Ángel Cequier, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC)

¿Qué ha aportado la SEC a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

A partir del momento en que empezamos a ser conscientes de la expansión y riesgo de la pandemia COVID-19, analizamos el posible impacto sobre los pacientes con enfermedad cardiovascular y sobre los profesionales con responsabilidades directas en la asistencia a estas personas. Con la limitada información inicial y la evidencia que iba apareciendo, se detectó que los pacientes con patología cardiovascular previa y las personas de edad avanzada con factores de riesgo cardiovascular (diabetes, hipertensión, obesidad) eran grupos de que, al infectarse, tenían una alta probabilidad de desarrollar complicaciones graves. Asimismo, se empezaron a observar elevadas tasas de contagio en el personal sanitario. Teniendo en cuenta estos aspectos, la SEC elaboró una serie de documentos y recomendaciones, tanto dirigido a los profesionales como a los pacientes, que tuvieron una amplia difusión. Entre los dirigidos a los profesionales destacan los de recomendaciones generales frente a la COVID-19, de implicaciones de COVID-19 para los pacientes con IC, trasplante cardiaco y asistencia ventricular, de medidas para los pacientes de edad avanzada y de precauciones sobre el abordaje invasivo de diferentes cardiopatías, entre otros. Entre los documentos dirigidos a los pacientes con enfermedad cardiovascular destacaron la consulta online COVID-19 en enfermedad cardiovascular, los decálogos para los pacientes con síndrome coronario y para los pacientes con fibrilación auricular, y las formas de cuidar la alimentación y de cómo vencer el agotamiento psicológico durante el confinamiento. En relación al futuro, y debido a la pérdida de continuidad asistencial, las medidas de prevención secundaria no han podido realizarse de forma adecuada en los pacientes con enfermedades cardiovasculares crónicas. Van a tardar en reimplantarse, y es muy probable que en los próximos años estos grupos de pacientes muestren una evolución pronóstica desfavorable. La SEC puede aportar conocimiento, experiencia y logística para la identificación de los diferentes problemas y propuesta de las medidas más apropiadas para intentar revertir esta situación.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

La afectación cardiovascular inicial en la COVID-19 se produce principalmente como consecuencia indirecta del estado hiperinflamatorio que se desencadena con la infección y que es más intensa en los pacientes con complicaciones graves. La acción directa del virus sobre el corazón o sobre el sistema cardiovascular es muy infrecuente. Por el contrario, y respecto a las posibles secuelas de la COVID-19 desde el punto de vista cardiovascular, el aspecto más relevante está en relación a la elevada frecuencia de marcadores de daño miocárdico que se detecta en los pacientes ingresados por infección COVID-19. En los primeros días de ingreso hospitalario, en una tercera parte de los pacientes se detectan elevaciones de las troponinas cardiacas, indicativas de daño miocárdico, con mayor frecuencia en los pacientes con antecedentes de enfermedad cardiovascular previa. Durante la hospitalización sabemos que la repercusión de estos marcadores sobre la función cardiaca es muy limitada. Sin embargo, desconocemos si esta afectación inicial es reversible o, por el contrario, condiciona un progresivo deterioro de la función ventricular en los pacientes que han estado infectados por la COVID-19. Los pacientes en los que se ha detectado daño miocárdico durante la hospitalización inicial deben tener un seguimiento clínico estrecho con exploraciones de imagen para poder identificar un posible impacto clínico o funcional.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

Las diferentes oleadas de la pandemia COVID-19 han obligado a direccionar y concentrar los recursos sanitarios de nuestro sistema hacia la asistencia más urgente en relación a la COVID-19, lo que está suponiendo que las enfermedades crónicas no-COVID, tanto como consecuencia de los confinamientos como debido a la perdida de la continuidad asistencial, no están adecuadamente asistidas. En estos pacientes se están produciendo incrementos en las listas de espera de intervenciones, retrasos en la realización de exploraciones diagnósticas y no se están aplicando de forma correcta las medidas de prevención secundaria. Con seguridad se va a tardar mucho tiempo en llegar a recuperar los niveles de calidad asistencial que nuestro sistema sanitario ofrecía en el periodo pre-COVID. La primera causa de mortalidad en nuestro país va a seguir siendo las enfermedades cardiovasculares y, en la actualidad, su enfoque y tratamiento no está siendo óptimo. Las medidas de prevención secundaria no han podido efectuarse de forma adecuada, van a tardar en reimplantarse. Es muy probable que en los próximos años estos grupos de pacientes muestren una evolución desfavorable en su pronóstico. Ya se están describiendo incrementos de mortalidad de causa cardiovascular en el momento actual que, con seguridad, no van a disminuir en los próximos años. Por otra parte, la crisis económica de la pasada década tuvo un impacto muy negativo sobre la Sanidad española. Mientras que otros países, con sistemas sanitarios similares al nuestro, implantaron durante dicha crisis estrategias de incremento de la eficiencia o la concentración de muchos actividades o procesos de alta complejidad, en España no se aplicó ninguna de estas medidas. Tras estas políticas la situación en la que estaba la Sanidad española antes de la COVID era de una extrema fragilidad. La pandemia COVID-19 ha situado a la Sanidad española en un entorno complejo y difícil.

