La contaminación atmosférica se ha asociado ampliamente con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Ahora, un nuevo estudio, publicado en la edición online de ‘Neurology’, la revista médica de la Academia Americana de Neurología, analiza el papel de la contaminación atmosférica en la trayectoria del ictus, incluidos los eventos cardiovasculares tras el primer ictus y la muerte.

"Encontramos que los altos niveles de contaminación del aire se asociaron con un mayor riesgo de transición de estar sano a un primer accidente cerebrovascular, eventos cardiovasculares después del accidente cerebrovascular y la muerte, pero con un efecto más fuerte en la transición de estar sano a tener un accidente cerebrovascular", explica el autor del estudio Hualiang Lin, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Sun Yat-sen, en China.

"Estos resultados indican que comprender y reducir los efectos de los contaminantes atmosféricos en las diferentes etapas de transición del ictus será beneficioso para gestionar la salud de las personas y prevenir la aparición y la progresión del ictus", añade.

Diseño del estudio

En el estudio participaron 318.752 personas de la base de datos del biobanco del Reino Unido con una edad media de 56 años. Los participantes no tenían antecedentes de ictus o enfermedades cardíacas al inicio del estudio. Los investigadores analizaron la exposición de las personas a la contaminación atmosférica en función del lugar donde vivían al inicio del estudio. Los participantes fueron seguidos durante una media de 12 años.

Durante ese tiempo, 5.967 personas sufrieron un ictus. De ellas, 2.985 desarrollaron enfermedades cardiovasculares y 1.020 murieron posteriormente.

Las personas expuestas a niveles elevados de contaminación atmosférica tenían más probabilidades de sufrir un primer ictus, una enfermedad cardiovascular posterior al ictus o la muerte que las personas no expuestas a niveles elevados de contaminación.

Tras ajustar otros factores que podrían influir, como el tabaquismo y el nivel de actividad física, los investigadores descubrieron que por cada aumento de 5 microgramos por metro cúbico (microgramos/m3) de partículas finas, por ejemplo, el riesgo de pasar de estar sano a sufrir un primer ictus aumentaba un 24% y de estar sano a morir el riesgo aumentaba un 30%.

Las partículas están formadas por líquidos o sólidos suspendidos en el aire. Las partículas finas, PM2,5, tienen un diámetro inferior a 2,5 micras e incluyen las cenizas volantes procedentes de la combustión del carbón. Las personas que sufrieron un ictus durante el estudio tuvieron una exposición media de 10,03 microgramos/m3 de PM2,5, en comparación con los 9,97 microgramos/m3 de los que no sufrieron un ictus.

Óxido de nitrógeno y dióxido de nitrógeno

Los investigadores también descubrieron que los contaminantes óxido de nitrógeno y dióxido de nitrógeno estaban asociados a un mayor riesgo de ictus y muerte.

"Se necesitan más investigaciones, pero es posible que la disminución de la exposición a niveles elevados de contaminación atmosférica pueda desempeñar un papel en la reducción de la progresión del ictus –comenta Lin–. La gente puede reducir su exposición quedándose en casa en los días de fuerte contaminación, reduciendo su ejercicio al aire libre, usando máscaras para filtrar las partículas y utilizando purificadores de aire".

Lin precisa que los resultados no prueban que la contaminación atmosférica provoque el ictus, las enfermedades cardiovasculares o la muerte, sólo muestran una asociación.