El asma por frío y la alergia al frío aparecen por una exposición a las bajas temperaturas propias del invierno, pero son dos patologías distintas que se manifiestan de forma diferente. La crisis de asma es una reacción que provoca el frío en las vías respiratorias hipersensibles y la alergia al frío es una afección dermatológica que, en casos severos, puede afectar también a las vías respiratorias. Distinguirlas es esencial para su correcto manejo.

Las personas asmáticas tienen las vías respiratorias hipersensibles y con la inhalación del aire frío se resecan y se contraen, lo que explica el empeoramiento de esta patología durante el invierno, explica el doctor José Manuel Sánchez Gómez, del Centro de Salud El Viso de El Alcor, en Sevilla. Para una persona con asma respirar aire frío por la boca provoca una constricción de las vías respiratorias que puede desencadenar una crisis.

La inhalación de aire frío puede conducir a la sequedad de las vías respiratorias, tanto directa como indirectamente. “Esto es así porque el aire frío suele ser seco, lo que hace disminuir la humedad de las mucosas de la vía respiratoria provocando esa sequedad e irritación”, indica la doctora Patricia Ávila Pecci, del Centro de Salud de Sanlúcar La Mayor, en Sevilla.

Respirar por la boca

Por otro lado, −continúa la especialista− las bajas temperaturas suelen favorecer la congestión nasal provocando la respiración por la boca, lo que evita la humidificación y el calentamiento de ese aire que se produce al respirar por la nariz. “Un proceso que favorece la inflamación e hiperreactividad bronquial”, concluye.

Más específica es la doctora Aurora María Mena Morales, del Centro de Salud de Badolatosa, en Sevilla, al explicar que: “cuando hace mucho frío y se respira por la vía oral, se incrementa la broncoconstricción y la consiguiente dificultad respiratoria y disnea. Además, el aire al no pasar por la nariz no se humedece por lo que su inhalación por la boca contribuye a los espasmos y la inflamación de mucosas”.

Finalmente, agrega la experta, el aire frío también estimula la producción de histamina que desencadena sibilancias y dificultad respiratoria. “Tampoco hay que olvidar que el frío aumenta la mucosidad, que se vuelve más gruesa y pegajosa alterando la capa protectora de las vías respiratorias, de este modo las sustancias nocivas que entran con el aire helado también pueden causar directamente una crisis de asma.

¿Asma o alergia al frío?

Cómo diferenciar una crisis de asma de una alergia producida por la inhalación de aire muy frío es importante. En este sentido, la nariz juega un papel fundamental, ya que protege a las vías respiratorias frente al aire frío y/o contaminado.

La alergia al frío o urticaria a frigore es una afección dermatológica bastante desconocida que afecta a ciertas personas cuando se exponen a temperaturas muy bajas o bien a cambios bruscos de termostato. En la mayoría de los casos se manifiesta mediante la aparición de ronchas en la piel que provocan sensación de quemazón y picor, aunque hay casos más severos con hinchazón de labios y garganta al ingerir productos fríos e incluso problemas respiratorios, indica el doctor José Luis López Bocanegra, del Centro de Salud Villanueva del Ariscal.

Esas situaciones térmicas hacen que el organismo libere histamina y otras sustancias en la sangre que causan la aparición de esos síntomas cutáneos. Esta afección suele aparecer en niños, adolescentes y menores de 30 años expuestos a temperaturas por debajo de los 4°C, si bien no es la única causa, dice el experto. El contacto con objetos fríos, los cambios bruscos de temperatura, las inmersiones en agua fría o el consumo de productos refrigerados o congelados también pueden producir este tipo de reacción, indica el doctor López Bocanegra.

Juan Larios Rodríguez, médico en el Centro de Salud de Camas, en Sevilla, indica que “aunque se manifiesta en eritema con la aparición de habones y prurito, no se puede descartar una reacción más sistémica y grave con la afectación de otros órganos. Su tratamiento suele ser a base de antihistamínicos (anti-H1) o, incluso, corticoides sistémicos (orales o parenterales) y tópicos”, explica.

¿Es aconsejable hacer deporte con frío?

Volviendo a las crisis de asma provocadas por el frío, la doctora Dolores Romero Zarco, del Centro de Salud Valencina de la Concepción, en Sevilla, apunta que es importante tener presente que el ejercicio o entrenamiento físico muy intenso a baja temperatura (-15°C ) puede empeorar el asma en caso de protección insuficiente, “ya que implica una inhalación directa demasiado importante de aire helado en las vías respiratorias”, asevera.

Sin embargo, recuerda que la actividad deportiva “mejora el estado físico y la capacidad de controlar el asma, por lo que las personas con asma pueden participar en esas actividades de manera regular pese al frío”, insiste.

Para ello, deben “protegerse la nariz y la boca contra el frío y administrarse una adecuada cantidad de fármacos preventivos. También se debe adaptar individualmente el entrenamiento y evitar practicar deporte por debajo de los -10°C”, añade.

El doctor Francisco Javier Valseca Soto, del Centro de Salud Castilblanco de los Arroyos, en Sevilla, resalta que, en cualquier caso, son más los beneficios del deporte que los riesgos, pero siempre siguiendo una serie de recomendaciones.

Cómo evitar crisis de asma por frío

Según este especialista, es esencial que estos pacientes se vacunen contra la gripe y se laven las manos con frecuencia. “Deben hidratase bien y hacer ejercicio en espacios cerrados, utilizar bufanda para cubrirse la boca de modo que se caliente el aire antes de inhalarlo, mantenerse alejado de la chimenea y los ambientes con humo y tener un plan de acción listo”, enumera.

Este último punto es especialmente importante, recuerda el doctor, “tener un plan específico que incluya: tener a punto las recetas de los medicamentos necesarios, identificar las sustancias o actividades que le puedan causar brotes y tener a mano los medicamentos y el plan pautado por su médico”.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores: Aurora María Mena Morales, Dolores Romero Zarco, José Manuel Sánchez Gómez, Antonio Mateos Baco, Francisco Javier Valseca Soto, Juan Luis López Bocanegra, Juan Larios Rodríguez, María Bitar Blázquez y Patricia Ávila Pecci.