La diabetes tipo 2 es una enfermedad "de carácter progresivo, por lo que es clave ajustar el tratamiento al paciente y a la enfermedad". Esteban Jódar, jefe del Departamento de Endocrinología y Nutrición de los Hospitales Quirón Salud Pozuelo, Ruber Juan Bravo y San José, ha explicado que "siempre hay que tener en cuenta las características del paciente a la hora de elegir una opción terapéutica u otra, si bien hemos de ser ambiciosos a la hora de aspirar a objetivos de control y a reducir las complicaciones asociadas al tratamiento".

Este especialista ha participado en el Simposio "Debates en Diabetes", organizado por Novo Nordisk en el marco del XXVIII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes (SED) celebrado en Barcelona.

"Conforme va pasando el tiempo tenemos que ir adecuando los tratamientos, sumando medicamentos y en algunos casos sustituyéndolos", explica Esteban Jódar. La evolución natural de la enfermedad obliga a que casi todos los pacientes con diabetes necesiten en un momento dado incrementar la terapia asociada y, en último término, introducir insulina, debido a la progresión del deterioro glucémico.

A diferencia de las personas con diabetes tipo 1, las personas con el tipo 2 todavía cuentan con células beta en funcionamiento en las etapas iniciales de la enfermedad. Por lo general, ellos no se dan cuenta de que el páncreas tiene dificultad para mantener el ritmo hasta que el médico detecta un nivel anormal de glucosa. "Con frecuencia las personas han tenido diabetes tipo 2 más tiempo de lo que se imaginan. Es una enfermedad silenciosa en su inicio", explica el doctor Jódar.

Pautas complejas

Conforme va pasando el tiempo se va reduciendo la masa de células beta que produce la insulina y la diabetes de tipo 2 con resistencia a la insulina termina transformándose con el tiempo en diabetes que requiere el reemplazo con insulina. "Dicho reemplazo se realiza finalmente con pautas complejas, con una insulinización basal y con una dosis antes de cada comida", añade Esteban Jódar.

Como detalla, "en estadios iniciales de la enfermedad lo que interesa es por una parte hacer que la insulina que el paciente tiene en concentraciones normales, e incluso altas, funcione mejor. Y si es preciso aumentar la secreción de forma puntual hacerlo, además de, si es posible, ayudar al paciente a bajar peso y evitar las hipoglucemias".

Insulinización basal

"A medida que progresa la enfermedad se requieren progresivamente más fármacos, tanto orales como inyectados, y llega un momento en que la persona con diabetes necesita además una insulinización basal. Al ir avanzando la enfermedad no sólo se requerirá ese reemplazo de línea basal de insulina, sino que además habrá que actuar en las elevaciones de después de las comidas", ha añadido el experto.

Por otra parte, en diabetes tipo 2, los análogos de GLP-1 son fármacos que actúan a través del receptor de la incretina del mismo nombre, una hormona responsable, entre otras cosas, de estimular la secreción de insulina. En lo que se refiere a sus criterios de utilización, el doctor Jódar explica que "la terapia basada en análogos de GLP-1 no es un tratamiento que esté limitado a una fase concreta de la diabetes, porque, en realidad, cuando abordamos el tratamiento de un paciente, hemos de tener en cuenta que puede tener distintos grados de reserva de insulina".

Por tanto, la utilización de GLP-1 puede tener efectos beneficiosos desde las fases más precoces de la enfermedad hasta las más avanzadas. "En las fases iniciales de la diabetes, los análogos de GLP-1 van a ser beneficiosos no solo en términos de control glucémico, sino también en lo relacionado con el control de peso y con la reducción del riesgo de hipoglucemias. Mientras que, en fases avanzadas, la asociación de GLP-1 con insulina basal va a permitir un muy buen control del paciente con menos bajadas de azúcar y con un beneficio a largo plazo en su calidad de vida", indica este experto.

Mejora de la calidad de vida

En definitiva, concluye el Dr. Jódar, "este grupo terapéutico de fármacos es muy valioso tanto para diabetólogos como para endocrinos, ya que permite reducir la glucemia sin inducir hipoglucemias, las cuales no solo afectan enormemente a la calidad de vida del paciente, sino que también aumentan el riesgo de problemas cardiovasculares y diversas complicaciones. Y, además, induce pérdida de peso y reducción del apetito tanto a nivel central como potencia la saciedad al retrasar el vaciamiento gástrico. Todo esto, junto a una reducción de la presión arterial, neutraliza en gran medida los efectos adversos cardiovasculares y mejora de forma notoria la calidad de vida del paciente con diabetes tipo 2".