“Las pantallas forman parte de nuestra vida, y han venido para quedarse”. Pero eso no significa un uso incondicional de las tecnologías de la información y comunicación (TIC), algo que no es bueno para nadie y mucho menos para los niños. “Es fundamental que uno pueda aburrirse, solo así se estimula la creatividad. Hay que enseñar a los niños a ‘desconectarse’ de las pantallas, ayudarles a disfrutar con otras actividades, que seguro que lo harán si se les da la oportunidad”.

Quien hace esta reflexión es la doctora Lefa S. Eddy, pediatra especializada en psiquiatría infantojuvenil y secretaria de la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la Asociación Española de Pediatría (AEP), quien incide en la necesidad de establecer reglas. Y la primera de ellas debería ser que los menores de 18 meses no entren en contacto con las pantallas. “No debe haber consumo, solo video chats como, por ejemplo, con familiares que no están presentes y así no perder el contacto”; y es que a esa edad “hay que favorecer el buen neurodesarrollo del niño, siendo importante el juego social que favorece el desarrollo del lenguaje, de la cognición y de las habilidades sociales”.

Pese a ello, lo cierto es que, en general, los niños pasan demasiado delante de las pantallas. “Lo importante es tener en cuenta el uso que se haga de las mismas, no solo el tiempo”, así que hay que incidir en la “obligación de padres y educadores de formar a los hijos/alumnos en el buen uso”. “Forman parte de nuestra vida”, señala, como demuestra que la mayoría de los estudios indican que más del 90 por ciento de los menores se conectan a diario, aunque “solo alrededor del 13 por ciento presenta un uso problemático”.

Del exceso a la adicción

¿Cuál es el tiempo límite sin riesgos? La doctora Lefa S. Eddy afirma que los estudios apuntan a las dos horas diarias, porque con entre dos y cuatro horas diarias “ya se habla de conducta disfuncional y con riesgo de desarrollar una conducta adictiva”. A partir de las cinco horas diarias “se considera que el adolescente tiene riesgo de conducta adictiva a internet”, aunque “para hablar de una conducta adictiva tiene que presentar la sintomatología típica de la adicción, o sea, problemas físicos, irritabilidad si no se puede conectar, pérdida de control, abandono de obligaciones, disminución en el rendimiento académico, tolerancia y cada vez mayor necesidad de conectarse”.

Todo, además, hay que ir adaptándolo en función de la edad. “De la misma forma que no se recomienda ver la televisión por debajo de los 18-24 meses de edad, cualquier otro tipo de pantalla, tampoco”. Lo cierto es que a la hora de la verdad “la realidad puede ser otra”, por lo que insiste en que solo se usen “en situaciones especiales como en una sala de espera o en un transporte público o privado de largo recorrido para evitar situaciones conflictivas”.

La sombra del ciberacoso

Más adelante, ya en edad escolar, hay que vigilar el riesgo de que pueda sufrir ciberacoso. “Si el acoso escolar ya puede marcar de forma negativa el desarrollo emocional del niño, el ciberacoso aún más ya que dura 24 horas al día los 365 días del año”. Y “aún más preocupante” es el grooming, “otra forma de acoso a través de las tecnologías, pero no entre iguales, sino que el acosador es un adulto y la víctima un menor, y habrá una intención sexual explícita o implícita”.

En cuanto al adolescente, además del ciberacoso y el grooming, “está el riesgo de desarrollar un cuadro adictivo que puede llegar a requerir ingreso hospitalario para efectuar la deshabituación”. Y si además tiene acceso a dinero, “puede desarrollar un problema de ludopatía o de compras compulsivas”.

Cuando el ciberacoso ha sido perpetrado durante largo tiempo y se ha iniciado de forma temprana “irá dejando mayor mella, pudiendo interferir en el desarrollo emocional y cognitivo de la víctima, y pudiendo llegar a alterar el desarrollo de su personalidad”. “El hostigamiento continuo genera una situación de hiperalerta y desconfianza. Pueden aparecer sentimientos de culpa y autorreproche, llevando a una sensación de inferioridad y baja autoestima”, apostilla.

Saber poner límites

“Los padres tienen que saber poner límites en muchas situaciones de la vida diaria de su hijo, y las pantallas es una más de esas situaciones”, subraya la doctora Lefa S. Eddy, lo que no es fácil, porque “la mayoría de los padres ceden ante las exigencias o peticiones de sus hijos de utilizar el móvil, como con tantas otras cosas”. Además de los límites, “es imprescindible el acompañamiento, que irá disminuyendo según crezca el niño”, a lo que hay que unir que desde pequeños “conviene enseñarles a gestionar de forma responsable sus huellas digitales”. Y todo ello, “dentro de un clima de confianza, para que acudan a los padres si algo preocupante les ocurriera en internet o en las redes sociales”.

Una de las reglas básicas a establecer es que “jamás deben usar pantallas (móvil o televisión) mientras se está comiendo en familia”, aunque aquí “es fundamental el ejemplo de los padres, el buen o mal uso que hagan ellos del móvil influirá enormemente en el uso que haga el hijo. En cuanto a la hora límite, “como mínimo debe de haber media hora de desconexión antes de ir a dormir, necesario para la correcta liberación natural de melatonina”.

Problemas psicológicos

¿Y las pantallas también pueden generar problemas psicológicos? “Sí, básicamente sintomatología psicosomática, baja autoestima, alteraciones en el sueño, ansiedad sin causa aparente, sintomatología depresiva, sintomatología de trastorno de conducta alimentaria…”. A todo lo anterior, la doctora Lefa S. Eddy añade “cambios importantes en los hábitos diarios o en el comportamiento, como pueden ser dificultades en la integración escolar con ausencias escolares frecuentes, disminución en el rendimiento académico, cambios en las amistades y miedo a salir de casa con aumento en la dependencia de los adultos a una edad en la que precisamente lo más habitual es desear conquistar mayor independencia”, una situación que puede darse sobre todo cuando están sufriendo ciberacoso o grooming.

A su juicio, los pediatras españoles “se han ido formando para poder dar los adecuados consejos a los padres durante las visitas de control del niño sano”, una formación que es básica para desmontar tópicos. “En absoluto es necesario familiarizarse pronto con las TIC” como algunas veces se esgrime, porque los niños “son muy intuitivos y enseguida aprenden”. Las pantallas tampoco mejoran la capacidad de concentración, “precisamente la pueden empeorar”, y aunque es posible que potencien cierta destreza motriz fina, “los niños en general no precisan de ello”. “Para el buen desarrollo cognitivo y emocional de los niños, que es lo que nos tiene que preocupar, lo que necesitan es poder disfrutar del juego presencial entre iguales y del juego simbólico o imaginativo”, concluye.