Un equipo de investigación de la Universidad de Basilea, en Suiza, ha descubierto células inmunitarias residentes en los pulmones que persisten mucho después de un ataque de gripe, según publican en la revista ‘Science Immunology’.

Los experimentos con modelos han demostrado que estas células auxiliares mejoran la respuesta inmunitaria a la reinfección por una cepa diferente del virus de la gripe. El descubrimiento podría generar enfoques para el desarrollo de vacunas más duraderas contra virus de rápida mutación.

Al comienzo de la pandemia de coronavirus, algunos ya comenzaron a plantear la cuestión de cuánto tiempo dura la inmunidad después de pasar el SARS-CoV-2. Ahora ha surgido la misma pregunta con respecto a la vacuna COVID-19. La memoria inmunológica desempeña un papel clave: una interacción compleja de células inmunes, anticuerpos y sustancias de señalización que permite al cuerpo luchar contra patógenos conocidos de manera muy eficiente.

Investigadores dirigidos por la profesora Carolyn King, del Departamento de Biomedicina de la Universidad de Basilea, han identificado un grupo diverso de células inmunes en los pulmones que son clave para la defensa contra la reinfección por virus de la gripe. Lo mismo podría ocurrir con la reinfección por otros patógenos que causan enfermedades respiratorias.

En experimentos con modelos, los investigadores caracterizaron un grupo de células T de memoria en el tejido pulmonar que permanecen durante mucho tiempo después de un ataque de gripe.

“Se sabe relativamente poco acerca de las células T de memoria que permanecen en el tejido –explica Nivedya Swarnalekha, coautora principal del estudio–. Los estudios anteriores se han centrado en las células de memoria en la sangre y el tejido linfático pero tiene sentido que el cuerpo mantenga un depósito de estas células en los tejidos afectados por la infección, donde los mismos patógenos o similares podrían invadir nuevamente”.

En su estudio, los investigadores describen dos tipos de células T auxiliares en los pulmones. Un tipo libera sustancias de señalización en caso de reinfección para equipar a otras células inmunitarias con “armas” más letales en la lucha contra el patógeno. El otro tipo, previamente caracterizado principalmente en tejido linfático y se cree que está ausente en el tejido pulmonar, ayuda a las células inmunitarias productoras de anticuerpos (células B) y se localiza estrechamente con ellas en el pulmón.

Los investigadores pudieron demostrar que la presencia de estas células en la proximidad directa de las células B productoras de anticuerpos condujo a una respuesta inmune más eficiente contra un virus de la gripe diferente.

“Estas células T auxiliares podrían ser un punto de partida interesante para vacunas contra la gripe de mayor duración”, dice David Schreiner, el otro coautor del estudio, que agrega que podría ser posible, por ejemplo, complementar las vacunas con agentes que promueven la formación de estas células T auxiliares que migran al tejido. Con ese fin, se necesitan más investigaciones y desarrollo, reconocen.