Los métodos de medición del control del asma incluyen un conjunto de pruebas para su evaluación. Pese a que la herramienta principal es la visita médica continuada, existen otras que facilitan y estandarizan la evaluación de control de la enfermedad. Se trata de sencillos cuestionarios fáciles de cumplimentar por el paciente que también son de gran ayuda para el profesional sanitario. “En España, solo contamos con dos cuestionarios validados y adaptados para su uso: el Asthma Control Test (ACT) y el Asthma Control Questionnaire (ACQ)”, indica la doctora Estíbaliz Arenas, facultativa del Hospital San Eloy de Barakaldo (Vizcaya).

El principal objetivo en el manejo del asma es lograr alcanzar un buen control de la misma en un tiempo mínimo manteniéndolo estable a lo largo del tiempo, tal como recogen las actuales directrices para el manejo del asma.

“Estos cuestionarios son útiles para reflejar los cambios a lo largo del tiempo, lo cual es fundamental para evaluar la eficacia de las intervenciones terapéuticas”, señala la especialista. La ventaja que proporcionan, añade la doctora Arenas, radica en que son un “instrumento útil, sencillo y fácilmente administrable para conocer la prevalencia del asma. No requieren equipamiento especial, son independientes de circunstancias como la estacionalidad, infecciones respiratorias o tratamientos y, además, recogen información desde la propia perspectiva del paciente”.

Cuestionarios ACT y ACQ

El cuestionario ACT fue diseñado en 2004 como una herramienta para conocer el control del asma. Se trata de un breve estudio de cinco preguntas donde se valora la sintomatología del paciente en las últimas cuatro semanas. Para ello, se valoran cuatro parámetros objetivos: los síntomas diurnos y nocturnos, el uso de medicación de rescate y el grado de interferencia de la enfermedad con la actividad diaria. Además, se tiene en cuenta la percepción del paciente sobre el nivel de control de su enfermedad.

La puntuación final se calcula sumando las respuestas de cada valor en una escala que va del 1 al 5, habiendo sido validado como punto de corte para un buen nivel de control las puntuaciones ≥20. “Una puntuación menor a 20 nos indicaría la realización de un posible ajuste del tratamiento tras una valoración de nuestro paciente. Es la herramienta más utilizada en Atención Primaria”, asegura la doctora Helena Bermejo, médica especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Vargas, en Santander.

El cuestionario ACQ incluye siete preguntas evaluando también el control del asma en el paciente durante una semana y no evalúa la percepción del propio paciente del grado de control del asma.  “En la práctica clínica es preferible el uso del ACT respecto al ACQ, aunque para la evaluación del asma no controlada el ACT muestra poca precisión”, indica la doctora María Consuelo Munuera, especialista en Urgencias del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza.

Limitaciones de los cuestionarios

“Se ha debatido mucho el valor predictivo de estos test sobre el riesgo futuro en la enfermedad, así como sobre su fiabilidad para detectar asma mal controlada por lo que no se deben usar nunca como única herramienta de valoración del control”, agrega. De hecho, algunos autores consideran que estos cuestionarios carecen de una correcta validación clínica por lo que su interpretación no puede extrapolarse directamente a las categorías de control establecidas por las guías de practica clínica GEMA o GINA, explica la especialista.

A pesar de sus limitaciones, ambas herramientas son útiles para el seguimiento del paciente, ya que detectan cambios longitudinales en el control en la vida real y en los ensayos clínicos. “Estas características han hecho que se produzca un uso generalizado de estos test entre los especialistas dedicados al asma, tanto hospitalarios como de Atención Primaria. El uso de adecuado de estos cuestionarios permite actuar sobre el tratamiento de pacientes no controlados, mejorando los resultados en salud en ambos ámbitos”, argumenta Munuera.

Cambios forzados por la pandemia

Por su parte, la doctora Arenas concluye que los cuestionarios ACT y ACQ únicamente evalúan el control de los síntomas y su fiabilidad para detectar el asma mal controlada es escasa. Apunta que es mejor el uso de la espirometría forzada, ya que el FEV1 cuantifica la pérdida progresiva no reversible de la función pulmonar.

Esta doctora insiste en que la herramienta fundamental para evaluar el control del asma es la visita médica presencial, “que es donde se debe evaluar la presencia de síntomas y signos de actividad de la enfermedad, la función pulmonar basal y el declive exagerado de dicha función mediante el FEV1, la existencia de exacerbaciones y visitas a urgencias, y otros factores”.

Sin embargo, explica que la pandemia de la COVID-19 ha obligado a reestructurar la asistencia clínica tal como se venía realizando, surgiendo la necesidad de otras formas de atención. “La GEMA 5.1 menciona la teleasistencia médica, por lo que los cuestionarios ACT y ACQ han sido y serán una buena herramienta para el seguimiento de nuestros pacientes, posiblemente complementados con otros test que cuantifiquen adherencia y conocimiento de la dispensación por parte de farmacias extrahospitalarias de los regímenes terapéuticos”.

Otras herramientas 

Otros instrumentos utilizados por los profesionales sanitarios para el control del asma se centran en lo que dicen las guías del manejo del asma. Según se recoge en GINA-GEMA, para el estudio del control sintomático del asma basta con la realización de cuatro sencillas preguntas que valoran la presencia de síntomas (tos nocturna, presencia de sibilancias, disnea) en las últimas cuatro semanas y el uso de medicación de rescate.

Si la respuesta es negativa a todas las preguntas indica un buen control, si es positiva en una o dos preguntas un control parcial y, si es afirmativa en 3 o 4 preguntas un mal control del asma. “Es una herramienta rápida y de fácil manejo en consulta aunque quizá, por su simplicidad, no suficientemente precisa”, dice la doctora Bermejo.

Por otro lado, la guía GINA recomienda que se puede hacer una clasificación de los pacientes en dependencia del control de su asma, subraya el doctor Jonatan Alonso, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud Pirineos, en Huesca. “Para ello, además de valorar el control de los síntomas en los pacientes, se debe evaluar la función pulmonar (mediante resultados de espirometría y Peak-Flow) y el número de exacerbaciones que presenta el mismo”.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores: Álvaro Medina Tatis, Jesús Javier Aguaviva Bascuñana, Jonathan Alonso Morte, Justo Villalba García, Amaya Sánchez López, Estíbaliz Arenas Ortega, Helena Bermejo Ruiz, María Consuelo Munuera Barahona y Mónica Salazar González.