Un equipo de investigadores de la División de Genética Médica de los Hospitales Universitarios y la Universidad de Ginebra han identificado, en sólo dos meses de trabajo, hasta 139 genes humanos totalmente desconocidos hasta ahora, según recoge el diario EL MUNDO.

El trabajo, del que se da cuenta en el último número de la publicación científica "Proceedings of the National Academy of Sciences", ha podido realizarse con la colaboración de bio-informáticos de la Universidad de Washington en Saint Louis (Misuri, EEUU) y del Instituto de Genómica de Barcelona.

El ritmo acelerado de esos descubrimientos ha sido posible gracias al descifrado completo del genoma del ratón, informa hoy el diario ginebrino "Le Temps", según el cual los científicos han podido compararle al del ser humano y han descubierto rápidamente las secuencias comunes a las dos especies.

Si esos segmentos han permanecido casi inalterados desde hace millones de años, en el momento en que se diferenciaron las dos especies, es probablemente porque están activos: la mínima mutación los habría vuelto inoperantes, creen los científicos.

Ello resulta tanto más sorprendente por cuanto el ADN inutilizado, o que se considera como tal, no sometido a la presión evolutiva, ha acumulado, por el contrario, alteraciones a lo largo de los milenios hasta el punto de resultar irreconocible.

En resumen, señalan los científicos, un segmento de ADN (ácido desoxirribonucleico) que tiene su equivalente en el ratón, es con gran probabilidad funcional, y si además ese fragmento está dotado de características típicas de un gen – por ejemplo, códigos que marcan el comienzo y el fin de la lectura-, es muy probable que sea tal.

Al comparar informáticamente el genoma de los ratones con los de los humanos, los bio-informáticos de San Luis y de Barcelona han logrado identificar 7212 fragmentos que responden a esos criterios y que al mismo tiempo no corresponden a genes conocidos.

Lo más difícil era, sin embargo, comprobar que cada uno de esos candidatos a gen fabricaba proteínas, lo que permite asegurar que se trata efectivamente de un gen, y ésa es la tarea emprendida por el equipo de investigadores de Ginebra bajo la dirección de Stylianos Antonarakis, que está al frente de la división de genética médica.

Por primera vez, los científicos de Ginebra, Saint-Louis y Barcelona han logrado poner a punto un procedimiento sistemático que va desde la predicción mediante la bioinformática hasta la verificación en el laboratorio.

La actividad de los genes se ha verificado de forma tradicional, buscando en diferentes tejidos de ratones moléculas de ARN mensajeras correspondientes a cada fragmento de ADN estudiado, signo de que este último es utilizado por las células para fabricar proteínas.

Los científicos ginebrinos han racionalizado al máximo ese proceso hasta el punto de convertir el análisis en semiindustrial, y así en dos meses analizaron 315 genes potenciales de entre los 7.212 fragmentos identificados por los bio-informáticos.

De ellos un total de 139 demostraron ser genes activos desconocidos, y ese resultado permitirá ahora a los bio-informáticos precisar más sus predicciones, con lo que de aquí a un año, los investigadores ginebrinos confían en haber analizado el conjunto de los fragmentos.