Javier García Fernández, presidente de la Sociedad Española de Anestesiología, UCI Quirúrgica y Dolor (SEDAR)

¿Qué ha aportado la SEDAR a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

La Anestesiología ha sido la especialidad médica que realmente ha permitido que se duplicaran o triplicaran las camas disponibles de UCI durante la primera y la tercera ola, las más virulentas, debido a la enorme versatilidad que poseemos en nuestras competencias en el quirófano y fuera de él. Tenemos tanta capacidad de adaptación, que hemos sido capaces de montar UCI fuera de las UCI. Hemos montado UCI en bibliotecas, despertares, hospitales de día, quirófanos… dando la oportunidad de poder salvar las vidas de miles y miles de pacientes, que de otra forma hubieran estado condenados a una muerta segura. En Anestesiología somos médicos polivalentes y versátiles, compartiendo competencias con Cardiología, Neumología, Nefrología, Medicina Interna o Intensiva, lo que hace que seamos los médicos ideales para atender cualquier tipo de catástrofe médica, como, por ejemplo, las pandemias. Nuestra especialidad puede aportar al futuro que se garantice que el 100 por ciento de pacientes quirúrgicos se puedan operar cuando lo necesitan y no sufran retrasos inadecuados, si las diferentes administraciones autonómicas nos dejan abrir el número suficiente de camas UCI en todos los servicios de Anestesiología para poder atender a todos los pacientes quirúrgicos que precisan UCI.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Este es un problema de una gran magnitud, muchas de las formas que se tipifican de COVID benigno, porque no desarrollan neumonía vírica y no se compromete la vida. Sin embargo, tienen que sufrir multitud de secuelas y trastornos en piel, neurológicas… y, además, los que han tenido la forma más agresiva de presentación, neumonía, infartos cardiacos, cerebrales, trombosis… Muchos quedan con secuelas muy graves que les cuesta mucho tiempo el ir superando. Es una enfermedad que tiene muy poco de benigna y que deja a un gran número de pacientes con muchas secuelas que tienen que ir rehabilitando con programas específicos según el tipo de lesión que les deje.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

En mi opinión hay como dos partes de la pandemia, el primer año en 2020, donde fuimos los médicos invisibles de las UCI, ya que nadie sabía de nuestra existencia. Y, por el contrario, en 2021 nos dieron la oportunidad de salir y contar quiénes somos los anestesiólogos y lo que hacemos. Así que me quedo con la parte positiva al pensar que la pandemia nos ha permitido poder enseñar a la población qué hacen los anestesistas o anestesiólogos en las UCI quirúrgicas, en los quirófanos, y en el campo del tratamiento del dolor. El futuro de la asistencia pasa porque los hospitales se adapten a esta nueva realidad. La gente sigue pensando que esta pandemia se acabará pronto, y cuanto antes todos asumamos que este virus ha venido para quedarse mejor reaccionaremos. Los hospitales tendrán que adaptarse con dos circuitos totalmente separados para la atención segura tanto del paciente COVID, como del no COVID. Y para ello hay que establecer dos circuitos de UCI totalmente separados: las de Medicina Intensiva para el 100 por ciento de los pacientes COVID y las de los servicios de Anestesiología para el 100 por ciento de pacientes quirúrgicos no COVID. De esta forma, conseguiremos una asistencia segura y eficaz para todos los pacientes, no sólo para el paciente COVID.

José Augusto García Navarro, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG)

