Miguel Ángel Jiménez es virólogo y profesor de investigación del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), perteneciente al INIA-CSIC. Es también autor de Virus emergentes y cambio global, un blog de divulgación sobre virus y enfermedades que producen. Tal y como declara en su post inaugural, “se trata de divulgar información sobre los virus emergentes sin alarmismo, con un lenguaje sencillo, pero sin renunciar al rigor científico, para llegar a un público amplio, ya que el interés por este tema es cada vez mayor”.

Si algo ha caracterizado la pandemia provocada por la COVID-19 ha sido la “infodemia”. Muchos datos e informaciones difundidos son falsos y la inexistencia de filtros de veracidad propicia la desinformación. Un ejemplo son las personas que afirman que el coronavirus se transmite por mosquitos… 

Hay que informarse bien antes de opinar sobre una cuestión que ya ha sido zanjada por la ciencia. El SARS-CoV-2 no se transmite por mosquitos. Multitud de evidencias así lo demuestran.

¿Contribuye su blog a combatir la desinformación?

Puede aportar un granito de arena, pero como bien dices, la “infodemia”, es decir, el maremágnum de informaciones diversas, a veces contradictorias, o incluso falsas, cuando se presenta una alerta sanitaria relacionada con un virus emergente puede confundir y hacer que la información relevante no llegue al ciudadano, como se ha visto en muchas ocasiones durante esta pandemia. Esta circunstancia no debe desanimar a los especialistas a divulgar el conocimiento, pues representan un punto de referencia sólido al cual asirse cuando el temporal de desinformación arrecia.

Sobre la aparición de nuevas mutaciones en el SARS-CoV-2, ¿hasta qué punto deberíamos estar preocupados, desde una perspectiva virológica?

Las mutaciones ocurren en todos los organismos cuyo material genético es un ácido nucleico, sea este ARN o ADN. Es una fuente de diversidad genética sobre la que se sostiene la evolución de las especies, por ejemplo. Los virus en general sufren mutaciones que alteran su material genético con tanta regularidad que se pueden establecer “relojes moleculares” calculando sus frecuencias de mutación. De este modo, comparando secuencias genéticas de virus relacionados puede establecerse la velocidad a la que van generando variantes y evolucionando.

Unos virus mutan más que otros (su “reloj molecular” va más acelerado). Por ejemplo, el virus de la gripe muta mucho más rápido que el virus SARS-CoV-2. Por eso las comparaciones entre ambos virus suelen ser poco afortunadas. Se trata de virus muy diferentes, aunque son virus respiratorios en ambos casos. Lo que quiero decir con esto es que el proceso de mutación, generación de variantes y evolución en los virus en perfectamente normal y habitual, y si bien ocasionalmente puede generar una variante que cause problemas sanitarios relevantes, esto no tiene por qué suceder en cualquier variante, como parecen suponer quienes propagan noticias inquietantes cada vez que se describe una nueva variante del SARS-CoV-2.

Por otro lado, las mutaciones no son las únicas fuentes de variabilidad de los virus. En el caso de los coronavirus existe un fenómeno llamado recombinación, por el cual se generan variantes con mayor potencial de aportar novedades al comportamiento del virus, sea su patogenicidad, su rango de hospedador, su reconocimiento inmunológico, etc. Afortunadamente, este fenómeno es menos frecuente.

En definitiva, no es tan fácil que ocurran cambios relevantes del SARS-CoV-2, como ya expliqué en un post que publiqué al respecto en mi blog. En cualquier caso, se están aplicando sistemas de monitoreo de secuencias de las variantes circulantes del SARS-CoV-2. Cualquier variación importante se detecta inmediatamente y se incluye en las “variantes de preocupación” a las que se realiza un seguimiento más exhaustivo.

Un trabajo recientemente publicado con su grupo obtuvo de plantas un antígeno para el diagnóstico del SARS-CoV-2, ¿nos lo cuenta?

