Fruto del trabajo de un equipo multidisciplinar formado por médicos de urgencias extra e intra hospitalarias, neurólogos y neuropediatras ha visto la luz el ‘Consenso para el tratamiento del paciente con crisis epiléptica urgente’. Se trata de un documento que trata de unificar el manejo urgente de los pacientes con crisis epilépticas y consensuar unas recomendaciones comunes a tener en cuenta en los protocolos de actuación.

El consenso surge ante la necesidad de tener unas normas claras  y homogéneas sobre la atención urgente de las crisis epilépticas tanto a nivel extra como intrahospitalario, con el objetivo de alcanzar una atención rápida y eficiente de los pacientes. No hay que olvidar que la duración de las crisis epilépticas está directamente relacionada con su pronóstico.

Hasta la fecha, las guías existentes y la práctica clínica no siguen las mismas recomendaciones de cómo actuar en los primeros momentos incluyendo tratamientos y traslados a centros sanitarios, de ahí la relevancia del actual consenso que trata de homogeneizar las medidas a considerar.

En la elaboración del documento han contribuido especialistas de la Sociedad Española de Epilepsia (SEEP), la Sociedad Española de Urgencias y Emergencias (SEMES) y la Sociedad Española de Neurología (SEN) comprometidos con la atención clínica, la docencia y la investigación.

“Este consenso supone un paso importante hacia la homogeneización de las medidas en la atención urgente  de las crisis epilépticas por todos los profesionales implicados, incluyendo los médicos de emergencias extra-hospitalaria, con la idea de facilitar y agilizar el tratamiento precoz en las personas en riesgo que lo necesiten”, subraya la doctora Irene García Morales, neuróloga del Hospital Clínico San Carlos en Madrid.

Crisis epilépticas urgentes

Una de las grandes novedades que surgen del consenso es la creación del concepto de crisis epiléptica urgente con el fin de identificar a los pacientes que requieren de una atención sanitaria prioritaria.

Según el documento, se consideran crisis epilépticas urgentes en tres situaciones. Una de ellas es cuando se cumplen los criterios de estado epiléptico: actividad epiléptica continua que no cede por sí sola y se asocia a un 20% de mortalidad de los pacientes a corto plazo.

Por otro lado, están  las crisis en acúmulos, es decir, aquellas que se repiten dos o más veces a lo largo de 24 horas o las que se dan con una frecuencia inusual en el paciente del que se trate. Y, finalmente, las crisis de alto riesgo. Estas últimas se refieren a las crisis epilépticas, según se apunta en el documento, que  tienen riesgo de convertirse en crisis recurrentes o en  un estado de mal  epiléptico.

Crisis epilépticas de alto riesgo

En el nuevo documento de consenso, para definir las crisis epilépticas de alto riesgo, los especialistas identifican otras variables a tener en cuenta en la atención urgente de las crisis que, hasta ahora, no se habían apreciado.

Se incluye en este grupo a pacientes que acuden con una primera crisis, a las crisis que se producen en mujeres embarazadas, y también los casos en los que exista una mala adherencia al tratamiento, entendiendo como tal los pacientes que lleven más de 24 horas sin tomar la medicación. En este grupo también se incluyen a las personas que durante la crisis presenten fiebre, las que tengan comorbilidad psiquiátrica grave y cuando se produzcan complicaciones asociadas a las crisis como broncoaspiración, traumatismo craneal o quemaduras.

“La importancia radica en que atendiendo precozmente a estos pacientes se reduce la duración de las crisis, se mejora la identificación de crisis sutiles o estado de mal epiléptico focal que puede pasar desapercibido y, por tanto, se evita que estas situaciones se perpetúen en el tiempo, dificultando por tanto el control de las mismas y evitando tratamientos más agresivos”, explica el doctor Estevo Santamarina, neurólogo del Hospital Vall d’Hebron, en Barcelona.

Escalas para crisis de alto riesgo

Para facilitar la identificación y el manejo de los casos considerados urgentes de una forma objetiva y homogénea, en el consenso se facilitan una serie de escalas de pronóstico a tener en cuenta en los servicios de Urgencias. Son herramientas de gran utilidad hospitalaria entre las que señala tres: la de ADAN, la STESS modificada y la RACESUR.

La escala de ADAN, es una nueva escala basada en características clínicas de los pacientes y que es muy válida a la hora de identificar a los pacientes que se consideran de riesgo de desarrollo de status, la escala STESS (Status Epilepticus Severity Score) modificada que permite predecir la mortalidad del paciente tras su ingreso en el centro sanitario, y la escala RACESUR que identifica casos de alto riesgo que pueden tener un mal pronóstico en un periodo de 30 días posterior a recibir el alta hospitalaria.