Algunas personas son más susceptibles que otras a padecer cálculos renales mucha veces a causa de la alimentación. Estos son depósitos duros de minerales y sales que se forman dentro de los riñones que aparecen cuando la orina contiene más sustancias como calcio, oxalato y ácido úrico que forman cristales.

Además de la alimentación, debemos considerar que los antecedentes familiares o personales también aumentan el riesgo, igual que ciertas enfermedades, comentó el Dr. Mitchell Humphreys, del Departamento de Urología de Mayo Clinic.

Para un paciente que ya ha padecido cálculos renales es importante conocer el tipo de formación para adaptar su alimentación, lo que le ayudará a evitar una nueva formación. Por ejemplo, si fueron de oxalato de calcio, es recomendable restringir los alimentos con alto contenido de esta sustancia, como ciertas frutas y verduras, los frutos secos y el chocolate. Los que están formados principalmente por ácido úrico se forman en quienes no beben suficiente cantidad de líquido, pierden mucho líquido o tienen una alimentación rica en proteína y, en esos casos, puede ser útil reducir el consumo de proteína animal.

Cualquiera que sea el caso es importante la realización de un examen llamado estudio metabólico de la orina, el cual la analiza durante un período de 24 a 48 horas y brinda información específica respecto al funcionamiento de los riñones, además de ayudar a identificar los factores de riesgo modificables para evitar la formación de cálculos renales.

Cuando nos encontramos frente a cálculos causados por la alimentación, una de las maneras más directas de reducir su formación es beber suficiente cantidad de líquido. Esto ayuda a diluir la orina haciendo menos probable la existencia de cálculos. Cuando hay antecedentes de este problema, los especialistas generalmente recomiendan que la excreta de orina sea de alrededor de 2½ litros diarios. Una forma de calcular si se ingiere suficiente cantidad de líquido es revisar su apariencia: si es transparente o de color claro, entonces, lo más probable es que esté bebiendo líquidos en cantidad suficiente.

La cantidad de sal que se ingiere en la alimentación también marca una diferencia: Consumirla demasiado aumenta la cantidad de calcio que los riñones deben filtrar y el riesgo de cálculos renales.

El Dr. Mitchell Humphreys, del Departamento de Urología de Mayo Clinic, señala que es  muy importante consultar a un especialista en dietética para elaborar un plan alimentario adecuado.

Como se mencionó anteriormente, la herencia también desempeña una función en este padecimiento. La persona que tiene un familiar con cálculos renales presenta el doble de probabilidad de tenerlos que quien no tiene antecedentes familiares. La mayoría de las personas tiene el primer cálculo renal entre los 40 y 60 años. Además, una vez que alguien forma un cálculo renal, el riesgo de tenerlos en el futuro aumenta y después del primer cálculo renal, la probabilidad de tener otro durante el primer año es de alrededor del 15 por ciento, en los siguientes 3 a 5 años es del 35 al 40 por ciento y en los siguientes 10 años es del 50 por ciento.

Por último, los antecedentes médicos personales pueden igualmente contribuir a la formación de cálculos renales. Las enfermedades y afecciones capaces de aumentar el riesgo para cálculos renales son, entre otras, enfermedad inflamatoria intestinal, diarrea crónica, acidosis tubular renal, cistinuria, hiperparatiroidismo e infecciones de las vías urinarias. Un índice de masa corporal elevado, un tamaño grande de la cintura y ganar peso también se relacionan con la formación de cálculos renales. La cirugía bariátrica y ciertos medicamentos, asimismo, pueden aumentar el riesgo.

Ante cualquier indicio de tener cálculos renales, lo más importante será consultar a un especialista quien revisará los factores de riesgo y, en caso de ser necesario, recomendará medidas para evitarlos o tratarlos.