La publicación de la Ley de Presupuestos de Navarra (esta vez la Ley Foral 35/2022, de 28 de diciembre, de Presupuestos Generales de Navarra para el año 2023) siempre nos genera una inquietud curiosa por conocer cuáles van a ser las modificaciones normativas que el Gobierno de Navarra va a colarnos como disposiciones adicionales o finales. Este año nuestro Gobierno ha embutido una modificación de la norma que permite solicitar la excedencia voluntaria, es decir, la oportunidad de trabajar en otro puesto de trabajo público (fijo o contratado) conservando la plaza ganada por oposición en la Administración Foral.

Nuestro querido Gobierno concede esta opción a todos los funcionarios forales, excepto a los médicos de Navarra, que deben permanecer al menos dos años en su plaza fija foral antes de optar por acogerse a una excedencia voluntaria.

En este momento la falta de médicos que quieran venir a trabajar a Navarra es alarmante y la previsión es que la situación empeore en los próximos 5 años. Si ahora estamos viviendo situaciones de demora en la atención, retrasos diagnósticos y ausencia de continuidad asistencial no quiero pensar como estaremos en unos meses. La Sanidad navarra se ha convertido en un quiero y no puedo, en una sombra de lo que fue y en una ruina inminente. Muchos años de mala gestión e imprevisión son los responsables. Unas cuantas generaciones de políticos miopes y sectarios nos están conduciendo a un punto de deterioro inimaginable hace solo 10 años.

A la carencia de médicos que quieran venir a compartir la sobrecarga y el maltrato institucional foral (los médicos somos vocacionales, pero no suicidas), la Administración oferta más sobrecarga y más maltrato, con cupos más numerosos, retribuciones congeladas, médicos cubriendo varios puestos de trabajo simultáneamente, imposibilidad de conciliar familia y trabajo y siendo conscientes de que en otras comunidades y países nos ofrecen “el pan y la sal” que aquí nos niegan.

El Gobierno de Navarra ha dado un paso más, nos ha convertido en funcionarios de segunda, en trabajadores públicos a los que se niega las ventajas de todos, la posibilidad de una excedencia, que sí otorga al resto. Nos ha convertido en personal a hostigar, en personas sospechosas a las que reprimir, en facultativos que debemos ser sometidos a un régimen especial carcelario para evitar que nos vayamos lejos.

¡Pues nos iremos igualmente! Limitar nuestras opciones laborales no va a arredrarnos. Si en vez de mejorar las lamentables condiciones de trabajo actuales, prefieren atarnos a la mesa de la consulta van a conseguir lo contrario, que deseemos aún más buscar un trabajo digno, asumible, justamente retribuido, reconocido y agradecido. Y si no es en Navarra… ¡será fuera!

¡Nos vemos en la huelga!