Investigadores de la Universidad Martin Luther Halle-Wittenberg (MLU), el Hospital Alfried Krupp en Essen y la Universidad de Witten/Herdecke (Alemania) han desarrollado un enfoque para diferenciar entre tumores benignos y malignos de páncreas.

Publicado en la revista ‘ACS Pharmacology & Translational Science’, en el trabajo los expertos buscaron un biomarcador en la sangre humana que pudiera actuar como una especie de sistema de alerta temprana, y eligieron la proteína albúmina, que se encuentra en grandes cantidades en la sangre.

Y es que, se sabe que diferentes tumores alteran la forma en que funciona en el cuerpo de diferentes maneras. Una de las funciones de la albúmina es transportar ácidos grasos al interior de las células. Dado que la estructura espacial de una proteína determina la forma en que funciona, los investigadores plantearon la hipótesis de que debería ser posible detectar pequeños cambios estructurales en la proteína en pacientes enfermos.

Utilizando espectroscopia de resonancia de espín electrónico (EPR), los químicos de MLU examinaron el suero sanguíneo de personas con un tumor pancreático benigno o maligno y, a modo de comparación, también muestras de personas sanas. En lugar de realizar un análisis estructural completo de la proteína, el equipo de MLU examinó la capacidad de la proteína para unirse a dichos ácidos grasos.

“En el laboratorio utilizamos ácidos grasos especiales modificados con sondas cuyo movimiento podría rastrearse utilizando EPR. Luego añadimos estos ácidos grasos en diferentes concentraciones al suero del paciente, incluida la albúmina. Esto permitió reconstruir cuántos ácidos grasos se unían a la albúmina en qué sitios específicos, identificar cómo era el entorno directamente alrededor de los sitios de unión y determinar las distancias entre los ácidos grasos. Con este enfoque pudimos generar una imagen muy precisa de la estructura espacial y la dinámica de la proteína en el trabajo”, han detallado los expertos.

De hecho, los científicos pudieron identificar diferencias específicas entre los grupos de pacientes individuales a partir de una cierta proporción de ácidos grasos: los patrones de espaciamiento y el entorno local de los ácidos grasos fueron algo diferentes en los pacientes con cáncer que en aquellos con un cáncer benigno.

“Los cambios estructurales fueron mínimos. Sin embargo, las diferencias son lo suficientemente grandes como para distinguir entre las diferentes muestras, en otras palabras, para establecer si se trata de un tumor benigno o maligno”, han zanjado.