El último contacto orgánico directo que tenemos con nuestra madre es el cordón umbilical, contacto que perdemos al poco de nacer. Y es a partir de ese momento cuando deben prodigarse sus cuidados. Pasadas las primeras horas después del parto, el trozo de cordón umbilical que permanece después de cortarse comienza poco a poco a oscurecerse y a secarse. Por lo general, se cae solo entre el octavo y el décimo día de vida, formando el ombligo. En los niños nacidos por cesárea se cae entre el duodécimo y el decimoquinto día.

La cicatrización de la herida suele producirse entre 3 y 5 días después de la caída. Si surgen complicaciones como humedad excesiva, infección o, en definitiva, un cuidado inadecuado, se puede retrasar todo el proceso. Y si dicho retraso se prolonga por espacio de varias semanas, hay que consultar con el pediatra, pues puede tratarse de problemas asociados como infecciones, problemas inmunológicos, etc.

Antes de la caída

Mientras ese trozo de cordón umbilical permanece aún unido al ombligo, puede convertirse en un foco de infección para el bebé, de ahí la importancia de prodigarle cuidados y limpieza. Existe una creencia bastante generalizada acerca de que se debe evitar que el ombligo se moje mientras no se ha desprendido el cordón o aún no ha cicatrizado, razón por la cual hay que bañar al niño “por partes”. A este respecto, la Asociación Española de Pediatría (AEPED) aclara que, “en realidad, lo que hace falta es que una vez mojado se lave debidamente y se seque bien para evitar la proliferación de bacterias”.

Habitualmente, el pediatra o las enfermeras de la maternidad donde se ha producido el nacimiento suelen informar debidamente a los padres acerca de cómo realizar dicho proceso de limpieza y qué productos son los más adecuados para ello.

Complicaciones

La onfalitis, o infección del ombligo, se detecta por la presencia de enrojecimiento y endurecimiento de la piel a su alrededor. Unido a ello, se observa supuración o una secreción sanguinolenta y maloliente. El consejo para los padres es nunca obrar por su cuenta, sino consultar inmediatamente con el pediatra.

Otros trastornos que pueden afectar al ombligo son el granuloma umbilical, la hernia umbilical y el ombligo cutáneo o probóscide. En el primer caso, el granuloma umbilical puede manifestarse una vez que se ha caído el cordón y, cuando aparece, lo hace en forma de cereza pequeña, roja y húmeda en la cicatriz del ombligo. Previamente se debe observar si a través de éste se filtra algún tipo de líquido semejante a orina o heces. Ante estos casos se debe acudir inmediatamente al pediatra.

En cuanto a la hernia umbilical, aparece cuando una porción del intestino sobresale en la zona próxima al ombligo, a través de una zona débil en los músculos abdominales. En otras palabras, se produce un defecto en la pared del vientre -como un ojal- que permite la salida de una pequeña porción del intestino, variable en tamaño. La AEPD recomienda a los padres que “no desesperen”, ya que la mayoría de estas hernias se curan solas en el curso de los 2 ó 3 primeros años de vida. No obstante, esta sociedad científica advierte que una hernia umbilical no se cura utilizando ombligueros, vendas apretadas o esparadrapos, ya que estos elementos ni aceleran ni facilitan su curación. Es más, los esparadrapos (sean de tela o de papel) acaban produciendo, inevitablemente, lesiones en la piel (erosiones y auténticos arrancamientos) y las vendas apretadas resultan incómodas y facilitan el vómito al presionar sobre el vientre.

Las hernias que persisten después de los dos o tres años de edad se suelen operar a partir de los cinco años. Pero las llamadas hernias gigantes u onfaloceles han de operarse pronto. Se trata de un defecto congénito en el cual se presenta protrusión (salida al exterior) de los intestinos u otros órganos abdominales del bebé a través del ombligo. Como siempre en estos casos, corresponde al pediatra decidir cuándo se debe realizar la operación.

En relación con el ombligo cutáneo o probóscide, la AEPED explica que “a veces, tras la cicatrización del ombligo, queda una porción de piel sobresaliendo de 1 a 3 cm o incluso más. Lo habitual es que poco a poco vaya “introduciéndose” dentro del la propia cicatriz umbilical hasta desaparecer. Otras veces no sucede así y queda como una pequeña trompa de elefante (probóscide); en tales casos puede que sea necesaria la intervención quirúrgica”.

CONSULTE CON SU PEDIATRA SI…

» A las 3 semanas aún no se ha desprendido el cordón umbilical.

» Cuatro días después de caer, aún mancha la gasa.

» La piel que rodea el ombligo se enrojece.

» Desprende olor fétido, sangre o secreciones.

Cómo cuidar el ombligo del bebé