La sociedad demanda tener una vida sexual activa como parte de su calidad de vida. También en una edad avanzada o ante la aparición de una patología. Por ello, si bien la salud sexual antes parecía una demanda de segundo orden, ahora cada vez es más necesario su abordaje desde las consultas. En este contexto es clave contar con los sexólogos clínicos, tanto en la derivación de casos complejos, como para la formación básica y necesaria de los propios especialistas.

La sexualidad es ahora un tema mucho más abierto y del que la población dispone más información. ¿Hay más conciencia de que es también un factor a tener en cuenta en nuestra salud?

Efectivamente, cada vez se ha generalizado más esta idea. Desde 1975 que la OMS definió la salud sexual han pasado muchos años. Empezamos primero incluyendo la actividad sexual como indicador positivo en los estudios de calidad de vida. Actualmente hay evidencia científica clara de la importancia de disfrutar de una sexualidad satisfactoria como un elemento de bienestar, de cómo la funcionalidad sexual mejora la mayoría de sistemas corporales y de cómo nos avisan de ciertos riesgos de enfermedades cuando aparecen síntomas de disfunción. Por ejemplo, es el caso de los problemas de erección masculina o problemas de excitación femenina y el riesgo cardiovascular. También aconsejamos la actividad sexual para el mantenimiento y prevención de problemas genitales como en el caso del síndrome genitourinario de la menopausia, sin olvidar los efectos beneficiosos sobre la salud mental.

Teniendo todo esto en cuenta, ¿se ha traducido en que la población acuda con más normalidad al psicólogo o al sexólogo para abordar sus dificultades con la sexualidad como acude a cualquier otro especialista?

El sexólogo o sexóloga es un profesional que cada vez es más conocido, aunque mucho menos utilizado de lo que se necesitaría. Sin embargo, sigue existiendo confusión entre los pacientes y los propios sanitarios. No todos los profesionales de la Sexología son sexólogos clínicos, que son lo que atienden las disfunciones sexuales, ni lo son los psicólogos o médicos si no se han formado específicamente para ello. Por lo tanto, creo que es muy importante esta clarificación para favorecer que las personas con disfunciones sexuales puedan ser bien orientadas y atendidas.

Al igual que pasa con las pseudoterapias, ¿hay en este ámbito la necesidad de definir mejor las terapias con evidencia y de perseguir el intrusismo profesional?

Efectivamente, uno de los problemas de la sexología es la intrusión de personas sin formación. Especialmente a través de redes sociales, etc., captan a personas para realizar “terapias” no regladas, por así decirlo. Desde la FESS llevamos tiempo trabajando en la necesidad de que se haga un grado de Sexología con especialización en la parte clínica o educativa. Llevamos también tiempo trabajando en la posibilidad de un colegio profesional específico, aunque todavía no tenemos ningún resultado en ninguno de los dos casos. Sí que es cierto que disponemos de formación universitaria de máster de Sexología, másteres algunos oficiales y otros propios que se hacen desde diferentes universidades del territorio.

Y ante esta situación, ¿cómo se trabaja el ámbito de la Sexología desde la Sanidad Pública? ¿Existe la posibilidad de realizar interconsultas, derivaciones, etc.?

Sin duda cada vez hay más coordinación y derivaciones, pero siguen siendo muy escasas. Desafortunadamente las derivaciones entre profesionales suelen hacerse más desde el ámbito de la Sanidad privada, ya que en la Sanidad pública hay muy pocos servicios específicos de terapia sexual. Sí hay de información y educación sexual, pero sigue siendo predominante el ámbito de la salud reproductiva. Por todo ello, nos hemos vuelto a reunir con la Estrategia de Salud Sexual, que estuvo parada diez años, aunque con la pandemia se ha vuelto a interrumpir. Dentro de esta estrategia una parte es la de buenas prácticas, otra la de formación a profesionales y otra de atención clínica. En esta última lo que se pretendía es que haya servicios en la pública no solo de educación y asesoramiento, también de terapia. Hay algunos ejemplos en algunas CC.AA. Quizás Valencia donde sí que existen sexólogos en servicios públicos de una manera más generalizada.

Ante la falta de sexólogos en el ámbito público, ¿cómo pueden manejar estas cuestiones y demandas los profesionales sanitarios?

La clave es que los sanitarios tuvieran una formación mínima, especialmente en Atención Primaria, incluyendo enfermería, médicos de familia y pediatras. No tienen por qué ser muchas horas. Hace tiempo planteamos unos cursos con Ginecología y con matronas de 20 horas en counseling de sexualidad humana. La idea es tener una formación básica de la respuesta sexual humana, cómo se manifiesta a lo largo de las diferentes áreas vitales, los problemas más frecuentes, qué patologías pueden afectar a la sexualidad de forma más frecuente. También, y esto es muy importante, sobre cómo abordar el tema de la sexualidad en consulta, especialmente cómo preguntar y facilitar que se pregunte para facilitar la demanda. Si esa información básica no es suficiente, ya se plantearía la derivación. Para ello habría un servicio específico de terapia sexual de referencia por área sanitaria o cómo estuviera coordinado. Es cierto que todo esto está ahora parado por el tema de la pandemia, pero los profesionales debemos seguir insistiendo en que el tema de la educación sexual es clave porque aborde temas tan diversos como la prevención del maltrato, con la educación por la igualdad, el respecto, etc.

