Algunos de los ejemplos conocidos de dieta saludable son el patrón de la dieta mediterránea y el de la dieta nórdica. Ambas se caracterizan por su riqueza en alimentos de origen vegetal y bajos en alimentos de origen animal. Ambas tienen un impacto ambiental menor que la mayoría de dietas actuales.

Una dieta saludable es importante para la mejora de la salud. Este artículo publicado recientemente trata la optimización de la dieta nutricional, no solo para la mejora de la salud cardiovascular y las enfermedades crónicas, sino también para la mejora de la salud del planeta. Una perspectiva adicional del concepto One Health (“Una Sola Salud”).

Alimentación sostenible

Además del impacto en la salud, la dieta tiene un impacto en el medio ambiente y es preciso lidiar con los desafíos ambientales, especialmente en un contexto de crecimiento de la población mundial.

Según el estudio, los sistemas de producción de alimentos están asociados con el 25% del efecto invernadero mundial, el 80% de la pérdida de biodiversidad, el 70% de las extracciones de agua para riego y el 40% del uso del suelo.

De todos los alimentos, el consumo de carne roja tiene el mayor impacto negativo en el medio ambiente por las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso de la tierra. Le siguen otros animales como el pescado. Desde una perspectiva ambiental, la pesca de peces salvajes es un problema importante para la pérdida de biodiversidad, con alrededor del 60% de las poblaciones de peces del mundo totalmente explotadas y más del 30% de sobrepesca.

Dieta saludable

Una dieta a base de vegetales implica un menor impacto ambiental que una dieta a base de alimentos de origen animal. Desde un punto de vista de la salud humana y planetaria es importante tener en cuenta los productos de temporada, preferiblemente cultivados localmente y evitar su desperdicio. La reducción del desperdicio de alimentos contribuye a reducir el impacto ambiental.

En este sentido, las dietas nórdica y mediterránea son buenos ejemplos de dietas adaptadas a la situación local, con respeto a la disponibilidad de alimentos y hábitos alimenticios.

Los componentes de una dieta saludable son las frutas, las verduras, las legumbres, los frutos secos, los cereales integrales, el pescado, los lácteos bajos en grasa y los aceites vegetales.

Es importante evitar los alimentos procesados, así como el azúcar o la sal. Según los autores del estudio, nuestro entorno alimentario estimularía el consumo excesivo, provocando la «epidemia de la obesidad» y contribuyendo a nuestra huella ecológica.

El estudio reflexiona acerca de las barreras hacia una situación más saludable, puesto que las personas con una posición socioeconómica baja tienen una mayor dificultad para acceder a las frutas y verduras frescas, que son relativamente más caras.

Los autores concluyen que los cambios en la dieta no son solo individuales, sino que son también sociales. Las medidas políticas deben contribuir a que la elección más saludable sea la más fácil. La industria por su parte, puede contribuir de manera importante para reducir el consumo de azúcar, sal y grasas de los productos.