¿Qué ha aportado la SEGG a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

La Geriatría ha aportado una visión más clara de que las enfermedades que impactan en las personas mayores se tratan mejor con el enfoque y conocimientos geriátricos que con la visión de las especialidades médicas generalistas. Hemos visto que dentro de las personas mayores hay grupos muy complejos, que acumulan muchas enfermedades crónicas, a veces sumando dependencia y fragilidad. Estas personas necesitan especialistas entrenados en atender dicha complejidad, para poder establecer su pronóstico, sus posibilidades reales de tratamiento y rehabilitación, su ubicación tras la enfermedad aguda. La verdadera complejidad sólo la pueden tratar de forma adecuada especialistas muy bien formados. También hemos aprendido que es necesario un enfoque interdisciplinar, con la participación de otras profesiones para tratar a estas personas: enfermería, fisioterapia, terapia ocupacional, trabajo social psicología, etc. Los pacientes complejos no son simplemente una suma de enfermedades que algunos incluso se atreven a llamar pacientes pluripatológicos. Además de la suma de enfermedades, tienen diferentes grados de fragilidad, dependencia, potencial rehabilitador, necesidad de planificación avanzada y exigencias de tratamiento interdisciplinar e interniveles. Sería muy fácil si sólo se tratase de ver un conjunto de enfermedades. Esta visión de la Geriatría como la medicina de la complejidad, con una base interdisciplinar se ha visto muy claramente durante la pandemia. Mientras la mayoría de especialidades hablaba sólo de la infección y sus derivadas (complicaciones y secuelas), nosotros estábamos hablando del impacto de la enfermedad en la movilidad, en la dependencia, en las pérdidas funcionales.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Estamos trabajando intensamente en las secuelas de la COVID-19, que están siendo devastadoras para las personas mayores más frágiles. Las dividiría en 3 grandes grupos: las secuelas post COVID19 derivadas de la afectación vírica, las secundarias al aislamiento domiciliario y las secundarias a retrasos diagnósticos. Las primeras las estamos atendiendo y, en muchos casos, vamos aprendiendo cómo tratarlas. Se encuentran en este apartado la disnea o astenia persistentes, los trastornos de la coagulación, las alteraciones gastrointestinales… Nos están obligando a hacer más que nunca una aproximación interdisciplinar a estos pacientes y un seguimiento cercano considerando no solo la enfermedad, sino también el impacto emocional y físico. Las secuelas de las que se está hablando muy poco son aquellas derivadas del prolongado aislamiento domiciliario. Para las personas mayores ha supuesto efectos muy negativos en la movilidad, con pérdida importante de masa muscular y ósea. Y también con un gran impacto en la salud mental con aparición de más depresión, ansiedad e insomnio. Necesitamos un enorme esfuerzo de rehabilitación y de activación de programas de diagnóstico y seguimiento de estos problemas. Y el tercer grupo de secuelas se centra en el retraso diagnóstico de patologías frecuentes en las personas mayores. Como se ha tenido menos contacto con los especialistas en Geriatría, se ha retardado el diagnóstico de nuevos problemas de salud. Ahora estamos viendo en las consultas cada vez a más personas con problemas médicos no diagnosticados o diagnosticados tardíamente. Esta situación creemos que se solucionará poco a poco con la reapertura de las consultas a especialistas en Geriatría, que ya estamos viviendo.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

La pandemia ha puesto de manifiesto que la Geriatría es una especialidad necesaria para tratar a las personas mayores con problemas de salud. Hemos estado actuando en todos los niveles asistenciales para tratar a los pacientes más vulnerables. Tanto en hospitales como en residencias de mayores. Pero de forma evidente hemos descubierto que no teníamos desplegado el número suficiente de profesionales y programas. Ni tampoco una correcta coordinación entre niveles asistenciales. Y esto ha tenido un impacto evidente en la morbilidad y mortalidad que ha comportado la epidemia en las personas mayores. En el futuro creo que veremos una potenciación de la Geriatría en todo el Sistema Nacional de Salud, basándose en tres principios: se deben establecer servicios de Geriatría en todos los hospitales generales, se debe reforzar la asistencia geriátrica en las residencias de mayores, al menos en aquellas que reúnen más morbilidad, y se deben diseñar programas de coordinación entre Atención Primaria y Geriatría hospitalaria. En los grandes hospitales de referencia, la Geriatría debe contar con unidades específicas de fragilidad en los servicios de urgencias, que ya han demostrado una gran eficacia y eficiencia, y con especialistas transversales en las patrologías más prevalentes: unidades de Ortogeriatría, Oncogeriatría, Cardiología geriátrica, Geriatría Perioperatoria… Estamos ante una falta evidente de médicos especialistas en geriatría en todo el Sistema Nacional de Salud, mucho más evidente en las comunidades autónomas que no reconocen la geriatría como una especialidad. También veremos en el futuro un incremento en el número de especialistas. Y creo que la pandemia también nos ha marcado la clara necesidad de trabajar en equipos interdisciplinares con mayor presencia de enfermería, fisioterapia, terapia ocupacional, trabajo social…

Ramón García Sanz, presidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH)

