La España del siglo XXI va a pasar a la historia por la apertura de derechos sociales, por el apoyo a las minorías y por el respeto a lo diferente. Nuestra sociedad parece haber alcanzado un considerable grado de madurez para afrontar situaciones que hasta hace poco no sólo criticaba sino que, en cierto modo, rechazaba. Pero todavía quedan por descubrir nuevos caminos de tolerancia, como es el caso de los trastornos mentales.

La gran mayoría de nosotros aún no sabe cómo aceptar, comprender y ayudar a los enfermos mentales y nos cuesta pensar en ellos sin prejuicios. No nos damos cuenta de que el sufrimiento de la mente es tan común como el del cuerpo y puede afectar a cualquiera. de hecho las alteraciones emocionales y las enfermedades mentales afectan a alrededor del 20% de la población.

A este rechazo social se suma el hecho de que muchos de los afectados no tienen una buena opinión de sí mismos, sienten vergüenza o creen que son culpables de su trastorno. En este sentido, los especialistas recomiendan hacer caso omiso de ciertos estigmas adoptados por parte de la sociedad, aceptarse, valorarse, reforzar su autoestima y no olvidar que nadie tiene que “agachar la cabeza” por tener una enfermedad mental.

No son violentos

Si nadie se enfada ni irrita con una persona que tiene una discapacidad física o un problema cardíaco, por el mero hecho de estar enfermo, tampoco es lógico que alguien lo haga con las personas que padecen un trastorno psiquiátrico. Para ayudarles a afrontar e incluso a superar su problema mental, hemos de respetarlos y mostrar empatía por el sufrimiento que están pasando, pero sin caer en una compasión que nos lleve a seguirles la corriente ni darles la razón cuando aparecen ideas delirantes o alucinaciones.

Ojear unos pocos casos es suficiente para darse cuenta de que son víctimas de la sociedad y raramente ocupan el puesto del verdugo. No suelen ser violentos, más que en situaciones especiales, y cuando lo son muchas veces es hacia ellos mismos o en respuesta a tensiones que les son ajenas.

Las estratagemas legales y los medios de comunicación parece que han puesto todo su empeño en transmitir una imagen equivocada. Muchas veces, en sus alegatos y en sus páginas, justifican los actos de personas violentas, como asesinos o violadores, con una supuesta enfermedad mental, cuando en realidad la mayoría de las personas que realizan estos actos son personas antisociales y violentas pero completamente responsables de sus actos.

Una de las enfermedades que carga con un gran peso por este tipo de acusaciones es la esquizofrenia, aún cuando la mayor parte de las personas que la padecen nunca han agredido a nadie.

¿Qué es la esquizofrenia?

Es una grave enfermedad mental crónica que, según la Organización Mundial de la Salud, la padece el 1% de la población mundial, lo que supone aproximadamente 400.000 españoles, aunque se estima que hay un alto porcentaje de pacientes sin diagnosticar. Unas cifras que no acaban ahí. La esquizofrenia es una pesada losa para la familia de cualquiera de estas personas por lo que se debe, al menos, multiplicar por tres la cifra de afectados. Asimismo, es una de las diez enfermedades más discapacitantes entre los 15 y los 44 años de edad.

Las personas con esquizofrenia sienten el mundo de una forma muy diferente al resto. De hecho, su cerebro funciona de forma distinta al de las personas sanas. Su enfermedad les impide, en gran medida, pensar con claridad, controlar sus emociones, tomar decisiones y relacionarse con los demás. Tienden en muchas ocasiones a aislarse y a perder la capacidad de conectar emocionalmente con las personas que les rodean.

El porqué de su aparición es aún una incógnita. Aunque el 10% tiene antecedentes genéticos, los genes no son capaces de explicar por sí solos las causas. Tras la enfermedad se esconde algo más que los especialistas intentan encontrar en las características personales y en el ambiente en el que crecen los afectados.

Perfil del afectado

Nadie está libre de padecer esquizofrenia, puesto que no hace distinciones por razas, clases sociales o sexos, aunque parece que los varones empiezan a sufrir su azote a una edad más precoz. Suele aparecer al final de la adolescencia, entre los 17 y los 25 años, cuando se está en pleno desarrollo personal y académico, una situación que puede hipotecar las posibilidades de futuro del afectado, de ahí el brusco golpe que supone a quien, de repente, le diagnostican esta enfermedad.

No sólo se han de enfrentar con síntomas angustiosos sino que han de asumir ciertos retos como el que el 75% de las personas con esquizofrenia grave son incapaces de trabajar. Por eso, en un intento de sobrellevar la sensación de temor, aislamiento y depresión y de aliviar los síntomas muchos acaban enganchándose al alcohol o a drogas ilegales, como el cannabis, especialmente común entre los más jóvenes. Una actitud autodestructiva que puede contribuir a desencadenar un brote psicótico. Ante esta situación, no sorprende que un alto número de estas personas intente suicidarse en algún momento.