¿Por qué sería importante atender este tipo de demandas también desde la Sanidad pública?

Para ver la importancia de este problema solo hace falta ver las cifras de algunas de las enfermedades más prevalentes. Por ejemplo, las personas hipertensas y diabéticas crónicas y con tratamiento van a tener sobre todo problemas de erección y problemas en la sexualidad femenina. Pensemos también en todas las personas a las que se les diagnostica un cáncer o patologías de salud mental como la toma de antidepresivos. El tema es que absolutamente cualquier problema de salud puede interferir en la vida sexual de las personas y por tanto en su bienestar. La sociedad ha avanzado mucho en su relación con la sexualidad. Es una sociedad más tolerante, que vive más tiempo, con mejores estándares de calidad de vida y que sabe que tener una vida sexual activa (que no tiene por qué traducirse en coito sino en diversidad de prácticas) tiene un impacto positivo en la salud a nivel general. En el sistema inmunitario, en la prevención de enfermedades cardiovasculares, en la mejora el estrés, de la movilidad, de la memoria, etc. Todo eso nosotros lo sabemos como sanitarios, pero la población también es más consciente. Y muchas veces los sanitarios han recibido una demanda para la que no estaban preparados porque no se les ha ofrecido formación al respecto.

Desde su experiencia, y teniendo en cuenta que el espectro sexual es muy amplio, ¿cuáles podríamos decir que son los motivos de consulta más frecuente para acudir al sexólogo por parte de los españoles?

Varía si hablamos de una consulta de la red pública o privada. Normalmente en la red pública se atiende demandas sexuales de jóvenes y adolescentes, muchos relacionados con mitos sexuales, orientación sexual, identidad sexual y prácticas sexuales. Por otra parte, en personas maduras son más habituales los problemas de bajo deseo sexual, dispareunia y problemas de erección. En las consultas privadas la población que demanda con más frecuencia son adultos jóvenes. En estos casos, los problemas sexuales más frecuentes son en el caso de las mujeres: bajo deseo sexual, dolor en las relaciones sexuales (vaginismo y dispareunia), o anorgasmia coital. En el caso de los hombres son más habituales los trastornos de la eyaculación, disfunción eréctil situacional y cada vez con más frecuencia problemas de bajo deseo sexual. Los problemas de desajuste de la frecuencia sexual y problemas de pareja son también muy comunes.

¿Y hasta qué punto son frecuentes estas dificultades?

Para hacerse una idea del porcentaje, un ejemplo claro es el que observamos en mujeres menopaúsicas con síndrome genitourinario. Sabemos que a medida que avanzan los años, el 50 por ciento de las mujeres van a tener sintomatología relacionada con la atrofia vaginal, que produce dispareunia, es decir, dolor en relaciones sexuales, que es una de las causas de evitación de las relaciones. Todo ello conlleva problemas de autoestima, distanciamiento emocional, problemas de comunicación en la pareja y aumenta también la probabilidad de que la pareja masculina acabe padeciendo disfunción eréctil. Y este es solo un ejemplo.

¿Muchos de estos problemas existirían si tuviéramos una mayor educación sexual?

Claro que influye. Sabemos que aproximadamente el 80 por ciento de las demandas sexuales son problemas sexuales, no disfunciones sexuales, y con un counseling adecuado se pueden solucionar. La metodología counseling se empezó a trabajar en España cuando empezó el SIDA. Esta es la metodología que se ha ido destacando en las guías internacionales en los últimos años. Es simplemente entender que cualquier profesional sanitario debe tener unos conocimientos básicos basados en evidencia y entendidos en el contexto de esas personas. Todo ellos para dar unas sugerencias específicas que la persona pueda entender y que puedan ayudarle a mejorar el problema. Por ello solo con una pequeña formación de los profesionales tendríamos muchísimo avanzado, porque así habría que derivar solo un menor porcentaje de casos.

Insistiendo en el tema de la formación, el hecho de que haya más libertad para hablar de diversidad, de diferentes orientaciones, identidades, etc., ¿ha ayudado a manejar estas cuestiones?

Las demandas y la oferta van de la mano. Y en ocasiones de manera paradójica la necesidad de formación de los profesionales ha sido después de recibir demandas que no han sabido resolver. No podemos olvidar la importancia del contexto sociocultural en la vivencia de la sexualidad de las personas. Sin embargo, todavía, también en el sistema sanitario, caemos en el abordaje heteronormativo por defecto, por eso es también importante la formación para la comunicación y el abordaje de estas cuestiones.

¿Qué otros ámbitos de mejora de salud sexual hay dentro del sistema sanitario?

El sistema sanitario tiene que desarrollar los diferentes aspectos que se necesitan e integran la salud sexual: información y educación sexual; terapia sexual: tratamiento y rehabilitación e investigación. En el cuidado integral del paciente en enfermedades oncológicas o crónicas debe estar presente aquellos elementos que promueven la salud sexual y previenen las secuelas o discapacidades y eso se debe garantizar mediante protocolos y profesionales formados.