La glucosa es la gasolina que el cuerpo necesita para arrancar y mantenerse en marcha. Viaja por la sangre a todas las células del cuerpo pero es incapaz de llegar a ellas sin la llave maestra que encaja en la cerradura y abre la puerta. Y es que, salvo en el caso del cerebro y de las células del tejido nervioso, la glucosa necesita la mediación de la insulina para poder hacer su trabajo, que en definitiva consiste en dar a las células la energía que necesitan para hacer posible que los pulmones respiren, el aparato digestivo haga la digestión, el corazón siga latiendo y se mantengan en marcha todas y cada una de las funciones vitales del organismo, además de permitir que los músculos se muevan y la temperatura corporal se mantenga.

La diabetes entra en escena cuando las células no cuentan con toda la glucosa, su energía principal, que necesitan para funcionar y la sangre tiene unos niveles de glucosa por encima de la normal, poniendo en riesgo su salud. Y todo porque o bien el cuerpo no produce nada de insulina y sin ella la glucosa no puede acceder a las células (es lo que ocurre en la diabetes 1) o el cuerpo produce insulina pero no tanta como debiera o la fabrica pero no sabe usarla correctamente (caso de la diabetes tipo 2).

Para controlar la diabetes algunos pacientes requieren necesariamente la administración de insulina y es muy importante que conozcan cada paso de la técnica que han de seguir para administrársela adecuadamente, además de otros aspectos, como que no se puede intercambiar la insulina con otras personas puesto que hay diferentes tipos y el médico recomendará la que mejor convenga en función de la glucemia del paciente (el nivel de glucosa en sangre), lo que coma y el ejercicio físico que practique. Otros aspecto importante es administrarse la insulina todos los días a la misma hora y siempre teniendo en cuenta los horarios de las comidas. Finalmente, para llevar un mejor control es necesario anotar la hora y la cantidad exacta de cada inyección de insulina administrada.

Conservación

Hay que prestar especial cuidado a la conservación de la insulina: la de reserva ha de estar en la nevera, aunque si se congela hay que desecharla, y la que se está usando puede permanecer un mes a temperatura ambiente (entre 15 y 30º), siempre y cuando esté alejada de la luz y del calor directo. En definitiva, la insulina que esté usando se ha de guardar en un lugar fresco y seco, protegida de la luz solar y de los cambios bruscos de temperatura y si lleva usando el mismo vial cuatro semanas es hora de cambiarlo. Si en el ambiente hay más temperatura de la recomendada, recurra a envases de corcho, neveras o termos portátiles. Recuerde que la inyección de insulina fría puede ser dolorosa y no empiece ningún envase nuevo sin revisar antes la fecha de caducidad. Cuando viaje, lleve la insulina siempre consigo en el equipaje de mano.

Rotaciones

No existen unas zonas mejores que otras para administrarse la insulina, lo que hay son zonas en las que es más fácil hacerlo uno mismo: el vientre, evitando los alrededores del ombligo, los glúteos y los laterales de los muslos y de los brazos. Lo que sí es cierto es que no en todas las zonas la insulina se absorbe a la misma velocidad: es más rápida en el abdomen y en los brazos y más lenta en las piernas y en los glúteos, aunque la absorción se puede acelerar con un masaje o aplicando calor a la zona.

Si se tiene que poner más de una inyección cada día, siga el sistema de rotación, es decir, si se pincha antes del desayuno en el abdomen y antes de la comida en los brazos, hágalo así todos los días y realice la rotación dentro del mismo área, es decir, cada inyección que se ponga en el vientre ha de ponérsela separada de la anterior más de dos centímetros, como mínimo lo que mide el dedo pulgar. Si no lo hace así, cargará la zona y se expondrá a lo que se conoce como “callo diabético”. Y no ha de ceder el testigo a otra parte de cuerpo, como los brazos, hasta que no se haya agotado toda el área del abdomen. No es por capricho, haciéndolo así la insulina brinda los mejores resultados. Y si piensa hacer ejercicio no se inyecte la insulina en los músculos que va a ejercitar, como los muslos antes de correr.

Hipoglucemia

Con la administración de insulina, el riesgo de padecer una hipoglucemia se incrementa. La hipoglucemia se produce cuando se inyecta más insulina de la cuenta y por tanto los niveles de glucosa en sangre se sitúan por debajo de la normalidad. Para atajar cuanto antes este problema es fundamental conocer las señales de alerta. No todas las personas tienen las mismas, pero las más habituales son: sudoración sin calor, hambre repentina, debilidad, palidez, sen – sación de mareo, temblores y nerviosismo, palpitaciones, alteraciones del comportamiento e irritabilidad. Para evitar un coma hipoglucémico, ha de actuar sin demora: tome algo de azúcar, como dos o tres terrones, un vaso de zumo de frutas o de coca cola o de tres a cinco galletas. Los síntomas suelen desaparecer en cinco a diez minutos.

Sin duda, el mejor tratamiento es la prevención mediante el ajuste de la dosis de los medicamentos antidiabéticos a sus necesidades reales y seguir un horario regular en las comidas. Además, no olvide llevar siempre azúcar consigo y no se exponga a ningún ejercicio físico extra sin tomar antes un complemento de hidratos de carbono. Y es que, para tener controlada esta enfermedad ha de aprender a manejar tres conceptos, la insulina, los alimentos y el ejercicio, y a encontrar el equilibrio entre ellos.

Estos son sólo algunos tópicos erróneos que rodean a la diabetes:

MITO: “Como no me pongo insulina no soy diabético”.

REALIDAD: Algunas personas con diabetes pueden ser tratadas sólo con recomendaciones dietéticas.

MITO: “No me pongo insulina, tengo la diabetes buena”.

REALIDAD: Todos los tipos de diabetes, necesiten o no insulina, requieren un tratamiento adecuado. No hay diabetes buenas ni malas, en todo caso bien o mal controladas.

MITO: “Si me pongo insulina no necesito preocuparme por la dieta”.

REALIDAD: El plan de alimentación forma parte del tratamiento y ni las pastillas ni la insulina pueden sustituirlo.

FUENTES: Sociedad Española de Diabetes y Fundación para la Diabetes.