El 29 de octubre se celebra el Día Mundial de la Psoriasis, una enfermedad crónica de la piel, no contagiosa, que afecta a, aproximadamente, 650.000 personas en España.

La manifestación más habitual de esta afección es la aparición de lesiones cutáneas de tamaño variable, enrojecidas y frecuentemente recubiertas de escamas. Puede aparecer a cualquier edad, aunque suele iniciarse entre los 15 y 35 años. Se manifiesta en cualquier área del cuerpo, aunque es más frecuente en el cuero cabelludo, codos, rodillas, manos y pies. Ocasionalmente, además de la piel, también puede afectar a las articulaciones en aproximadamente un 20% de los casos.

La psoriasis se clasifica como leve, moderada o grave, dependiendo del porcentaje de superficie corporal afectada y del impacto en la calidad de vida del paciente. Algunas personas experimentan tan sólo una erupción moderada, pero otras experimentan erupciones de diferente gravedad. En los casos más severos, la psoriasis provoca un fuerte impacto en la vida cotidiana de los afectados por diversas razones: por las molestias físicas que produce, por el tiempo que lleva aplicarse los tratamientos tópicos y por la alteración estética visible que repercute en sus relaciones personales, sociales y laborales, causando en frecuentes ocasiones rechazo o autoexclusión social.

¿Qué la produce?

La piel se compone de una fina capa externa llamada epidermis formada por células aplanadas en renovación permanente. En la piel sana existe un equilibrio en el ritmo de desprendimiento de las células y su reemplazo por las células nuevas. este proceso se llama renovación celular y tarda aproximadamente 1 mes. En la psoriasis hay, en cambio, un desequilibrio que lleva a una mayor velocidad con la que migran las células de reemplazo hacia la superficie, reduciéndose este proceso a tan solo unos 4-5 días. Este hecho provoca la acumulación de células muertas y, como consecuencia, la aparición de las lesiones.

No se conoce la causa exacta de este trastorno, aunque se sabe que existe una implicación de los linfocitos T, células del sistema inmunológico que se activan indebidamente, causando la activación de otras respuestas inmunes que conllevan al rápido reemplazo celular en la piel. Asimismo se conoce una predisposición genética. de hecho, un tercio de los afectados tiene antecedentes familiares. Además, se cree que algunos factores pueden influir para que una persona predispuesta desarrolle la enfermedad. Estos factores son el estrés emocional, lesiones dermatológicas (traumatismos, heridas, quemaduras solares), las infecciones cutáneas, los cambios hormonales (menstruación, embarazo, menopausia) y el consumo de alcohol y de algunos medicamentos.

Distintos tipos

” Psoriasis en placas. Es la forma más frecuente, en forma de placas bien delimitadas de pocos milímetros hasta varios centímetros de diámetro. Si las placas cubren mucha superficie se habla de psoriasis generalizada. Usualmente las placas aparecen primero en las rodillas, los codos, en el cuero cabelludo o detrás de las orejas, pero pueden presentarse en cualquier otra parte del cuerpo.

Psoriasis en los pies y manos (palmoplantar). Aparece en manos y/o pies. Si no hay otras lesiones en el resto del cuerpo puede ser difícil diagnosticarla. La psoriasis en las manos puede dificultar la relación social y la de las plantas de los pies puede ocasionar problemas en la locomoción.

Artritis psoriásica. Es una inflamación de las articulaciones que aparece en nuestro país en, aproximadamente, un 20% de los afectados de psoriasis. Puede darse con o sin afectación cutánea, antes o después de aparecer las señales de psoriasis en la piel.

Psoriasis en las uñas. Es muy variable, pero afecta a muchísimos psoriásicos. de hecho, algunas personas sólo tienen este síntoma.

Psoriasis de cuero cabelludo. Es muy habitual. Se confunde con el eczema seborreico, aunque la escama no es grasienta, es más difícil de desprender y no ocasiona pérdida irreversible del cabello.

Psoriasis de la cara. Es poco frecuente y difícil de tratar, ya que la piel de la cara es más delicada y los tratamientos tópicos pueden producir irritación u otros efectos secundarios.

Psoriasis invertida. Es la que aparece en los pliegues de la piel (axilas, pubis, ingles, pechos, etc.). Su presentación es rara.

Psoriasis en gotas. Las lesiones son pequeñas y numerosas, “como gotas” distribuidas por todo el cuerpo. Es más frecuente en niños y jóvenes y suele aparecer tras una infección por estreptococos (bacterias) en las vías respiratorias superiores.

Psoriasis pustulosa. Es una complicación grave y poco habitual. Sobre las placas brotan vesículas cuyo contenido es purulento (pústulas) sin que se deba a infecciones.

¿Qué puede empeorar la psoriasis?

Las lesiones o un brote de esta enfermedad pueden ser desencadenados por factores psicológicos como la ansiedad, el estrés y la depresión, o el clima frío, las infecciones, las quemaduras térmicas y solares y las heridas o golpes en la piel. En este sentido, una de las medidas de prevención es evitar cualquier herida o rozadura y tomar precauciones al practicar deportes o en el trabajo.

Los productos de limpieza del hogar, como detergentes, jabones y limpiadores no deben manipularse con las manos al descubierto. También existe un grupo de medicamentos que puede empeorar o desencadenar la enfermedad. Por esta razón, antes de tomar cualquier fármaco se debe consultar al médico y comentarle que se tiene psoriasis por si estuviera contraindicado.

Tratamiento

La psoriasis no tiene cura, pero los tratamientos disponibles permiten su control o incluso la desaparición temporal de las lesiones. El hecho de que la enfermedad sea crónica no significa que no se pueda hacer nada y es importante que el afectado sepa que actualmente existe una amplia diversidad de tratamientos que permiten controlar la enfermedad y cuyo objetivo inicial es librar la piel de lesiones durante un período de tiempo lo más largo posible (lo que se llama “blanquear” o “aclarar” las lesiones) o incluso conseguir su remisión.

Cada individuo afectado tiene su particular psoriasis y la terapia que puede ser útil a unos, puede que no sirva o incluso vaya mal a otros. Por este motivo el tratamiento debe ser personalizado para cada afectado dependiendo del tipo de psoriasis, de la gravedad de la enfermedad, del estilo de vida y la edad del paciente y de si padece otras enfermedades.

Los tratamientos de la psoriasis se agrupan principalmente en tópicos (se aplican en la piel en forma de ungüentos, cremas, emulsiones, lociones, etc.), sistémicos (se toman vía oral o se administran mediante inyecciones) y fototerapia (exposición a la luz ultravioleta). Todas estas modalidades terapéuticas pueden administrarse solas o combinadas dependiendo de la gravedad del caso.

Cada día se incorporan nuevos fármacos para el tratamiento de esta enfermedad. Es el caso de los novedosos tratamientos biológicos, fármacos fabricados con proteínas mediante biotecnología. Se administran por vía subcutánea o intravenosa y se han diseñado gracias a un conocimiento más profundo de las causas y mecanismos de la enfermedad, dada la necesidad de hallar tratamientos más seguros y eficaces a largo plazo. Las terapias biológicas son ya el presente del tratamiento de la psoriasis y han mejorado la calidad de vida de los pacientes porque se trata de fármacos eficaces y con un mayor perfil de seguridad que los tratamientos convencionales empleados clásicamente.

FUENTES: Academia Española de Dermatología y Acción Psoriasis.