La Atención Primaria es la puerta de entrada al sistema de salud para múltiples patologías, ¿lo es también para cualquier tema relacionado con la salud sexual?

Rotundamente sí. La experiencia en la consulta del médico de familia así lo atestigua. Cuando alguien tiene alguna duda o queja sexual es a los profesionales de Atención Primaria a quienes primero consulta, siempre que vea en ellos una actitud favorable a la escucha de un problema como el sexual, que se vive de manera íntima.

Hablando de esa actitud favorable, ¿estos temas suelen aparecer frecuentemente en consulta o todavía cuesta que el paciente venga a consultar?

Lo cierto es que los problemas relacionados con la salud sexual cada vez se consultan con más frecuencia. La actual demanda asistencial, en ese sentido, se ha multiplicado exponencialmente en la última década. Pese a ello, todavía hoy, muchos hombres y mujeres, diría que sin distinción entre unas y otros, se muestran remisos a consultar con el médico las dudas o los problemas sexuales que les preocupan. Los profesionales de la salud, en este caso, deberíamos adoptar un papel más activo, interesándonos sobre cómo va su vida sexual. Especialmente en aquellas personas incluidas en grupos de riesgo de sufrir disfunciones sexuales. Me refiero a diabéticos, hipertensos, personas con depresión, etc.

Especialmente en estos pacientes, ¿se suele valorar la salud sexual cuando se hace una entrevista sobre su salud?

La realidad es que generalmente no, salvo que el profesional tenga interés. Sin embargo, el realizar un par de preguntas sencillas sobre salud sexual debería de ser lo habitual en cualquier entrevista clínica. Por ejemplo, algo tan sencillo como: “cómo le va la vida sexual”; también: “sí tiene algún problema sexual me lo puede decir, de esa manera podré ayudarle”. Estas sencillas preguntas facilitan la expresión de dudas o problemas sexuales que, a menudo, se viven en la intimidad y generan mucha inquietud a quien las tiene. Para facilitar la labor, sobre todo en personas que tienen reparos para hablar de estos temas de manera directa, hace un año validamos los cuestionarios de Función Sexual de la Mujer, FSM-2 y de Función Sexual del Hombre, FSH, que cumplimenta el paciente de manera privada. Estos son de rápida ejecución, ya que se responden en entre 5 ó 10 minutos. Son instrumentos psicométricos muy útiles, tanto en la consulta clínica como para realizar estudios de investigación.

Distinguiendo por géneros, ¿qué temas de la salud femenina pueden tratarse desde este nivel asistencial y cuáles deben ser derivados a Ginecología?

Creo que la intervención en salud sexual de la mujer debe de ser compartida entre Atención Primaria y Ginecología. Cuando es una enfermedad ginecológica la causante del problema sexual, y sobrepasa las competencias del médico de familia, es el ginecólogo/a el profesional más capacitado para abordarla y tratar de corregirla. Por otra parte, las quejas sexuales leves o moderadas, referentes a bajo deseo sexual o a problemas de excitación/lubricación, así como algunos trastornos por dolor coital u orgásmicos, deberían de ser abordados desde la Medicina Primaria. Por otra parte, debemos tener en cuenta que muchos problemas sexuales femeninos, por ejemplo, los relacionados con el interés y la excitación sexual cuando van asociados a patología cardiovascular, metabólico o psiquiátrica, entre otras causas. Así, descartada patología ginecológica, pueden ser abordados desde la Medicina de Familia, que debería tener la opción de derivar a un terapeuta sexual aquellos problemas que sobrepasen su capacidad de intervención. El ginecólogo también debería tener esta misma opción, dado que el componente emocional y de relación con la pareja, asociado a las patologías sobre las que interviene, sobrepasan muchas veces su capacidad de intervención.

¿Y en el caso de la salud sexual masculina?

Sucede lo mismo que con la salud sexual femenina. Es necesario remitir a otro especialista (urólogo-andrólogo, endocrinólogo, cardiólogo, etc.) aquellas patologías orgánicas, causantes de problemas sexuales masculinos, que sobrepasan la capacidad de intervención de la Medicina de Familia. Del mismo modo, al terapeuta sexual cuando hay factores que superan sus competencias (ansiedad de ejecución previa al encuentro sexual, problemas de relación con la pareja, etc.). Concretando, las quejas sexuales moderadas o leves, referentes a deseo sexual hipoactivo, trastornos de la función eréctil o eyaculatorios, podrían ser abordados desde la Medicina de Familia.

Ha comentado que en algunos casos se debería tener la opción de derivar a un terapeuta sexual o sexólogo, ¿es esto posible hoy en día?

