El asma es una enfermedad muy prevalente, se calcula que afecta al 5% de la población, no obstante, es un dato que puede tener una gran variabilidad en función de la distribución geográfica de la población. Por otro lado, nos encontramos con una patología que tiene un coste elevado, el estudio AsmaCost determina un importe medio de entre 1.500 y 1.800 euros anuales por paciente a los que habría que añadir los gastos indirectos asociados al asma.

Alta prevalencia y costes relevantes en una enfermedad en la que también es destacado el número de pacientes que no tiene bien controlada su enfermedad. Para repasar por dónde pasan algunas soluciones a esta disyuntiva, en EL MÉDICO INTERACTIVO hemos charlado con el doctor Abel Pallarés Sanmartín, neumólogo de la Unidad de Asma del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Álvaro Cunqueiro, en Vigo, y secretario de SEPAR joven.

 

¿A qué se debe que el asma sea una enfermedad crónica que está descontrolada en un porcentaje importante de pacientes?

El principal problema de los pacientes que padecen asma es que no están concienciados de la importancia que tiene el buen control de esta enfermedad, tienden a minimizarla y a restarle importancia. Esto ocurre porque la mayoría de los pacientes con asma tienen síntomas que son menos graves; en el caso de los jóvenes, incluso, pueden llegar a estigmatizar el uso de los inhaladores pautados. Por tanto, no se implican tanto como requiere una patología como el asma en la que, al menos, deberían tener un plan escrito para aprender a manejar la enfermedad, saber qué hacer si empeoran los síntomas, aprender a identificar las circunstancias que pueden desencadenar una crisis…

Hablamos de un trabajo conjunto del paciente con su médico, el especialista de Neumología o Alergología, e incluso con el de Atención Primaria, ya que los pacientes menos graves cuyo asma se manifiesta puntualmente tienen las revisiones en sus centros de salud. Lo ideal sería que médico y paciente consensúen un plan escrito de tratamiento para el manejo del asma crónica y también para las circunstancias en las que el paciente pueda empeorar.

Hay estudios que cifran en un 50% el número de pacientes que controla mal su enfermedad a causa de un mal manejo del inhalador. ¿Esto es así también en su hospital? ¿Cómo se podría mejorar esa situación?

Además del plan escrito que comentaba, es fundamental que los pacientes sepan utilizar los inhaladores, ya que constituyen la base del tratamiento de las personas que padecen asma. El problema es que un inhalador no es una pastilla que la tomas y sabes que va a hacer su efecto. En el caso de estos dispositivos, de nada sirve tenerlo pautado y utilizarlo a diario si la técnica de uso no es la adecuada o no se sigue la posología indicada. Y, por desgracia, esto lo vemos muchísimo en las consultas. Igual que si el paciente se encuentra mejor son muchas las veces que abandona el tratamiento sin haberlo consultado con el facultativo; o no tienen el tratamiento bien ajustado.

¿Cree que los nuevos dispositivos BAI podrían ayudar a mejorar ese control? ¿Qué ventajas aportan?

Hoy en día tenemos inhaladores excepcionales, han mejorado muchísimo respecto a hace unos años. Decir cuál es el mejor es complicado, ya que cada decisión debe ser consensuada con el paciente y se debe analizar su grado de coordinación a la hora de usar el inhalador y su flujo inspiratorio. Los inhaladores que utilizan la tecnología BAI (Breath Accuated-Inhaler) tienen la ventaja de que se pueden utilizar con poco flujo inspiratorio y en pacientes con menor coordinación, ya que cuentan con un autodisparador que se acciona con la propia respiración. En este sentido, son inhaladores muy sencillos de utilizar y muy efectivos para los pacientes asmáticos, lo que los convierte en muy buenos aliados. No obstante, es importante recordar que cada paciente debe tener un tratamiento individualizado lo más ajustado a la enfermedad y sus circunstancias.

¿Qué otras medidas se pueden tomar para mejorar la educación del paciente en la técnica inhalatoria?

