Investigadores del Centro Nacional de Microbiología (CNM) del ISCIII han dado un primer paso para el uso de células T específicas de SARS-CoV-2 como posible terapia para el tratamiento contra la COVID-19. En concreto, han utilizado muestras de sangre de personas convalecientes que ya han pasado la COVID-19. Se han aislado y enriquecido células T del sistema inmunitario capaces de neutralizar in vitro el SARS-CoV-2.

El estudio forma parte de una colaboración entre el CNM y el Hospital 12 de Octubre de Madrid y ya está publicado en la revista Biomedicines. Así, ha sido liderado por las investigadoras Pilar Pérez Romero, del ISCIII, y María Liz Paciello, del citado hospital, con Estéfani García Ríos y Alejandra Leivas como primeras autoras.

En concreto, el mismo sugiere que la población de linfocitos de pacientes convalecientes contiene células T específicas para el SARS-CoV-2. Estas pueden purificarse, enriquecerse y utilizarse como terapia. Todo ello gracias a una tecnología perfeccionada para la obtención de células aisladas de la sangre de pacientes ya recuperados de la COVID-19.

Células T como terapia contra el SARS-CoV-2

Concretamente, las muestras obtenidas se estimulan con péptidos específicos del SARS-CoV-2 frente a la proteína M (proteína de la membrana del virus). Después se tratan en un proceso de aislamiento automatizado de células T. Las investigadoras explican que la estimulación con péptidos de la proteína M fue mayor que la obtenida con péptidos de la proteína S. El resultado permite obtener células inmunitarias que han demostrado efectividad para eliminar células que imitan la infección por el virus in vitro.

Además, la investigación ha trabajado con muestras de los pacientes convalecientes de COVID-19 obtenidas antes y después de la vacunación contra la COVID-19. Las investigadoras han comprobado que el número de las células obtenidas es mayor en los donantes vacunados. Por tanto, las personas convalecientes de COVID-19 vacunadas son donantes ideales para obtener estas poblaciones de células con capacidad citotóxica.

Las autoras señalan que estos hallazgos podrían tener aplicaciones en el estudio de otras patologías infecciosas producidas por otros virus como el del sarampión, la hepatitis C, el VIH, Epstein Bar, JC y BK.