En efecto, en un trabajo en colaboración con biotecnólogos de plantas hemos obtenido un antígeno derivado de la nucleoproteína del SARS-CoV-2 utilizando plantas del género Nicotiana (relacionadas con la planta del tabaco). Hemos comprobado que funciona muy bien en inmunoensayos para la detección de anticuerpos específicos generados durante la infección con este coronavirus. Esta estrategia tiene un gran potencial para el desarrollo de pruebas diagnósticas para la COVID-19. Permite un escalado rápido de la producción a nivel industrial del antígeno, lo que representa una ventaja competitiva frente a otros sistemas de producción. Esta estrategia puede aplicarse igualmente para obtener otros antígenos, e incluso para producir vacunas basadas en proteínas recombinantes, de una forma que mejore el balance coste-eficiencia.

El coronavirus ha centrado nuestra atención desde el inicio de la pandemia, pero ¿qué virus emergentes son preocupantes actualmente, desde su punto de vista?

Hay toda una pléyade de virus, muchos de ellos aún desconocidos, esperando su oportunidad para saltar a otra especie y prosperar en ella. Este concepto es la base de la emergencia de nuevos virus, y el principal argumento alrededor del cual gira el blog. Sin embargo, fuera del ámbito de los especialistas, este es un hecho bastante desconocido, de ahí el interés en divulgarlo. Cada día se descubren nuevos virus, y la diversidad de estos es enorme.

Por poner un símil, el conjunto de virus sobre la tierra, o virosfera, es como un iceberg del cual solo conocemos la punta, el resto permanece oculto y se revela poco a poco ante nuestros ojos, a menudo por los efectos catastróficos que causa alguno de sus componentes al saltar a una nueva especie, que puede ser un animal, una planta, o el propio ser humano. Esto es lo que ha pasado con el SARS-CoV-2, cuyo precursor habita sin duda en alguna especie de murciélago de herradura, como todos los virus genéticamente próximos a él, que conforman el grupo bautizado como sarbecovirus, dentro de la familia de los coronavirus.

Existe también el riesgo de que virus conocidos cambien alguna característica y se vuelvan más patogénicos para una especie, o amplíen su rango geográfico. Estas también se consideran emergencias víricas. Los arbovirus, un subgrupo de virus, caracterizados por ser transmitidos por picaduras de artrópodos (mosquitos, garrapatas, etc.) están cobrando una gran importancia. Esto es debido a que el rango geográfico de los vectores que los transmiten se ve favorecido por cambios ambientales derivados de la actividad humana, lo que se conoce como cambio global. Este punto lo desarrollé en un post del blog.

Si hablamos en cifras, ¿cuántos virus existen?

Pues según algunos cálculos estimativos puede haber en torno a 1031 (un “1” seguido de 31 “ceros”) partículas víricas sobre la Tierra, lo que en términos de masa (téngase en cuenta que cada partícula vírica representa poquísima masa) podría sumar alrededor de 100 millones de toneladas. Para comparar, toda la humanidad sumaría unos 250 millones de toneladas.

En cuanto a las especies de virus, si tenemos en cuenta que por lo general cada una de ellas es capaz de infectar a una o muy pocas especies de hospedadores, y que cada especie de hospedador (planta, animal, bacteria, arquea…) puede alojar varios cientos de especies víricas, llegaremos a la conclusión de que los virus son las entidades biológicas más diversas de la Tierra. Este punto lo desarrollé en un post del blog titulado “La virosfera”.

¿Qué porcentaje puede provocar enfermedades en humanos?

Afortunadamente solo una ínfima parte (unos pocos cientos) de estos virus presenta problemas para nuestra especie, si bien estos problemas pueden ser de una enorme magnitud. Aparte de la pandemia actual de COVID-19 se pueden mencionar otras pandemias que han tenido efectos devastadores. Hablamos de la de gripe de 1918 o, más recientemente, el SIDA, causado por el virus de la inmunodeficiencia humana, la hepatitis C o el dengue. Todas ellas enfermedades víricas que han producido millones de muertes y un grave impacto sanitario en amplias zonas del mundo.

