La dermatitis atópica es una enfermedad cutánea inflamatoria de carácter hereditario, con predominio en la infancia, que se caracteriza clínicamente por la presencia de xerosis (sequedad), prurito (picor) intenso, irritación, inflamación y riesgo de sobre infección. Se trata de una enfermedad crónica y recidivante que cursa con brotes de lesiones eccematosas de carácter intermitente. No tiene una causa precisa conocida sino que es un proceso multifactorial asociado a alteraciones fisiológicas (disfunción de la barrera cutánea) e inmunológicas.

Dos de cada diez niños españoles padecen actualmente dermatitis atópica, cuya incidencia ha crecido a lo largo de los años debido a causas como el estilo de vida occidental, el aumento de la edad materna, la polución, el tabaquismo materno o la reducción de la lactancia natural, entre otros. Este trastorno tiene una prevalencia especialmente elevada en las grandes ciudades industrializadas y en climas templados, fríos o con baja humedad ambiental.

En un 60 por ciento de los casos, la dermatitis atópica se manifiesta en el primer año de vida, lo que hace que muchos padres de niños muy pequeños se enfrenten a una sintomatología que resulta muy molesta para los pequeños y ante la que no es fácil saber qué medidas hay que tomar, por lo que se genera un número significativo de consultas en la farmacia al respecto.

Con objeto de resolver dudas sobre esta afección cutánea, eliminar falsos mitos y ayudar a que quienes las sufren puedan, si no evitar los brotes, sí espaciar su aparición y atenuar su intensidad, la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) ha redactado una serie de recomendaciones a la población.

Recomendaciones

” Es muy importante utilizar siempre productos adecuados en la higiene e hidratación de la piel atópica. El uso de productos inadecuados es un factor desencadenante de brotes y una de las mayores causas de persistencia de la dermatitis atópica.

” El paciente atópico tiene una piel muy seca y sufre picor intenso. El uso diario de emolientes (aporte de lípidos) es una ayuda eficaz para espaciar los brotes. Ésta es la principal línea de actuación en el tratamiento de esta patología, fundamental para restaurar la capa córnea.

” La hidratación en el paciente atópico debe realizarse después del baño, con la piel un poco húmeda, ya que así el poro está abierto y penetra mejor el producto.

” Aplique los emolientes antes de salir al exterior, sobre todo en zonas de clima frío y especialmente sobre las zonas más expuestas a los agentes externos (zona facial).

” Se debe evitar el secado por fricción con la toalla o el uso de secadores porque pueden irritar la piel. Se recomienda secar realizando toques con la toalla.

” Se deben cortar las uñas y limpiarlas para evitar infestaciones de las lesiones debido al rascado.

” Elija algodón y lino para las prendas de vestir que estén en contacto directo con la piel (incluida la de la cama), ya que facilitan la transpiración. Evite el uso de lana y tejidos sintéticos, que incrementan la temperatura corporal y acentúan el picor.

” Después del lavado, la ropa debe aclararse bien y es recomendable evitar el uso de suavizantes y lejías, que actúan como irritantes para la piel.

” La temperatura y la humedad de las habitaciones deben mantenerse constantes, evitando excesos en la calefacción que pueden aumentar la temperatura y resecar el ambiente. En general se deben evitar los cambios bruscos de temperatura.

Apoyo familiar

El niño con dermatitis atópica suele ser más inquieto que el resto de niños y a veces es difícil evitar que se rasque. Es importante que los padres tengan esto en cuenta para evitar a veces “desesperarse” ante la falta de control del rascado de su hijo. El rascado sólo puede evitarse a través de las medidas de higiene e hidratación y el tratamiento apropiado pautado por su dermatólogo. Los padres han de proporcionar a los pequeños un entorno de cariño y tranquilidad.

La “riña” ante el rascado no es eficaz, ya que el niño se rasca porque tiene una sensación desagradable en su piel. Si se le riñe, puede desencadenarse una mayor sensación de picor y, por tanto, un mayor rascado. En consecuencia, es necesaria una gran delicadeza y paciencia con ellos. El objetivo es conseguir que sepan que no deben rascarse, pero gradualmente, sustituyendo ese rascado por la aplicación de un emoliente, o por la realización de una actividad que le mantenga distraído cuando tenga la sensación de picor, por ejemplo, el contar mentalmente.

En el caso de los niños mayores, adolescentes y adultos es también fundamental el apoyo familiar. La presencia de lesiones cutáneas, que con el paso de los años suelen localizarse fundamentalmente en la cara y las manos, produce en algunos casos una menor autoestima al considerar la presencia de lesiones como “una imperfección”. Influye además la opinión de los demás. es decir, el tener que responder a la curiosidad de aquellos que preguntan la causa de “esa manchita”

FUENTE: Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) y ADEA.