El Ministerio de Ciencia y Tecnología cerrará en el plazo de siete días la crisis abierta por las dimisiones del presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Rolf Tarrach, y del director general de Investigación, Fernando Valdivieso. Ayer, el Consejo de Ministros dio un primer paso para zanjar la "fuga" de altos cargos con el nombramiento como directora general de Investigación de Matilde Sánchez-Ayuso, hasta ahora subdirectora general de organismos y programas internacionales del Ministerio de Ciencia. Y si no surgen imprevistos, todo está atado en el Departamento dirigido por Josep Piqué para acometer, el próximo viernes, el relevo de Rolf Tarrach por Emilio Lora Tamayo, vicepresidente del CSIC y responsable principal de la Comité Científico Asesor para el "Prestige", que ayer presentó su informe final con dos propuestas técnicas para neutralizar el fuel existente en el pecio, según recoge el diario ABC en su edición del sábado, 15 de febrero.

Lora Tamayo ha sido el principal candidato del Ministerio desde que transcendió la decisión de Rolf Tarrach de abandonar la presidencia del mayor organismo público de investigación española. La crónica de este abandono anunciado estuvo precedida por una serie de cartas remitidas al Ministerio, donde el físico catalán expresaba su deseo de ser sustituido si no se solucionaban problemas que aquejan al CSIC, como la diferencia salarial de los investigadores de este organismo con los de algunas Universidades o la escasa autonomía de gestión. Tarrach había manifestado desde hace muchos meses su deseo de dejar el CSIC, puesto para el que fue nombrado por la ex ministra de Ciencia y Tecnología, Anna Birulés.

Pérdida de peso institucional

Desde que se produjo ese nombramiento, la figura de la presidencia del CSIC había ido perdiendo peso institucional, ya que fue excluída del Consejo de Universidades e incluso de la presidencia del Consejo Rector del CSIC, responsabilidades que se adjudicó el ex secretario de Estado de Política Científica, Ramón Marimón. Al margen de las decisiones adoptadas desde Ciencia y Tecnología durante la polémica etapa de Anna Birulés y Ramón Marimón, la gestión atribuible directamente a Rolf Tarrach fue negativamente calificada por el personal científico, que denunció un progresivo deterioro de esta institución en la que trabajan más de dos mil investigadores. Tarrach recibió los mayores elogios de los jóvenes investigadores en precario, que resaltaron su actitud dialogante.

Con los nuevos nombramientos, el Ministerio de Ciencia apuesta por la experiencia en la gestión administrativa, el principal "talón de Aquiles" denunciado por la comunidad científica durante el periodo de Birulés. Emilio Lora Tamayo es vicepresidente del CSIC, cargo que ya desempeñaba durante el mandato del anterior presidente de esta institución, César Nombela. Sánchez Ayuso también tiene amplia experiencia en gestión, ya que ha sido subdirectora general de Relaciones Internacionales del CSIC, secretaria de la Sociedad Española de Bioquímica y directora del Instituto Gregorio Marañón, del Centro de Investigaciones Biológicas.

La designación de Sánchez Ayuso se ha producido con celeridad, sólo siete días después de la renuncia presentada por el anterior director general de investigación, el profesor Fernando Valdivieso. catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid. La salida de este brillante investigador especializado en la enfermedad de Alzheimer resultó tan sorprendente como su nombramiento por el equipo del ministro Josep Piqué, ya que su perfil profesional dista del habitual para un puesto donde el conocimiento de los entresijos de la Administración general del Estado resulta fundamental para agilizar todos los procesos burocráticos del sistema español de ciencia y tecnología.

Borrón en la gestión

Su marcha se produce pocas semanas después que se escucharan protestas en la comunidad científica por el retraso en los contratos del programa Ramón y Cajal para investigadores. Estas críticas fueron asumidas por el Ministerio, pero causaron malestar en su cúpula al entender que emborronaban los progresos acometidos en la gestión de ese Departamento. Y como prueba de esa mejoría, que tantas críticas suscitó durante la anterior etapa, se esgrime el cumplimiento en el gasto presupuestario, que superó el 90 por ciento en 2002.