¿Qué ha aportado la SEHH a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

Las aportaciones son muy numerosas. En primer lugar, Hematología puso su capacidad en el laboratorio de Biología Molecular a disposición del diagnóstico y, en muchos hospitales, se pudieron hacer las suficientes PCR en la época dura. También se aportaron profesionales clínicos a las áreas COVID para atender pacientes de forma directa. Pongo como ejemplo mi hospital, donde hasta el 25 por ciento de la plantilla de Hematología estuvo atendiendo pacientes con COVID-19 al lado de internistas y neumólogos. Además, la Hematología fue de las primeras en aportar conocimiento a la fisiopatogenia de la enfermedad, debido a las implicaciones que tiene el sistema de la coagulación. Con ello, fue una de las primeras en aportar tratamientos eficaces con la indicación de la anticoagulación o con el aporte de fármacos muy comunes en nuestra especialidad como el tocilizumab. También se han hecho aportaciones con el empleo de plasma hiperinmune, un apartado exclusivo de nuestra especialidad y con el descubrimiento de las características especiales que la COVID-19 tiene en los enfermos inmunodeprimidos, en especial los onco-hematológicos.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Con seguimiento intensivo y, en ocasiones, tratamiento a largo plazo, algo que se puede hacer con tratamientos como la anticoagulación prolongada. También, con el registro de los pacientes para contrastar su evolución según su patología específica

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

Será un cambio radical. Se impulsará la telemedicina, esperemos que en España el Sistema Nacional de Salud se apunte de una vez a esta situación, y se reducirá las visitas al hospital y a los centros de salud. Habrá que potenciar la receta electrónica, los medios tecnológicos para entrevistar a los pacientes, con imagen y sonido; la extracción de muestras descentralizada con evaluación centralizada, la telefarmacia, la medicación oral y subcutánea. Falta mucho, pero ya nada será lo mismo.

Antonio Fernández-Pro Ledesma, presidente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG)

¿Qué ha aportado la SEMG a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

No cabe ninguna duda que el papel que ha tenido la Medicina de Familia en el ámbito de la pandemia ha sido fundamental desde todos los puntos de vista. En este contexto, la Medicina de Familia se ha visto sometida a un estrés, al igual que a todo el sistema sanitario, que ha puesto en evidencia las deficiencias atávicas que venimos denunciando desde hace muchísimos años, con precariedad de medios y profesionales.

A pesar de todo esto, varios meses después de esta situación de extrema dureza, estamos atravesando situaciones en las que se adivinan unos escenarios futuros inciertos y que, muchos de ellos, no pasan de ser aproximaciones teóricas y que seguro que serán modificados por el devenir de los acontecimientos. Dicho esto, es justo afirmar que los profesionales de Atención Primaria han trabajado en la mayoría de los casos al 200 por ciento, han demostrado versatilidad y polivalencia. La Atención Primaria ha sido la primera barrera de contención a la pandemia; no solo esto, sino que también hemos soportado toda la presión de altas hospitalarias y secuelas de COVID-19, además de la COVID persistente y, también, el estrés que ha supuesto el duelo patológico que muchas familias han sufrido.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

La Atención Primaria ha desarrollado tareas que van desde la Salud Pública o atención comunitaria, atención a crónicos con seguimiento telefónico, atención urgente, visitas domiciliarias, cobertura de las residencias privadas y públicas, además de muchas otras tareas propias de los centros de salud. Por otra parte, nos hemos visto en muchos casos obligados a suplir la deficiencia de rastreadores y, todo esto, con escasos recursos, evitando de forma clara el colapso del sistema sanitario. En este contexto están los pacientes con secuelas y post COVID, y otro amplio colectivo, que son los pacientes Long COVID, que cada vez son más numerosos. Mantener una línea de atención con los pacientes para cualquier consulta en relación con la infección, y de forma especial la identificación precoz de casos de secuelas y de prolongación de enfermedad son muy importantes, sobre todo para el paciente, porque en un futuro próximo manejar estos flujos será fundamental para el correcto diagnóstico y mantener la calidad de vida de estos pacientes.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

Por todas las circunstancias que han rodeado a estos meses de pandemia nunca fue tan importante tener una buena accesibilidad con el médico de cabecera. Para el paciente, saber que las personas que te vienen atendiendo desde hace años están ahí para ayudarles, para acompañarlos y resolver sus problemas es muy importante. No podemos dejar a nadie atrás, todos tienen que estar presentes, debemos redoblar esfuerzos para que nuestros pacientes se sientan atendidos y resolver sus dudas y revisiones de pacientes crónicos. Nunca hubo tanta necesidad de no olvidar el resto de los problemas de salud de las personas que tienen COVID-19. Debemos seguir trabajando las deficiencias que claramente se vislumbraron en esta pandemia, que creo que se resumen en tres grandes bloques de problemas. Por un lado, la escasez de recursos, tanto materiales como profesionales, en nuestro ámbito de actuación. Por otra parte, la falta de conexión entre los diferentes niveles asistenciales y, por último, la ausencia de coordinación entre los servicios asistenciales y sociales. Estas tres líneas prioritarias deben ser exploradas para ir aportando soluciones. El trabajar en estas líneas es esencial, no solo para una adecuada prevención, contención y atención de la pandemia, sino también para la atención y el cuidado del resto de problemas de salud que seguirán afectando a la población. Después de estos meses de estrés, comienza una “nueva realidad” donde hemos modificado nuestra habitual forma de trabajar, con disminución de pacientes de forma presencial en nuestras consultas y adaptándonos a nuevos conceptos como la telemedicina. Debemos ordenado y regularlo, puesto que todos somos conscientes que es una nueva herramienta que ha venido a quedarse y que debemos y tenemos que familiarizarnos con ella, porque seguirá siendo una herramienta básica en nuestro quehacer diario.

