que hacer. Todo el trabajo está terminado, y simplemente falta remitir el borrador del Real Decreto al Consejo de Estado que ya recibió todas las aprobaciones que tenía que recibir. La falta de esta especialidad sigue poniéndonos, junto con Bulgaria y Albania, como únicos países de Europa que no tienen Psiquiatría Infantil y Adolescencia.

¿Por qué no se ha aprobado todavía?

Porque el ministerio siempre tiene algo más importante que hacer y es incapaz de sacarlo adelante, después de cinco años. Otro motivo puede ser que realmente los trastornos psiquiátricos y la salud mental tienen una menor visibilidad que otras patologías, como las cardiovasculares o las oncológicas, pero al fin y al cabo una de cada cuatro personas en España a lo largo de su vida va a tener algún tipo de trastorno mental, como ansiedad, insomnio, un trastorno de conducta alimentaria, depresión, trastorno obsesivo compulsivo, anorexia y muchísimas otras patologías que aparecen en las clasificaciones de salud mental.

¿Qué consecuencias tienen los trastornos mentales en los niños y adolescentes?

Los trastornos mentales afectan a un gran número de personas y, además, producen un elevado nivel de discapacidad. Entre los 10 y los 30 años las patologías mentales producen mayor discapacidad que el resto de las enfermedades juntas. En muchas ocasiones son patologías crónicas y aparecen pronto, por lo que es necesario realizar inversión en prevención en edades tempranas de la vida. Los políticos deberían tenerlo en cuenta y realizar políticas preventivas como ya se están llevando a cabo internacionalmente.

¿En España, cómo es y cómo debería ser la transición de los sistemas de atención sanitaria psíquica de la infancia a la edad adulta?

No hay ningún protocolo establecido de derivación, por lo que la transición se hace en cada centro de una forma diferente. No hay profesionales dedicados a que haya una buena transición, que no es solo un acto administrativo por el que el paciente pasa de un sistema a otro, sino que debe ser un proceso programado en el que hay que involucrar a las familias. En definitiva, debe haber un responsable de destino que se hace cargo del paciente y que le conoce antes de que esto suceda, y debe seguir una protocolización, como ocurre en países como el Reino Unido. En España, al no haber especialidad, es muy difícil que haya esa sistematización entre los dos niveles asistenciales.

¿El paciente en edad infanto-juvenil necesita una atención especializada?

Claro que sí. Durante sus primeros años de vida el paciente acumula muchísima información. La transición es todavía más conflictiva con determinadas poblaciones que son de mayor vulnerabilidad, como, por ejemplo, los niños tutelados. Cuando cumplen la mayoría de edad, de repente, se les quitan todas las redes que tenían. Estaban en un centro protegido, desaparece el centro; tenían un educador, desaparece el educador. También desaparece el sistema sanitario y, de repente, se quedan sin red y muchas veces abocados al abismo.

¿Qué población corre más peligro?

Dentro de la dificultad de la transición hay unas poblaciones, los tutelados, las personas con trastorno del espectro autista y los hijos de personas con trastornos graves que están en una situación de especial vulnerabilidad. Por ejemplo, es problemática la situación de niños que son hijos de personas con trastornos mentales graves, que muchas veces tienen serias dificultades para seguir el tratamiento. Cuando estos jóvenes cumplen la mayoría de edad, muchas veces desaparece el programa infanto-juvenil y en su lugar no aparece nada.

Asimismo, las personas con autismo tienen enormes dificultades para la transición, porque les afectan mucho todos los cambios, los viven de una forma muy complicada. Necesitan que se prepare bien el cambio de una forma específica para ellos o tienden a abandonar esa atención que reciben.

¿Es difícil diagnosticar por primera vez un episodio psicótico?

Hablamos siempre de la falta de prevención, y lo fundamental sería centrarse en medidas preventivas factibles, que puedan llevarse a cabo. Conocemos que uno de los factores que mejor indica el pronóstico de un primer episodio psicótico, de tener un curso bueno o no tan bueno, es el tiempo de exposición sin tratar, o sea, cuánto tiempo pasa esta persona con síntomas psicóticos antes de recibir tratamiento. Cuanto mayor sea ese tiempo, peor será el pronóstico.

¿Qué cifras se barajan en España?