Enfermedades causadas por virus que tuvieron mayor importancia, pero que gracias a las vacunas ya han perdido afortunadamente relevancia, son, por ejemplo, la polio, la rubeola, el sarampión, las paperas, la fiebre amarilla y la hepatitis B.

Enfermedades víricas que han alcanzado relevancia internacional recientemente son, por ejemplo, el Zika, el Chikungunya, la encefalitis por virus West Nile.

¿Cuáles son los factores de mayor incidencia en la aparición de dichas enfermedades? 

Detrás de la emergencia de un virus siempre está de una u otra manera el cambio global, que incluye el cambio climático, pero abarca otros procesos. Por ejemplo, la intensificación del comercio internacional, lo que se conoce como “globalización”, está detrás de la ampliación del rango geográfico de enfermedades víricas conocidas, pero que de repente colonizan un nuevo territorio donde nunca antes habían sido observadas. A veces ese comercio internacional favorece la expansión de vectores naturales que intervienen en la transmisión de la enfermedad.

Un ejemplo muy conocido de ello es la expansión a nivel mundial del mosquito tigre, transmisor de muchas enfermedades arbovíricas como el chikungunya o el dengue. Dicha expansión ha ocurrido gracias al comercio de neumáticos usados y de plantas de “bambú de la suerte”. Este mosquito cría en receptáculos con pequeñas cantidades de agua estancada, como la que se acumula en los neumáticos si se almacenan al aire libre. También en los recipientes en los que viaja el bambú de la suerte. También es capaz de desplazarse en su fase adulta a lo largo de las carreteras al introducirse dentro de los automóviles durante una parada.

Otros factores que están influyendo en la emergencia de enfermedades víricas son los cambios en los usos del territorio. Por ejemplo, el establecimiento de regadíos o la construcción de embalses puede fomentar la aparición de enfermedades por arbovirus transmitidos por mosquitos.

El aumento de la demanda mundial de alimentos por una población humana creciente también está influyendo de muchas formas. Por ejemplo, la ganadería y avicultura intensivas, necesarias para proporcionar proteína de alta calidad a cada vez más personas, requiere criar animales a altas densidades. Esto favorece la propagación rápida de patógenos como por ejemplo los virus de la gripe aviar, gripe porcina, etc. Además de que algunos virus de gripe aviar son directamente patógenos para el hombre (zoonosis), resulta que estos virus de gripe que afectan fundamentalmente a animales pueden intercambiar segmentos de su genoma con los virus de gripe humana generando nuevas variantes potencialmente más dañinas para el hombre. Esto fue lo que ocurrió en la pandemia de gripe de 2009.

¿Algo más que añadir?

Me gustaría que en la práctica clínica los profesionales incorporaran los conceptos de enfermedad vírica emergente y se prepararan para “lo inesperado”. Una enfermedad infecciosa emergente es un fenómeno impredecible, inesperado. Y sabemos dos cosas importantes. La primera, que cuando se detecta el primer caso, el patógeno lleva circulando ya un tiempo sin ser advertido. La segunda, que cuanto antes se reconozca la enfermedad, mayores son las posibilidades de atajarla y evitar males mayores.

Es crucial que no tiren la toalla ante un paciente o una acumulación inusual de pacientes con signos compatibles con una infección, pero cuyo diagnóstico se vuelva elusivo. Por ejemplo, por dar resultado negativo ante una batería de pruebas de detección de las infecciones más probables. Hoy afortunadamente existen pruebas que pueden llegar a identificar virus previamente desconocidos o “inesperados”. Por ejemplo, mediante análisis metagenómicos, que pueden resultar de gran utilidad en esos casos.