Montserrat Chimeno, vicepresidenta segunda de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI)

¿Qué ha aportado la SEMI a la pandemia de COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

La Medicina Interna ha sido fundamental en la atención a los pacientes COVID. Por sus propias características, ha podido ofrecer una asistencia integral y por su carácter integrador ha liderado los equipos multidisciplinarios que tuvieron que constituirse para poder dar respuesta a la pandemia. La atención hospitalaria de los pacientes que no precisan ingreso en Unidades de Cuidados Intensivos se ha llevado a cabo, mayoritariamente, en los Servicios de Medicina Interna. Como consecuencia de ser la especialidad que más pacientes ha atendido, la SEMI cuenta, en la actualidad, con un registro, el Registro SEMI-COVID-19, de reconocimiento mundial, que está sirviendo de base para investigaciones que serán esenciales para combatir esta nueva y compleja enfermedad. Nada es ajeno a la Medicina Interna y como tal la infección por SARS-CoV-2 ha constituido, y constituirá en el futuro, un nuevo campo de acción de nuestra especialidad.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Las secuelas de esta infección se están manejando de muy diversas maneras, pero se tiende a la implementación de consultas específicas y de unidades multidisciplinares que atienden a todo el abanico de posibles secuelas.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

La pandemia ha hecho que se ponga de manifiesto, una vez más, la importancia de nuestra especialidad y la necesidad de formar más residentes y de ampliar las plantillas. Ante una enfermedad desconocida con una afectación sistémica tan variada y extensa, Medicina Interna ha dado respuesta al control de la pandemia por su indudable plasticidad, su destreza en el manejo de los pacientes, su conocimiento de las pruebas diagnósticas y de las alternativas terapéuticas y, sobre todo, su experiencia en la convivencia con la incertidumbre.

Ricard Ferrer, presidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) 

¿Qué ha aportado la SEMICYUC a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro? 

Medicina Intensiva ha liderado la atención de los pacientes graves, tanto del punto de vista asistencial como organizativo y de conocimiento. Los hospitales se han transformado en espacios más flexibles, donde los intensivistas han coordinado equipos multidisciplinares que han permitido atender los incrementos de demanda asistencial de pacientes críticos de las diferentes olas de la pandemia. Asimismo, la Medicina Intensiva ha aportado las principales herramientas de gestión de la pandemia como son los planes de contingencia, recomendaciones de bioética y protocolos de tratamiento. Hay que destacar la generación de registros propios y la participación en registros colaborativos, proyectos de investigación y ensayos clínicos como fuente de conocimiento, que ha permitido mejorar el tratamiento de los pacientes con impactos sobre su pronostico. Esto nos permite afrontar el futuro como referentes del paciente critico.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19? 

En lo concerniente a los pacientes, desde la SEMICYUC se sigue apostando por el trabajo de rehabilitación y atención del síndrome post-UCI, ya directamente desde antes del alta en cuidados intensivos. Fruto de ello son los protocolos y recomendaciones que se han hecho al respecto en colaboración con otras sociedades científicas y los que se establecieron en el Plan de Desescalada en UCI-COVID-19. En cuanto a los propios profesionales, defendemos desde el primer momento de la pandemia el que se establezcan protocolos y fórmulas que permitan compatibilizar la capacidad asistencial en las UCI extendidas con el descanso, cuidado y atención psicológica que merecen los profesionales.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

La pandemia ha puesto a prueba la capacidad organizativa de los servicios de Medicina Intensiva y ha supuesto la primera gran coordinación de las UCI a nivel nacional, con la redacción y adecuación de protocolos en tiempo récord que permitían elaborar planes de acción, tanto de contingencia como de desescalada, que implicaban a todos los jefes de servicio. De cara al futuro, vemos esto como una gran oportunidad para seguir avanzando hacia un trabajo más colaborativo y unificado de los servicios de todo el país, lo cual redundará en una asistencia de mayor calidad y que entronca con los objetivos marcados en nuestro Plan Estratégico para 2022.