En nuestro país son muchos meses. Los últimos estudios que ha habido de primeros episodios psicóticos apuntan a 6-8 meses de media, eso quiere decir que hay alguien que al día siguiente recibe tratamiento y otros que tardan más de un año. En general, se tardan muchos meses antes de recibir tratamiento, cuando sabemos que ese tiempo es fundamental.

Una vez diagnosticada la patología, ¿cómo es su abordaje?

Acabamos de publicar el Libro Blanco de la Intervención Temprana de la Psicosis en España, y solo un 32 por ciento de la población española en el caso de tener un primer episodio psicótico va a ser tratada en una unidad integral de tratamiento intensivo para primeros episodios psicóticos. Solo hay dos comunidades autónomas, Navarra y Cataluña, donde el cien por cien de su población está cubierta, es decir, cualquier persona que tenga un primer episodio psicótico en estas comunidades va a ser atendida por un equipo multidisciplinar específico de primeros episodios psicóticos.

¿Qué aportan estas unidades?

Han demostrado que mejoran el pronóstico, porque las personas que reciben tratamiento en estas unidades tienen menos riesgo de recaídas, más posibilidades de acabar trabajando, menos riesgo de suicidio. Además, estas unidades son coste-eficientes para el sistema público de salud, porque de cada euro que se invierte en estas unidades se recuperan, aproximadamente, 18.

¿Qué novedades se han producido en los últimos años en relación con la psicosis o la esquizofrenia?

Ha habido descubrimientos importantes en relación con los factores de riesgo. Ahora conocemos muchos factores de riesgo genéticos, sabemos que no hay uno, ni dos, ni tres, sino varios cientos de genes que aumentan de una forma significativa, aunque poco importante, el riesgo de psicosis. Lo importante es la agregación de esos factores de riesgo genético, que hacen que determinadas personas estén mas o menos cerca de pasar ese umbral de la psicosis y tener síntomas como delirios y alucinaciones cuando hay una interacción con factores ambientales y genéticos.

¿Qué factores ambientales destacaría?

Dentro de esos factores ambientales, uno que se ha estudiado más recientemente y que explica un porcentaje importante de los casos de psicosis en nuestro país es el cannabis. Hemos publicado recientemente un artículo donde vemos que la incidencia de psicosis es siete veces mayor, por ejemplo, en Ámsterdam o en el sur de Londres que en ciudades como Santiago de Compostela o Cuenca, y en parte eso es atribuible no solo a la cantidad de cannabis que se consume, sino también a la potencia del producto, que también es un factor importante.

¿Qué otros factores de riesgo se están investigando?

Otros factores de riesgo son el acoso escolar, el abuso infantil o factores que tienen que ver con los buenos cuidados durante el embarazo o durante el parto. Se ha avanzado mucho en conocer los factores de riesgo que hacen que el cerebro no se desarrolle de forma normal. También investigamos ese trastorno del desarrollo en un momento dado de la vida, que suele ser en la adolescencia o en la etapa adulta temprana, que acaba generando síntomas por los que se diagnostica esquizofrenia.

¿Y cómo valora el tratamiento actual de estos pacientes? ¿Hacia dónde van encaminadas las investigaciones en el ámbito de la psicosis/esquizofrenia?

Ha habido avances fundamentalmente para reducir los efectos secundarios de los fármacos y en la forma de administración. No ha habido tantos avances en lo que son nuevos mecanismos de acción para el tratamiento de la psicosis o la esquizofrenia, pero sí disponemos de fármacos con menos efectos secundarios, con efectos secundarios distintos y fármacos que tienen diferente forma de administración. Por ejemplo, podemos hacer el tratamiento farmacológico de la esquizofrenia con cuatro inyecciones al año, una cada tres meses, algo que no era posible hace unos años.

Ante el envejecimiento de la población, ¿qué peligros acechan la salud mental de los mayores?

El envejecimiento de la población hace que aumenten patologías que antes tenían una menor prevalencia, porque la gente fallecía por otros motivos, como, por ejemplo, de cáncer. En la actualidad y desde hace varias décadas hay una mayor aparición de trastornos neurodegenerativos, como las demencias o el alzhéimer. Como tampoco tenemos tratamientos etiológicos, curativos, que cambien el curso de la demencia per se, muchos de los tratamientos que administramos a estos pacientes son sintomáticos y están relacionados con comorbilidades como la irritabilidad, la agresión, la psicosis, la depresión, etc. A las consultas de Psiquiatría llegan fundamentalmente muchos de estos pacientes con todos estos síntomas.