Los diabéticos que son derivados a los servicios de Endocrinología son pacientes habitualmente con mal control o con complicaciones tanto macro como microvasculares que precisan un control más estricto y los que presentan varios factores de riesgo cardiovascular o los que ya han tenido un episodio cardiovascular: un infarto de miocardio o una angina de pecho. Cuando se sospecha que existe una LADA o por dificultad en la petición de estudio inmunológico para confirmar el diagnóstico también se derivan. En la mayor parte de los casos, estos suelen ser pacientes pluripatológicos que, en ocasiones, por el componente psicógeno que asocian descuidan aspectos farmacológicos o dietéticos, pese a la atención que reciben por parte de Enfermería y del médico en Atención Primaria.

El Ministerio de Sanidad, mediante su Guía de Práctica Clínica sobre Diabetes tipo 2 y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) coinciden en la necesidad de organizar la actuación conjunta entre Atención Primaria y Atención Especializada. Los principales criterios son: mal control metabólico, a pesar de modificaciones terapéuticas, complicaciones inherentes a la enfermedad a al tratamiento, sospecha de diabetes específica (genéticos, enfermedades del páncreas endocrino, endocrinopatías), diabetes tipo 2 con obesidad mórbida, embarazo y planificación de embarazo en una mujer diabética, control del metabolismo lipídico y pro una segunda opinión por parte del paciente.

Enfermos, no enfermedades

Por el contrario, es raro derivar a pacientes recién diagnosticados de diabetes tipo 2 por mal control, ya que que se hace de una forma estricta y la mayoría de los pacientes se han detectado en fases muy precoces. En la derivación a Endocrinología hay que tener en cuenta una serie de factores, como son la capacidad de cambio tanto en el cumplimiento del tratamiento como en  la mejora de su expectativa de calidad de vida, ya que se tratan enfermedades si no enfermos y se deben adaptar los  tratamientos y objetivos tras evaluar al paciente desde el punto de vista biopsicosocial y clínico.

Por lo general, todos los casos de diabetes 2 se diagnostican y tratan en las consultas de primaria, incluyendo a los insulinizados, siempre que se consiga un perfecto control glucémico y no coexistan criterios de derivación urgente, hospitalización o derivación para un control más estricto, como puede ser por insuficiencia renal avanzada. En este grupo también se encuentran las gestantes que sean diabéticas conocidas, de nuevo inicio o diabética gestacional; es recomendable que las siga un endocrinólogo.

En la mayoría de los casos tras diagnóstico de DM2, el tratamiento dietético y farmacológico, junto con el seguimiento se realiza desde Atención Primaria. Solo en aquellos casos que con sospecha de origen especifico como endocrinopatías asociadas, enfermedades pancreáticas, causas genéticas, embarazo en el momento de diagnóstico, mal control glucémico o no respuesta a tratamientos iniciales con antidiabéticos orales o si asocian otros factores de riesgo cardiovascular como obesidad mórbida o dislipemia familiar serían derivados a Atención Especializada.

Unidades de atención a la persona con diabetes

Por eso, el tratamiento de los pacientes diabéticos tiene que ser multidisciplinar, donde se integre la atención de los médicos de Primaria y los de Especializada. En este contexto, los endocrinólogos dicen que su es fundamental para dirigir el tratamiento de los pacientes tanto tipo 1 como tipo2 e indicar las evaluaciones de otros especialistas que sean necesarias. A estos especialistas hay que añadir la colaboración de los oftalmólogos, cardiólogos, neurólogos y nefrólogos. Los especialistas apuestan por unidades de atención a la persona con diabetes. Debido a la presión asistencial y a la falta de recursos materiales es un objetivo por cumplir. Los endocrinólogos apuestan por la colaboración con la industria farmacéutica, que puede apoyar una mejor atención a los pacientes con diabetes, a través de la investigación y del apoyo a programas de educación.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores José Luis Collada Jiménez, Ana Parrella Martín-Gamero, Susana Berbel  León, Pilar Lasala López y Esther Avalos Galán, del Centro de Salud Gregorio Marañón, de Alcorcón; Beatriz Moreno González, Gabriel Vázquez Perfecto, Begoña García Ortega, Jesús Roca Chillida, Antonio Santoyo Rodríguez, Loreto Saiz Monzón, Carlos Yagüe Alameda, Raquel Collados Navas, Elvira Rubio Benito, Luis Domingo Tellería Sebastián, médicos de Atención Primaria en el Centro de Salud Luengo Rodríguez, de Móstoles; Mariano Crespo Peña, Yolanda Fernández Martín, Pilar López Morandeira, Estrella Robles Fernández y Alejandra Rabanal Carrera, médicos de Atención Primaria en el Centro de Salud Villaamil, y Rosa Mary Baldonedo Costoya, José Manuel Badenas Sierra y Mª Ángeles Saavedra Blanco, endocrinólogos.