José Miguel Láinez, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN)

¿Qué ha aportado la SEN a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

La Neurología, como todas las especialidades médicas, ha estado firmemente implicada en la atención a los pacientes COVID desde el inicio de la pandemia. Por una parte, ha participado en valorar y tratar todas las complicaciones neurológicas asociadas a la infección por el virus, ya que el 60 por ciento de los pacientes ingresados tienen síntomas neurológicos. Y, por otro lado, en la mayoría de los hospitales del país, muchos neurólogos se han integrado en los equipos COVID formando tándem con internistas, neumólogos, intensivistas y con otras especialidades. La Neurología ha demostrado que tiene capacitación y formación para ser un actor importante en esta atención integral a los pacientes con patologías multisistémicas.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Los síntomas neurológicos alcanzan a un 12 por ciento de los pacientes post COVID y, entre ellos, destacan, sobre todo, la cefalea y los problemas cognitivos, la llamada “niebla mental”. También son frecuentes otros síntomas no exclusivamente neurológicos como la fatiga, el dolor muscular o los trastornos del sueño. Los pacientes con secuelas se están viendo y tratando en las diferentes consultas de Neurología, tanto en Neurología general, como en unidades de cefaleas, trastornos cognitivos… en función de las quejas predominantes en cada caso. No hay una terapia específica para estas alteraciones y el tratamiento es individualizado, como puede ser el entrenamiento sensorial en la anosmia, analgésicos o preventivos en las cefaleas persistentes. En los centros en los que se han establecido unidades post COVID, los neurólogos forman parte del equipo multidisciplinar que atiende a estos pacientes.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

La pandemia ha sacudido a todo el sistema sanitario en sus cimientos y la Neurología se ha visto implicada en todos los aspectos. En el asistencial, por la ocupación de camas COVID y la reducción de asistencia a los hospitales de pacientes con otras patologías, en la primera fase fue especialmente significativa la disminución de los pacientes con ictus atendidos. También hubo que dedicar neurólogos a la asistencia de pacientes COVID, con la consiguiente reducción de recursos para nuestra tarea asistencial que exigió un esfuerzo significativo de todo el personal facultativo. La asistencia ambulatoria se ha visto muy afectada por la suspensión masiva de vistas presenciales y su sustitución por la teléfono-medicina. Es seguro que algunas de estas fórmulas de telemedicina se quedarán para el futuro, aunque esperemos que mejor implementadas y bien reguladas. Los cambios globales dependerán de la evolución de la pandemia y tenemos la esperanza y el deseo de que la vacunación permita reducir las consecuencias en el sistema sanitario y en la sociedad lo más pronto posible.

Teresa Alonso, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)

¿Qué ha aportado la SEOM a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

En función de la situación epidemiológica de las diferentes comunidades autónomas, compañeros oncólogos médicos han estado apoyando directamente en las unidades que se han creado en los hospitales para la atención de pacientes contagiados por SARS-CoV 2. Por otro lado, teniendo en cuenta las características particulares de los pacientes con cáncer y su vinculación a los centros hospitalarios, se han creado circuitos y facilitado la consulta telemática para evitar aglomeraciones y tiempos de espera dentro de los centros hospitalarios, adaptándolo a la situación particular de cada paciente. El cáncer continúa siendo una de las principales causas de morbimortalidad del mundo. Por ello, la implicación de esta pandemia COVID-19 en esta población requiere una atención especial tanto a nivel asistencial como de investigación. Ya que además son pacientes en mayor riesgo de contagio y desarrollo de eventos graves por SARS CoV-2. El intercambio de información entre profesionales implicados en la asistencia e investigación de la infección por COVID-19, prevención, tratamiento, prevención, y profesionales especializados en la atención del paciente oncológico o en la investigación de nuevos fármacos es imprescindible.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