A día de hoy, en la Sanidad Pública española solo es posible en la Comunidad Valenciana. En otras comunidades autónomas se están iniciando procedimientos para crear unidades referentes en salud sexual, pero, en general, son todavía proyectos.

Otra cuestión es cómo afectan determinados tratamientos (hipertensivos, antidepresivos…) a la salud sexual del paciente, ¿suele tratarse este tema en consulta?

Algunos fármacos, como los que apunta, pueden provocar trastornos sexuales. Obviamente conocemos cuáles son los que más habitualmente lo hacen. Pero no olvidemos que una hipertensión mal controlada, una depresión o una diabetes desbocada también los provocan. Por todo ello, los efectos adversos de determinados fármacos sobre la vida sexual es un tema habitual en la consulta de Atención Primaria, porque cuando un paciente los sufre suele referirlo al médico, siempre que se interese por su sexualidad, lo que le sucede a la mayoría de las personas, pero no a todas. Por otra parte, la mayoría de los médicos conocemos los efectos negativos de ciertos fármacos en el área sexual, y tratamos de evitar su prescripción cuando resulta posible, aunque frente a algunas patologías no hay más alternativas. Además, este asunto genera a veces discrepancia en la consulta, porque, con frecuencia, un paciente achaca a determinado fármaco efectos adversos sobre la esfera sexual, sin que exista evidencia científica que lo corrobore. La respuesta sexual de cualquiera es tan variable como vulnerable, y a veces se achacan a los fármacos dificultades sexuales sin que tengan nada que ver al respecto.

Siendo así, ¿hay cada vez más preocupación por buscar tratamientos que no interfieran en la vida sexual de los pacientes?

Por supuesto que la hay. Cualquier médico tiene como principal objetivo mejorar la calidad de vida de las personas que atiende y este tema es una prioridad para nosotros. En los congresos de Medicina de Familia es habitual informar a los profesionales sobre cuáles son los efectos adversos en la esfera sexual de ciertos fármacos, así como adiestrarlos en cómo abordarlos de la mejor manera posible.

Otra área es la salud sexual del adolescente, ¿cómo se aborda el tema de educación sexual, respecto a contracepción, prevención de infecciones de transmisión genital, etc., en el paciente joven?

Hasta donde yo sé, porque mi labor es sobre todo asistencial e investigadora, dentro del campo de la Medicina de Familia y de la terapia sexual existen programas en todas las comunidades autónomas sobre educación sexual en adolescentes. Ahora bien, en la consulta de Primaria cuando surja la ocasión es recomendable preguntar a los jóvenes que atendemos sobre estas cuestiones: hábitos sexuales, posibles prácticas de riesgo para infecciones de transmisión sexual y métodos de contracepción. Me atrevería a decir que interesarse por estas cuestiones, en el momento que se considere más conveniente, debería de ser de obligado cumplimiento.

Pero, ¿y el médico de Primaria cuenta con formación continuada para este tipo de abordajes? ¿Cuáles serían los ámbitos de mejora?

A mi modo de ver muchos médicos sí cuentan con formación para abordar en su consulta temas relacionados con la salud y la educación sexual. No obstante, debería de contarse con una formación continuada, formal, reglada y auspiciada por la administración sanitaria, sobre estas cuestiones. Esta es un asunto prioritario, a mi modo de ver, dada la gran repercusión que sobre la calidad de vida de las personas tiene todo lo concerniente a su sexualidad. En la actualidad, la formación de los médicos en el campo de la salud sexual, no solo de los médicos de familia, sino de cualquier otra especialidad, queda a voluntad de las sociedades científicas, o de otros proveedores, sin que oficialmente exista una oferta reglada.

Si esta formación se regulase, ¿se podrían incorporar algunos conceptos básicos sobre educación sexual desde el sistema sanitario al igual que se hace con la alimentación o el ejercicio físico en educación para la salud?

Por supuesto que se pueden incorporar, dirigiéndolos sobre todo a quienes les interese la sexualidad, por suerte la mayoría de las personas, pero no todas. Fomentar en ellas la creencia real de que mejorar la sexualidad supone mejorar su salud y su bienestar, además de la relación con su pareja, si la hay, es muy recomendable. También informarles de las favorables repercusiones sobre su calidad de vida de una sexualidad satisfactoria es conveniente, para que las personas que atendemos tomen conciencia de ello. Por ejemplo, que sepan que la aparición de un problema sexual, tan frecuente como la disfunción eréctil, puede avisar de la inminencia de un evento coronario. O que la practica sexual habitual favorece el equilibrio emocional, lo que mejora la forma física e incluso alarga la vida. Saber de estas y otras cuestiones les motivará a interesarse más por un aspecto de nuestra personalidad, tan esencial para casi todos, como el de la sexualidad.