Ni que decir tiene que un diagnóstico positivo cambia también por completo la vida de los allegados al enfermo. El tener que convivir con alucinaciones, delirios, apatía y aislamiento social no deja indiferente a nadie. El estrés se apodera de la mayoría de los familiares, reducen su vida social y lúdica y se ven abrumados por los gastos económicos que trae consigo este problema.

Plantarle cara

No hay que dejarse acobardar por la esquizofrenia. Quien la padece tiene que ver las cosas con optimismo, asumir que ha de cumplir escrupulosamente el tratamiento que el psiquiatra le indique para poder disfrutar de una buena calidad de vida y plantarle cara a su enfermedad con la mejor arma que tiene: su aceptación y comprensión.

Con la experiencia se dará cuenta de que hay determinadas situaciones a las que es vulnerable y que le pueden desencadenar una crisis esquizofrénica. En muchos casos son situaciones de estrés que otras personas, menos vulnerables, son capaces de hacer frente sin problema. Pueden ser tensiones emocionales o conflictos, como estar en contacto con muchas personas, cambiar de trabajo, de pareja, tener que hacer frente a más responsabilidades, vivir en un ambiente familiar crispado, consumir drogas o dejar de tomar la medicación. Conocer estos desencadenantes y aceptar su vulnerabilidad es el primer paso para evitar la aparición de las crisis que, por otro lado, nunca llegan sin avisar.

Cuando el comportamiento y el humor del afectado cambian, algo está empezando a fallar y es fundamental extremar los cuidados para prevenir la crisis o al menos prepararse para afrontarla de tal forma que genere el menor impacto posible. Es lo que se conoce como “pródromos” y puede servir de ayuda conocer algunos de ellos. Por ejemplo, de repente sus ritmos de sueño y de actividad cambian, se preocupa por circunstancias poco relevantes, permanece aislado o ensimismado durante más tiempo del habitual y abandona su cuidado y aseo personal.

Autocuidados

El enfermo de esquizofrenia ha de cuidarse a sí mismo (su peso, su pelo, su piel, su dentadura) para tener un cuerpo sano y una apariencia atractiva, practicar algún deporte, llevar una vida y una alimentación saludable y, en la medida de lo posible, ser autónomo. Así, desarrollará su autoestima y valorará más su vida. Ni es menos que los demás, ni tiene porque ser desdichado por el mero hecho de estar en tratamiento psiquiátrico. Ha de afrontar su situación con entereza, luchar por superar las dificultades y no sentirse derrotado de antemano. Con esta actitud y rodeándose de personas que le refuercen y estimulen adecuadamente el camino será mucho más fácil.

Le ayudará realizar determinadas actividades, ya sean laborales o de ocio, aunque para ello necesite al principio el apoyo de alguna persona que le acompañe en estas tareas. Lo mejor es que sean actividades que le llenen de satisfacción al comprobar que los demás valoran su labor.

En la actualidad, existen servicios de rehabilitación ocupacional y laboral para personas con trastornos mentales graves a los que se puede acudir en busca de ayuda. Además, en los Centros de Día y los clubes deportivos podrá realizar actividades con las que distraerse, divertirse, relacionarse y mejorar su condición física. Gracias a la integración laboral, el enfermo tendrá un apoyo más para recuperar la confianza en sí mismo y para convencerse de que merece la pena mantener el tratamiento y las personas del entorno comprenderán que los esquizofrénicos pueden tener un sitio en la sociedad.

Importancia de la familia

La familia tiene un papel fundamental en esta enfermedad y sin su apoyo es imposible que estas personas puedan salir adelante e integrarse en la sociedad. Si su propia familia le considera una persona enferma, incapaz de asumir responsabilidades y de comportarse con autonomía, si no estimula sus aficiones y habilidades, ni le ayuda a llevar una vida activa o si se implica tanto que intenta supervisar todos los aspectos de su vida, la enfermedad se agravará y es posible que los síntomas se incrementen.

Hay quien tiene dificultades para reconocer los estados de ánimo por los que pasa, identificar sus emociones y expresarlas adecuadamente. Si vive con una de estas personas, ha de ayudarle a sentir que controla en cierto modo su propia vida. Por ejemplo, puede ayudarle a saber cuándo se siente nervioso y mostrarle que un paseo puede devolverle la tranquilidad. Y es que el autocontrol emocional es muy importante para afrontar esta enfermedad: reconocer los estados de ánimo, aprender a combatirlos y prepararse para abordar situaciones desagradables.

Problemas de salud

Afortunadamente hay muchas personas que a pesar de su enfermedad luchan y logran sacarle partido a su vida. Todo gracias a que se dan cuenta de que con el tratamiento adecuado pueden tener aficiones, cuidar de sí mismos, vivir en familia e incluso trabajar y mantener relaciones afectivas. Pero para lograrlo su cuerpo también ha de estar sano, una meta que no han de perder nunca de vista, pues las personas con esquizofrenia tienen mayores posibilidades, en comparación con la población general, de contraer determinados problemas de salud.