En todo momento, desde el inicio de la pandemia, desde los servicios de Oncología Médica y apoyados por otros servicios dentro de los hospitales, como la farmacia hospitalaria, se pusieron en marcha planes de contingencia que permitieran mantener la atención y el tratamiento oncológico de los pacientes que así lo requirieran. Sin embargo, y dada la situación de colapso sanitario, cierre de quirófanos, retraso en la realización de pruebas diagnósticas; desde diferentes sociedades científicas, entre las que se encuentra SEOM, han puesto datos encima de la mesa acerca de una de las secuelas más importantes de esta pandemia: el retraso diagnóstico. Así, SEAP, SEEO, SEHH, SEOM, SEOR y la AECC han trabajado conjuntamente en la realización de un estudio para cuantificar el impacto que la primera ola de la pandemia ha tenido en la atención a los pacientes con cáncer. Se ha visto una disminución del 57 por ciento en el número de citologías analizadas en general lo que da lugar a una disminución del diagnóstico de cáncer con esta prueba del 30 por ciento. En lo que respecta a las biopsias, la disminución fue del 41 por ciento lo que da lugar a una disminución del diagnóstico de cáncer con esta prueba del 23,5 por ciento. Otro dato importante que surge de este estudio es el número de primeras consultas, pacientes que acuden por primera vez a la consulta, decrece un 21 por ciento de media en los meses de marzo a junio, alcanzando un descenso máximo de un 32 por ciento en abril y mayo de 2020. Ante esta situación, y con los circuitos seguros organizados en los centros sanitarios, se ha trabajado también en la difusión de mensajes de confianza a la población para acudir a los centros hospitalarios y cumplir con las pruebas diagnósticas o los tratamientos indicados por sus situaciones particulares. Hay estudios que afirman que un retraso en las cirugías oncológicas puede suponer una reducción de hasta un 30 por ciento en la supervivencia a seis meses de los tumores más agresivos. La detección precoz es fundamental para prevenir diagnósticos más avanzados, y, por tanto, aumentar las posibilidades de curación y supervivencia, así como la posibilidad de dar tratamientos menos agresivos. Por otro lado, desde el momento en el que fueron reduciéndose las hospitalizaciones por la COVID-19 y mejoró epidemiológicamente la situación. Se ha realizado un gran esfuerzo para recuperar todas las pruebas analíticas, radiológicas, endoscópicas, etc. que fueron anuladas, así como las visitas para recibir los resultados de las mismas. No obstante, los servicios de Oncología Médica han mantenido su actividad de hospital de día, donde siempre se ha considerado el riesgo-beneficio en cada situación particular del paciente oncológico. En los casos en los que el riesgo desde el punto de vista oncológico era superior al de infección COVID-19, no se retrasó el tratamiento.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

La pandemia ha afectado desde diferentes puntos de vista. En primer lugar, desde el punto de vista asistencial, se han incrementado las visitas telemáticas y la citación diferida para reducir las visitas al hospital. Esta nueva forma de atención al paciente ha requerido de la difusión de una serie de recomendaciones y coberturas legales para que esta visita a los pacientes pueda realizarse en un marco de seguridad. No olvidemos que, en la atención del paciente con cáncer es muy importante la visita presencial debido a la información y al diálogo entre médico y paciente que de ella se desprende. Sin embargo, para otros procesos en los que el paciente tenía que aguantar largos tiempos de espera en el centro hospitalario, se ha conseguido optimizar estos circuitos y evitar estas estancias innecesarias en un hospital. Por otro lado, la investigación es imprescindible en el campo de la oncología y durante la primera ola disminuyó en un 30 por ciento el número de pacientes incluidos en ensayo clínico entre abril y mayo de 2020. Además, se retrasó el inicio de nuevos ensayos clínicos. Los comités multidisciplinares también son una pieza clave en la toma de decisión diagnóstica y/o terapéutica de los pacientes con diagnóstico oncológico. De cara a poder mantener este sello de calidad asistencial, desde el principio de la pandemia se crearon plataformas seguras para que los distintos profesionales implicados pudieran reunirse de forma virtual y no cesara la discusión de casos clínicos que requieren de la opinión de distintos especialistas. De este mismo modo, también la formación médica se ha mantenido gracias a la puesta en marcha de plataformas virtuales que han permitido que las reuniones formativas, congresos, etc. sigan en marcha.

Celso Arango, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP)

¿Qué ha aportado la SEP a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

Ha aportado algunos aspectos que son relevantes para la salud mental de la población general, de profesionales sanitarios y de actuación. La Psiquiatría ha ido liderando proyectos nacionales e internacionales en lo que son buenas prácticas, en consejos recomendaciones y en actualizaciones de todo lo que se ha ido sabiendo durante la pandemia. Hemos hecho curso de formación continuada para para psiquiatras, guías para población general, para profesionales sanitarios, que están todas en nuestra web. También hemos liderado el proceso de comunicación con las administraciones publicas y con el Ministerio de Sanidad para situaciones que hemos considerado que tenían que incrementarse, como es la vacunación prioritaria para personas con trastorno mental grave, como los esquizofrénicos, que tienen un mayor riesgo de infectarse y una vez infectados mayor riesgo de tener un peor pronóstico y de muerte, el doble que la población general. Esto puede extenderse a los padres y madres de personas con discapacidad, profesionales que atienden a esta estas personas, educadores o cuidadores. Hemos colaborado con FACME en la evaluación de estrategias de vacunación de grupos prioritarios, tenemos ideado todo lo que tiene que ver con COVID-19 y Salud Mental.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Algo que nos preocupa es que la vía natural a Especializada es Primaria y como la Primaria está colapsada está produciéndose una disociación. Sabemos que la crisis económica produce un incremento del diez por ciento de las patologías mentales en este caso no va a ser menor, porque con la crisis económica vienen otras muchas cosas, los efectos directos de la pandemia, los fallecidos con duelos complicados, las dificultades de lejanía… Esto favorecerá la incidencia mayor número de casos y sobre todo en determinadas patologías, como ansiedad, depresiones, trastornos del sueño, de la conducta alimentaria e intento de suicidio en adolescentes. Por otro lado, hay una mayor derivación, con lo que estamos asistiendo a una demanda no correspondida como debería ser. Esto nos preocupa porque los casos nos llegan a través de urgencias; tenemos poca demanda a través de los centros de salud, en los casos menos leves, y muchísima demanda en los casos más graves que llegan por Urgencias.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

