Madrid (14- 10 -10).- Un equipo internacional formado por más de 400 científicos de 280 instituciones investigadoras de todo el mundo ha identificado 30 nuevas variantes genéticas relacionadas con la obesidad y la distribución de la grasa en el cuerpo humano, algo que podría ayudar a entender la forma de pera y o de manzana dependiendo donde se acumule esa grasa

Estudios anteriores han demostrado ya una relación entre el lugar en el que se almacena la grasa y la salud, más grasa alrededor de la cintura, forma de manzana, se asocia a un mayor riesgo de diabetes tipo 2, y acumular grasa por debajo de la zona abdominal, forma de pera, protegería contra diabetes e hipertensión

En el primero de los dos estudios, publicados en la revista Nature Genetics, los investigadores identificaron 13 nuevas regiones genéticas en las que las variaciones en la secuencia del ADN pueden estar relacionadas con si una persona tiene rasgos corporales de pera o de manzana. La mayoría de esas variaciones tienen un efecto “marcadamente más fuerte” en las mujeres que en los varones, indica el equipo.

Dado que los esfuerzos por combatir la obesidad a través de cambios en el estilo de vida o de distintas opciones terapéuticas han demostrado ser muy desafiantes, la posibilidad de alterar los patrones de distribución de la grasa brindaría una alternativa para futuros tratamientos farmacológicos, explica la investigadora participante en el proyecto Cecilia Lindgren, de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Por su parte, el segundo estudio buscó genes relacionados directamente con el índice de masa corporal (IMC), un IMC de 25 a 30 indica sobrepeso y de 30 ó más es indicador de obesidad.

Al analizar a más de 250.000 personas que participaron en un estudio de asociación genómica amplia, que incluyó el escaneo de los mapas genéticos en busca de indicios en el ADN, los expertos hallaron 18 nuevas regiones genéticas asociadas con el IMC.

De este modo, los científicos comprobaron que algunos de los nuevos hallazgos sugieren una participación activa de los genes en las zonas cerebrales que influyen en el apetito, mientras otros indican que los genes están involucrados en el control de la insulina y las funciones metabólicas.

Los responsables de este estudio afirman que sus hallazgos arrojan algo más de luz sobre los procesos biológicos que pueden causar la obesidad y añaden que, en el futuro, podrían ayudar a desarrollar nuevas formas de tratar o prevenir esta enfermedad.

No obstante, los expertos han querido subrayar que, si bien los genes juegan un papel “crucial” en el desarrollo de la obesidad y en los problemas de peso, “sólo representan una parte” de los motivos por los cuales una persona es obesa, dado que los principales factores son la mala alimentación y la falta de ejercicio.

No se debe olvidar que, mientras que la contribución genética a la obesidad es sustancial, una gran parte de la susceptibilidad a la obesidad sigue debiéndose a nuestro estilo de vida”, destacan los autores.