Apenas hace unos días que nació su bebé y ya ha encontrado un amigo inseparable que está siempre dispuesto a consolarle. El acto de chupar, ya sea el chupete o uno de sus dedos, normalmente el pulgar, le tranquiliza en determinados momentos. Éste es un gesto completamente normal. Todos y cada uno de nosotros hemos tenido de niños la necesidad de succionar, un reflejo tan natural que, de hecho, comienza en el propio vientre materno. No intente evitarlo ahora; el niño se encuentra seguro y feliz con su amigo cerca y tardará tiempo en decidir seguir su camino sin él.

¿Cuál es el mejor chupete?

Sobre qué es preferible, el chupete o el dedo, los especialistas se decantan por el chupete. Es más blandito, ejerce menos presión sobre los dientes y es mucho más fácil controlar su uso y eliminar el hábito cuando llegue el momento de hacerlo. Pero aún siendo mejor, hay que buscar la mesura para que el niño no esté atado a esta ‘inseparable compañía’ más horas de las que son necesarias. Es conveniente quitárselo cuando se quede dormido, ya que si está toda la noche con él sumará demasiadas horas y se despertará cada vez que se le caiga de la boca.

A la hora de comprar un chupete se ha de comprobar que éste cumpla las normas establecidas por AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación). Un chupete seguro es aquél que está hecho de material plástico resistente, tiene los bordes redondeados y una anilla o tirador que permite sacarlo de la boca. La tetina no debe medir más de 3,3 centímetros y la base del chupete debe ser lo suficientemente grande como para que el niño no pueda meterlo completamente en la boca, evitando así el riesgo de asfixia. Debemos asegurarnos, además, de que el tamaño de chupete es adecuado para la edad del bebé.

El bebé elige

A partir de estas premisas básicas será el propio bebé el que elija el chupete con el que se encuentra más cómodo. Las opciones son muchas pero la verdad es que no se puede decir a ciencia cierta que una sea mejor que otra. Los hay, por ejemplo, que tienen la tetina anatómica, es decir, que imita la forma del pezón de la madre, se adapta perfectamente a la boca del bebé y favorece el desarrollo correcto del paladar, y otros que tienen la tetina fisiológica y ejercen una mínima presión sobre el paladar. La tetina además puede ser larga o corta, con el extremo redondeado o aplanado.

El material también puede variar entre varias opciones, principalmente caucho, látex o silicona. El caucho es natural, blando y elástico y con él se fabrican los chupetes más parecidos al pecho materno. La silicona, en cambio, es sintética y más rígida. Los chupetes hechos a partir de ella se rompen más fácilmente al morderlos que los de caucho, por lo que no son recomendables en el momento en el que aparezcan los primeros dientes. El látex también es un material natural, pues se extrae de la corteza de algunos árboles; sus chupetes son especialmente blanditos y como no ejercen presión sobre la cara del bebé son adecuados para acompañarle mientras duerme. El problema es que con el tiempo la tetina se deforma y absorbe olores, además no debe seguir usándose si la tetina está pegajosa.

Cuidados y mantenimiento

Antes de usarlo por primera vez hay que sumergir el chupete en agua hervida durante cinco minutos para librarlo de posibles gérmenes. Además ha de lavarse frecuentemente con agua y jabón suave, aunque es inevitable, desde luego, que el chupete esté más en el suelo que en la boca del bebé, por lo que cada cierto tiempo habrá que volver a esterilizarlo, sobre todo en los primeros meses de vida del pequeño. Nunca se han de utilizar sustancias agresivas que pudieran dañarlo como detergentes, disolventes o productos similares ni dejarlo cerca de una fuente de calor o exponerlo a luz solar directa, pues esto puede dañar la tetina.

Cada día, antes de que el niño se lo lleve a la boca y especialmente cuando ya le hayan salido los primeros dientes, se ha de revisar que no esté rasgado, tenga grietas o le falte algún trocito. En estos casos, hay que deshacerse de él y reemplazarlo por otro. Además, cada cierto tiempo es conveniente renovar el chupete, aún cuando no tenga desperfectos. Recuerde que, por motivos de seguridad e higiene, el chupete debe renovarse cada mes.