Para revertir esta situación en los hospitales, en las unidades de asma y en los centros de salud hay que llevar a cabo una labor de concienciación. Son importantes los grupos multidisciplinares de atención al paciente, la ayuda de Enfermería es determinante en el adiestramiento de los pacientes en las técnicas inhalatorias, los planes de educación enfocados a Atención Primaria con la colaboración de Enfermería, implicar a otros colectivos sanitarios como enfermeros, médicos de Atención Primaria e, incluso, farmacéuticos puede ser muy beneficioso y existen algunos proyectos que han dado muy buenos resultados.

En fin, hay muchas medidas que pueden contribuir, el gran hándicap es el tiempo de los profesionales sanitarios y la diversidad de formas de abordar la enfermedad en las diferentes regiones. Cada área sanitaria, cada comunidad autónoma es diferente, por lo que sería fundamental tener un Plan Nacional de Asma que sentara las bases globales como ocurre con otras enfermedades como la EPOC. No olvidemos que hablamos de una enfermedad que es muy prevalente y costosa, por lo que medidas coste-efectivas que mejoren el abordaje de la enfermedad y mejoren la calidad de vida de los pacientes son esenciales. Son aspectos en los que tendremos que insistir, principalmente, desde las sociedades científicas como SEPAR.

¿Y para mejorar el manejo del asma en general?

Un punto importante son las Unidades de Asma. Cada vez se están creando más unidades en toda España, acreditadas desde SEPAR y SEIAC, que nos permiten un enfoque más disciplinar de la patología y gracias a esto estamos dando una asistencia de más calidad, lo que redunda en pacientes más controlados. Además, estas unidades también son una manera de ahorrar costes porque cuantos más especialistas hay sobre una patología, con más experiencia y más conocimiento, siempre va a ser más sencillo conseguir estos objetivos y aunar esfuerzos. Que haya más unidades de asma es una buena noticia, pero es cierto que ni todas las áreas ni todos los hospitales tienen los mismos recursos, por lo que, al menos, debería existir una consulta monográfica de asma en todas las áreas sanitarias del territorio nacional.

¿Desde SEPAR Joven qué acciones están desarrollando enfocadas a mejorar el control de la enfermedad?

En SEPAR Joven estamos convencidos de que debemos establecer vínculos estrechos con las asociaciones de pacientes: escucharles, canalizar sus demandas, crear foros de debate entre pacientes y médicos. Personalmente, estoy implicado en un proyecto con la asociación de pacientes asmáticos denominado el ‘Atlas del Asma’ cuyo objetivo es poner el foco en el paciente y ver cómo podemos colaborar con ellos para ofrecer soluciones a sus necesidades no resueltas. No solo en el manejo crónico de la enfermedad o de las exacerbaciones, sino en las necesidades que encuentran en los servicios u otras demandas que nos plantean. Estamos en una fase embrionaria, pero, en definitiva, se trata de humanizar la asistencia, lo que redundará en un mejor control.

Por otro lado, SEPAR Joven es una iniciativa en la que se propicia que haya una relación fluida entre especialistas de diferentes edades porque resulta muy útil a la hora de establecer foros de debate enriquecedores. Y, por supuesto, la sociedad científica debe actuar también como megáfono para amplificar las demandas de los compañeros de toda España y de los pacientes a las administraciones públicas.

Volviendo al buen manejo de la enfermedad, últimamente se habla mucho de la relación directa entre el incremento de la contaminación y los nuevos casos de asma…

La contaminación es un enemigo invisible y muy difícil de cuantificar e influye de manera determinante en el aumento de las patologías bronquiales, así como al aumento de exacerbaciones y de nuevos diagnósticos.

Cuando hablamos de asma nos preocupa mucho la polución ambiental, las emisiones de gases y las partículas tóxicas en el ambiente, pero también la contaminación tipo polvillo de los árboles, por ejemplo, que tenemos aquí en Galicia cuando no llueve, porque son elementos que incrementan la dificultad respiratoria de los pacientes. Lo que ocurre es que, hasta ahora, no existe una concienciación entre los médicos de cuantificar esa contaminación y advertir a sus pacientes de la necesidad de que extremen las precauciones al salir de casa, o que incremente la medicación de rescate.

Es importante tomar conciencia de la contaminación tanto médicos como pacientes. Personalmente, creo que no le estamos dando la importancia que tiene y que las autoridades sanitarias y políticas no hacen lo suficiente para combatirlo ni lo difunden lo suficiente.