La autocensura ha llegado a la ciencia. Presionados por la Administración Bush, los editores de las principales revistas biomédicas del mundo y representantes de la comunidad científica han aceptado no publicar datos que puedan ayudar a grupos terroristas a desarrollar armas biológicas. La medida ha sido criticada por algunos investigadores, que defienden que la información es una mejor defensa contra el terrorismo que la ignorancia, informa el diario LA VANGUARDIA en su edición del lunes, 17 de febrero.

En un manifiesto presentado el sábado en Denver, en la reunión anual de la Asociación Americana del Avance de la Ciencia, los editores de más de veinte revistas reconocen que "hay información que presenta suficiente riesgo de ser usada por terroristas para no ser publicada". Los firmantes del manifiesto incluyen, entre otros, a los editores de "Science", "Nature", "Lancet" o "New England Journal of Medicine", junto a científicos como el premio Nobel Harold Varmus.

La medida tiene, por ahora, más importancia simbólica que práctica. Representa una ruptura con la ética de transparencia en la que se basa la investigación científica. Pero las revistas van a seguir aplicando los mismos criterios que hasta ahora a la hora de publicar una investigación.

De los 14.000 artículos presentados en el 2002 a revistas de la Sociedad Americana de Microbiología (ASM), sólo dos fueron juzgados como sensibles para la seguridad nacional de Estados Unidos. En ambos casos, los autores accedieron a eliminar del texto los datos potencialmente peligrosos y los artículos se publicaron.

Uno de estos datos mostraba cómo se puede modificar un microbio para hacerlo cien veces más letal. "Era algo que era mejor no decir", declaró Ronald Atlas, presidente de la ASM y uno de los impulsores del manifiesto, quien evitó identificar de qué microbio se trataba.

Sin embargo, otros microbiólo-gos advierten de que no hay manera de saber a priori qué investigaciones comportan más peligros que beneficios. Los datos que pueden parecer peligrosos, sostienen, son también los que pueden abrir la vía a nuevas defensas frente a las amenazas biológicas. "He estudiado estas cosas durante 50 años y no podría hacer este juicio, y tampoco veo cómo lo pueden hacer los editores "ha declarado el microbiólogo Stanley Falkow, de la Universidad de Stanford, al "New York Times"". La ignorancia no es una buena defensa. El conocimiento sí lo es."

El manifiesto, que defiende que las investigaciones que se publiquen deben contener suficientes datos para que otros científicos las puedan reproducir, es el fruto de una reunión celebrada el 9 de enero en la sede de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. A dicha reunión asistieron editores de revistas científicas tanto americanas como europeas, prominentes investigadores y miembros de la Administración Bush.

"Se nos advirtió de que, si no tenemos cuidado, el Gobierno podría malinterpretar nuestro trabajo y apretarnos las tuercas "ha explicado Eckard Wimmer, microbiólogo de la Universidad de Nueva York en Stony Brook y uno de los firmantes del manifiesto". Por este motivo, creo que es importante que hagamos algo para evitar una acción dañina por parte del Gobierno."