Los gérmenes están en todas partes, por lo que si se cae, debe ser desinfectado antes de volver a ofrecérselo al niño. Además se ha evitar que lo chupe otro niño o que ande suelto en el bolso o en un bolsillo. Para proteger los chupetes son muy prácticos los estuches especialmente diseñados para ello.

El adiós definitivo

Seguramente que uno de las grandes preguntas que ronden en su cabeza es hasta cuándo ha de permitir que su hijo siga unido a su chupete. Los especialistas lo tienen claro: como mucho hasta los tres años, aunque antes ya se tiene que haber conseguido ganar algunas pequeñas batallas. Cuando empiezan a gatear y a dar sus pequeños pasos descubren un nuevo mundo donde moverse y trastear a su antojo. Están tan entretenidos en explorar los mil y un secretos de su nueva realidad que puede que no se den cuenta de que su ‘amigo’ ya no pasa tanto tiempo con ellos. Llegará un momento, a los dos años de edad, en los que sólo lo usen en contadas ocasiones, como al ir a dormir. Hasta aquí todo ha ido pasito a pasito y quizás no haya habido demasiados problemas. Seguro que lo que más le costará al pequeño será decir el adiós definitivo al chupete. La verdad es que no se sabe si la despedida será menos traumática si se hace poco a poco o de repente; a usted como padre le toca ‘adivinar’ qué es lo mejor para su pequeño, pero sí podemos darle algunos consejos.

Escoja un momento en el que su hijo se sienta tranquilo y hágale partícipe: déjele elegir lo que quiere hacer con su chupete. Puede ser que quiera tirarlo directamente a la basura, dárselo a los Reyes Magos o dejarlo debajo de la almohada para que se lo lleve el Ratoncito Pérez. Lo que está dispuesto a hacer es todo un logro que le llenará de orgullo.

No se deje dominar por las prisas, cada niño tiene su propio ritmo y lo que uno logra en apenas unas semanas a otro le cuesta mucho más tiempo. Con su consuelo y cariño ha de procurar que vaya necesitándolo cada vez menos. Esto es especialmente importante cuando los niños son mayores y aún no han logrado dejar el chupete a un lado.

Pros y contras

Investigaciones hay muchas pero conclusiones significativas muy pocas. De momento, lo único que se puede decir es que todo apunta a que el chupete podría proteger al bebé frente al Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL), una de las principales causas de fallecimiento de bebés.

En el lado opuesto nos encontramos con la lactancia materna. Aunque hay voces mucho más alarmistas, lo más sensato se presenta en forma de la siguiente conclusión: si se da el chupete al bebé las dos o tres primeras semanas de vida en las que se está instaurando la lactancia, el bebé satisface su reflejo innato de succión con el uso del chupete y se puede desmotivar para tomar el pecho. Pero si se respetan estas tres semanas y se da el chupete al niño una vez instaurada la lactancia no parece que se le pueda responsabilizar a éste de abandonos precoces o de una menor duración de la lactancia materna.

Otra de las cuestiones que plantea el chupete es si su uso acarrea o no malformaciones en los dientes. Si el chupete siempre ha sido el adecuado la respuesta parece ser negativa aunque condicionada a determinadas situaciones, pues si el pequeño no lo suelta en todo el día, puede ocurrir que los dientes de arriba se desplacen un poco hacia fuera y, si normalmente siempre lleva el chupete en el mismo lado de la boca, quizás los dientes de ese lado no crezcan correctamente. Pero cuando dejan el chupete los dientes de leche vuelven a la posición que deberían haber tenido desde un principio.

El verdadero problema está en aquellos niños que tienen más de cinco años y no han logrado despedirse del chupete. Son ellos los que pueden acabar sufriendo algunos problemas dentales, por ejemplo, lo que se conoce como “mordida abierta” (al cerrar la boca queda una separación entre los dientes superiores e inferiores) o “cruzada” (los dientes centrales de abajo se desvían hacia dentro mientras que sus homólogos de arriba se separan y se van hacia fuera). También puede ocasionar deformación del paladar.

FUENTES: Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, Sociedad de Pediatría de Atención Primaria de Extremadura, Colegio de Farmacéuticos de Barcelona y Suavinex.