Un índice de masa corporal elevado es un factor de riesgo importante de enfermedades no transmisibles, pero también puede predisponer a más diseminación viral y, por tanto, a una mayor exposición al virus. Por eso, investigadores de la Universidad de Texas en San Antonio y la Universidad de Wisconsin-Milwaukee han examinado si el exceso de peso corporal está asociado con tasas altas de mortalidad por COVID-19 en todo el mundo. Así hasta concluir que la Salud Pública y la regulación de la industria alimentaria deben ir de la mano.

Un estudio publicado en la revista Cell ya reveló que la arquitectura molecular del SARS-CoV-2 puede estar relacionado con el peso corporal. Otra investigación, publicada en Nature, informó de que el riesgo de morir por COVID-19 estaba relacionado con el sobrepeso. Tras estudiar la literatura médica relevante, y partiendo de la “hipótesis razonable” de este vínculo, los autores procedieron a realizar el primer análisis de una asociación plausible entre la mortalidad por COVID-19 y la proporción de sobrepeso en casi 5.500 millones adultos de todo el mundo. El nuevo trabajo ha sido publicado en Public Health in Practice.

“El principal hallazgo del análisis es una asociación positiva estadísticamente significativa entre la mortalidad por COVID-19 y la proporción de sobrepeso en poblaciones adultas que abarcan 154 países”, explica el investigador principal, Hamid Beladi. “Esta asociación se mantiene en países que pertenecen a diferentes grupos de ingresos y no es sensible a la edad media de una población, la proporción de ancianos y la proporción de mujeres”.

La proporción de sobrepeso en el país influye

Entre otros resultados, también han visto que el individuo promedio tiene menos probabilidades de morir de COVID-19 en un país con una proporción relativamente baja de sobrepeso en la población adulta, en igualdad de condiciones, que en un país con una proporción relativamente alta de sobrepeso.

En promedio, observaron que cada incremento de un punto porcentual en la proporción de sobrepeso de las poblaciones adultas contribuye a un 3,5 por ciento adicional de la mortalidad por COVID-19 en los países de ingresos altos.

Los autores del estudio indican que, clínicamente, el exceso de peso corporal está relacionado con varias comorbilidades que pueden conducir a un curso cada vez más severo y, por tanto, a la muerte por COVID-19. Por ejemplo, los trastornos metabólicos (como la hipertensión, la resistencia a la insulina, la dislipidemia o la prediabetes) pueden predisponer a que las personas tengan un peor resultado de COVID-19. Y dado que el exceso de peso corporal puede resultar en un mayor volumen y una mayor duración del contagio, también puede conducir a un mayor nivel de exposición al coronavirus.

Regulación de los alimentos procesados  

Los autores consideran que la asociación positiva entre la mortalidad por COVID-19 y la proporción de sobrepeso en la población adulta de un país “es alarmante”, por lo que creen estos hallazgos pueden usarse para mantener las regulaciones de políticas públicas sobre la industria alimentaria.

“Es importante centrar la atención en la industria alimentaria, que se ha beneficiado de la venta de productos que a menudo son ultraprocesados, ricos en sal, azúcar y grasa saturada hasta un punto que puede conducir a una acumulación de exceso de peso corporal que agrava las fatales consecuencias del COVID-19”, aseguran los autores.

“Como subraya la Organización Mundial de la Salud -prosiguen- las empresas deben reducir el contenido de grasa, azúcar y sal de los alimentos y bebidas procesados ​​y asegurarse de que las opciones saludables y nutritivas estén disponibles y sean asequibles para todos los consumidores. Por el contrario, algunas empresas de la industria alimentaria se han tomado la libertad de utilizar la pandemia como plataforma de marketing de formas que conducen a limitar el peso corporal”.

El número de muertos por la pandemia actual, que supera ya los 4,55 millones, y los principales hallazgos del grupo “exigen” regulaciones inmediatas y efectivas “que se debieron desde hace mucho tiempo”, concluye Beladi. La asociación, añade, sirve “como advertencia para no poner más vidas en juego”.