Obesidad, tabaquismo, diabetes, enfermedades respiratorias o cardiovasculares, determinados cánceres, hipertensión arterial, colesterol y síndrome metabólico son enfermedades que pueden acompañar a la esquizofrenia y que reducen en un 20% la esperanza de vida de estas personas en comparación con el resto de la población. Si a ello se le suman las tasas de suicidio y los accidentes, otro gran problema, nos encontramos con que la tasa de mortalidad es el doble que en la población general. Riesgos, todos ellos, que se incrementan cuando la persona consume sustancias adictivas o vive en un ambiente de tensión y conflicto constante.

Tratamientos

La esquizofrenia es una enfermedad crónica por lo que la mayoría de los pacientes tienen que tomar la medicación durante toda la vida. Una de las principales barreras con las que se encuentra este trastorno es la adherencia al tratamiento, puesto que casi la mitad de las personas que lo padecen no toman los fármacos tal y como le ha indicado el psiquiatra o bien abandonan el tratamiento o no lo siguen regularmente, con lo que tienen más posibilidades de sufrir una crisis. Muchos afectados se sienten mejor y no los consideran importantes, otros sencillamente se olvidan, pero otros lo hacen para evitar pasar por los efectos secundarios que a veces provocan estos medicamentos, como disfunción sexual, sedación u obesidad.

La persona con esquizofrenia ha de concienciarse de que tiene que aprender a vivir con los “contras” de la medicación y el médico ha de dar con la manera de minimizar estos problemas. Por suerte, los nuevos antipsicóticos, conocidos como atípicos, tienen menos efectos secundarios, controlan mejor la enfermedad, en concreto la parte cognitiva, y permiten a la persona enferma tener mayor autonomía.

Pero aunque la medicación es el punto fundamental e imprescindible del tratamiento, ésta ha de complementarse con la atención a los problemas psicológicos por los que pasa la persona enferma, la rehabilitación psicosocial, ocupacional y laboral y el apoyo familiar. El éxito del tratamiento puede ser tal que si se comienza con él de forma precoz, cuando la enfermedad acaba de aparecer, se puede llevar una vida normal.

DIEZ COSAS QUE DEBEMOS SABER SOBRE LA ESQUIZOFRENIA

1 La esquizofrenia se puede tratar. Una de cada cuatro personas con esquizofrenia se recupera completamente en el plazo de cinco años y, en el resto, se pueden disminuir los síntomas y aumentar el bienestar en diferentes grados.

2 Las personas con esquizofrenia pueden alcanzar grandes metas, como el ganador del Premio Nobel y economista Joh Nash, el trompetista de jazz Tom Harrel y el guitarrista de Fleetwood Mac, Peter Green.

3 No tienen “desdoblamiento de la personalidad”. Aunque a veces pueden comportase de forma extraña, no se convierten repentinamente en una persona diferente.

4 En ocasiones, olvidan tomar la medicación que se les ha prescrito. Al hacerlo pueden provocar una recaída o la reaparición de síntomas.

5 Aunque parezca que los síntomas están bajo control, es vital seguir tomando la medicación y acudir a las sesiones de terapia. Una recaída puede dificultar que las personas con esquizofrenia recuperen su nivel anterior de bienestar.

6 Es extremadamente raro que las personas con esquizofrenia sean violentas o peligrosas.

7 Las personas con esquizofrenia tienen padres buenos, malos o simplemente, indiferentes, como cualquier persona. El hecho de tener la enfermedad no significa que sus progenitores sean peores que otros.

8 No son personas perezosas. La falta de energía es un síntoma de la enfermedad y puede tratarse en hospitales o centros de día.

9 Lo que estas personas ven o escuchan es absolutamente real para ellos, no importa lo increíble o irreal que sea para otros.

10 Cuidar a alguien con esquizofrenia puede tener su recompensa. Es cierto que es difícil, a veces, agotador y, casi siempre, frustrante. Pero ayudar a alguien a reconstruir su vida, ya sea un familiar, un profesional sanitario o un amigo, puede proporcionarle una inmensa satisfacción personal.

SI USTED PADECE ESTA ENFERMEDAD MENTAL, NO OLVIDE QUE…

La salud no es solamente la ausencia de enfermedad sino saber sacarle partido a la vida independientemente de las limitaciones que se puedan tener. Puede padecer esquizofrenia y al mismo tiempo disfrutar de una buena salud física y psíquica. Quizás no pueda trabajar o estudiar pero puede tener aficiones, realizar actividades que le hagan sentirse útil, disfrutar del cariño de los suyos y sentir su cuerpo fuerte y sano. Lo importante es que tenga autoestima, se valore y se cuide.

Y PARA LOS DEMÁS…

Recuerde que la esquizofrenia es una enfermedad mental y que mediante tratamiento farmacológico y psicológico se puede llevar una vida casi normal. Sepa que la salud mental de estas personas depende del estilo de vida que decidan escoger y nosotros les permitamos seguir, así como de la calidad de las relaciones afectivas que tengan. Solo mediante la confianza, la tolerancia, la comprensión y el apoyo podremos conseguir la integración de estas personas en la sociedad.

FUENTES: “Cómo afrontar la esquizofrenia” Una guía para familiares, cuidadores y personas afectadas y “Descubre un nuevo camino”, ambas elaboradas, entre otros, con el apoyo de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES).