El CNSA abarca  dentro de su campo de actuación las relaciones entre el medio ambiente y la salud de las personas, actuando para ello como un órgano de apoyo científico técnico a las diferentes administraciones  con competencias en estas materias. Es quizás el único estamento bisagra entre ambos campos y, por tanto, es ésta una fortaleza en la que se puede apoyar el desarrollo de políticas y proyectos conjuntos  de especial interés y avanzar en el conocimiento científico entre las complejas relaciones del hombre y el medio en el que vive o, debemos decir, que a veces sobrevive.

Para  ello, el CNSA cuenta en la actualidad con unas amplias instalaciones con laboratorios dotados de alta tecnología y un equipo humano especializado en diferentes técnicas analíticas y líneas de investigación en diferentes áreas de interés que afectan a  matrices ambientales como el aire, el agua y los suelos. Consecuentemente, se han desarrollado unidades especializadas, como la Unidad de Contaminación Atmosférica, donde se cuenta con el Laboratorio Nacional de Referencia de  Calidad del Aire y el Patrón Nacional de Ozono, la Unidad de Toxicología Ambiental,  donde también se cuenta con el Laboratorio Nacional de Referencia por la OMS para la determinación de mercurio en pelo y las Unidades de Contaminación Hídrica, Microbiología  Ambiental y Radioprotección.

En su conjunto el CNSA,  aunando capacidades y actuaciones, permite en estos momentos tener una plataforma tecnológica suficientemente capaz, en principio, de dar respuestas a los nuevos retos y amenazas emergentes, si bien no se está exento de los problemas actuales derivados de la pertinaz crisis económica y la constante pérdida de personal de plantilla.

Los objetivos del CNSA están dirigidos fundamentalmente a ser un centro de referencia a nivel nacional e internacional y dar respuestas a las demandas que día a día aparecen en el ámbito de la salud ambiental, lo que obliga a una constante renovación y superación, pero es éste el verdadero sentido de un centro de estas características donde  poder aunar capacidades  de servicio a nivel estatal, pero con un  claro apoyo al nivel autonómico, municipal y  al ámbito empresarial, si cabe.

Con ello, se puede conseguir racionalizar el gasto en las técnicas más complejas  que necesitan de aparatos de alto coste y mantenimiento, además de personal altamente cualificado para su manejo.

A nivel nacional podemos decir que el CNSA es el único centro que reúne estas capacidades, quizás no bien conocidas y por tanto con un aprovechamiento todavía lejos del óptimo deseable. Para ello, se está emprendiendo nuevas líneas de difusión y presentaciones que a buen seguro irán dando sus frutos en un futuro cercano.

Como un pilar base de nuestras actuaciones, en el año 2000 se apostó de forma clara y decidida por desarrollar una política  de calidad, acreditándose según  la norma UNE-EN ISO/IEC 17025 (acreditación  ENAC 223/LE460).

En la actualidad se dispone de  más de 186 ensayos acreditados  que van aumentando cada año. Esto permite disponer de un  rigor y calidad en todas nuestras acciones e informes, lo que supone un reconocimiento técnico muy apreciado y valorado por los usuarios de nuestros servicios, generándose un ámbito de confianza y seguridad que pretendemos mantener y mejorar en lo posible.

Las constantes interacciones del hombre sobre el medio ambiente constituyen una plataforma inagotable de reacciones e impactos no siempre predecibles y que conforman  la base para el resurgir de nuevas amenazas y retos emergentes. El campo clásico de acción de Sanidad Ambiental, como la salubridad de las aguas, la contaminación de aire, el control de alimentos, la lucha de plagas, etc. que son controladas en la actualidad con seguridad y eficiencia en la mayoría de los países desarrollados se ve incrementado con la aparición de  diferentes riesgos emergentes de especial interés como es el  mejor conocimiento de los mecanismos de actuación de  los llamados disruptores  endocrinos que han despertado una inquietud en el mundo científico por la importancia de la  interacción que pueden presentar para los seres humanos. Igualmente  investigaciones recientes que relacionan determinados hábitos alimentarios con la bioconcentración de ciertos compuestos químicos en nuestro organismo, como el mercurio, plomo o cadmio, entre otros, han provocado  en la comunidad científica internacional la necesidad de afrontar campañas de biovigilancia como la llevada a cabo por la Unión Europea (Programa COPHES) y en la que el CNSA ha participado de forma activa.

Son muchas las nuevas amenazas derivadas de la contaminación atmosférica (ambientes interiores, ozono, partículas, radón….) y de las aguas (impacto de los residuos farmacéuticos, cosméticos, ganaderos en la calidad de las aguas) no siempre conocidas su magnitud e impacto social y sanitario, por ello resulta imprescindible afrontarlas de forma coordinada y multidisciplinar en la que los laboratorios especializados suponen la plataforma tecnológica donde descansar las políticas departamentales de la sanidad y del medio ambiente.

También estas amenazas en ocasiones se expresan como situaciones  de emergencia real, como nubes toxicas derivadas de accidentes industriales o vertidos tóxicos al medio ambiente, poniendo en peligro la salud de la población afectada. Para dar  apoyo a este tipo de emergencias ambientales se ha creado en el CNSA una unidad de emergencias, con la idea de poder proyectar las capacidades de los laboratorios al área afectada. En la actualidad se dispone de dos unidades móviles y un vehículo de apoyo todo terreno  que ya han participado en diferentes simulacros nacionales e internacionales organizados por Protección Civil y la Unidad Militar de Emergencias, demostrándose la capacidad de actuación e integración con los diferentes operativos que intervienen en la resolución de la emergencias, en el bien entendido que no constituye esta una unidad de primera intervención.

Es importante entender  la Sanidad Ambiental como parte de la salud pública y por tanto fomentar su desarrollo a todos los niveles administrativos en los que opera, pues como dice el lema “más vale prevenir que curar”. En este punto, el CNSA es la herramienta que mide la gravedad potencial del “enfermo” con lo que facilita el diagnóstico y posterior tratamiento. Además la bondad de que el CNSA pertenezca al ISCIII se ve reforzada con las sinergias colaborativas con otros centros del instituto como el de epidemiología o el de microbiología, por decir algún ejemplo, lo que supone una mejor respuesta y desde  luego un uso racional de los medios, muchas veces escasos, aspecto este especialmente sensible en un momento de crisis económica pronunciada como el que estamos viviendo.

Aún queda un largo recorrido por delante, pero si miramos atrás es mucho el camino andado, y los logros conseguidos permiten mirar con cierto optimismo el futuro en este apasionante mundo de la Salud Ambiental.