La pandemia para la Psiquiatría ha tenido un aspecto positivo, ya que ha puesto de manifiesto la importancia de la Salud Mental cuando se produce una crisis, las cicatrices que va a dejar en la Salud Mental de las personas afectadas, de los familiares de los fallecidos, de los profesionales sanitarios, de los niños y adolescentes que han estado confinados. Hay que destacar la importancia de los equipos de Salud Mental de interconsulta de Psiquiatría y Psicología de enlace para gestionar la Salud Mental de nuestros compañeros. Se va a potenciar la telepsiquiatría. La pandemia nos ha hecho ver la hospitalización domiciliaria, que hemos comprobado que en algunos casos es coste eficiente y reducir el número de camas y tener equipos ambulatorios es algo que mejora la percepción de los pacientes. Nos hemos visto obligados a modificar parte de la atención que hacemos a nuestros pacientes de Salud Mental. Estamos recogiendo indicadores de todos los cambios para que cuando no estemos obligados a mantener los cambios ver cuáles podemos continuar. Un ejemplo es telepsiquiatría. Con encuestas de satisfacción podemos ver la percepción de los pacientes. Sabemos que es mejor la consulta telemática que la telefónica, porque podemos vernos y ver el lenguaje no verbal.

Germán Peces Barba, vicepresidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) 

¿Qué ha aportado la SEPAR a la pandemia COVID-19 y qué podrá aportar en el futuro?

Se han incorporado neumólogos a actividades específicas diferentes para la atención de los pacientes hospitalizados por la COVID. Durante la primera ola, esta incorporación fue generalizadas para todas las especialidades, pero desde la segunda ola y siguientes, la actividad ha recaído principalmente en Medicina Interna y Neumología. También hemos estado presentes en el crecimiento de las Unidades de Cuidados Intermedios Respiratorios. Con aplicación de las técnicas de soporte respiratorio, como oxígeno en alto flujo y ventilación mecánica no invasiva, que han servido para poder prestar una correcta asistencia sanitaria a muchos pacientes, evitando o retrasando el ingreso en las UCI o en casos que no eran subsidiarios de haber ingresado en la UCI. Además, la realización de fibrobroncoscopias y sus técnicas asociadas han servido para curar y diagnosticar a muchos pacientes graves ingresados, principalmente en las UCI. Se ha mantenido la actividad de las pruebas funcionales pulmonares en condiciones de alto riesgo de contagio, adaptando los espacios y los cuidados del personal asistencial que realiza estas pruebas.

¿Cómo se están manejando las secuelas de la COVID-19?

Existen unidades asistenciales de seguimiento de los pacientes hospitalizados por COVID. En neumología hemos realizado el seguimiento de las secuelas respiratorias de la enfermedad. El pulmón es el órgano más gravemente afectado en esta pandemia y los casos graves han tenido y tienen una convalecencia que puede ser prolongada. Es necesario mantener un seguimiento de la evolución de la enfermedad, del nivel de recuperación pulmonar y general y de la restitución de la función pulmonar.

¿Cómo ha influido la pandemia en su especialidad y cómo va a marcar el futuro de la asistencia?

Ha sido necesario adaptar los recursos humanos y los espacios para atender la nueva demanda asistencial generada, tanto en la hospitalización como en el seguimiento. En seguimiento está siendo básico el estudio de la función pulmonar, que debe ser realizada en condiciones de especial aislamiento por el riesgo de transmisión asociado. A pesar de ello, se mantiene el seguimiento de la evolución de estos pacientes. Puede haber algún retraso en el seguimiento de la función pulmonar de los enfermos crónicos estables que va apenas va a tener trascendencia. Se ha incrementado, como en otras especialidades, la atención no presencial en el seguimiento de los pacientes post COVID y respiratorios en general. Los mayores cambios han sido en el desarrollo de las unidades de cuidados respiratorios intermedios. Otros cambios relevantes han sido las adaptaciones de las técnicas de broncoscopia y de pruebas de función pulmonar, así como el seguimiento post COVID de los pacientes graves.