E.P.- Científicos del Instituto Curie de París, han publicado en la revista Nature, el descubrimiento de un nuevo tipo de linfocitos T, encargados de la regulación de la inmunidad intestinal, lo que podría mejorar el tratamiento de los cánceres del aparato digestivo.

Mientras la mayoría de los linfocitos T sólo se multiplican después de su encuentro con el agente patógeno que están específicamente encargados de eliminar, los "nuevos" linfocitos, denominados MAIT, proliferan permanentemente y poseen receptores cuya estructura es idéntica en los mamíferos.

"Las enfermedades inflamatorias (enfermedad de Crohn, rectocolitis o úlcero-hemorrágica) podrían ser mejor tratadas a raíz de estos nuevos conocimientos. Pero es posible asimismo plantearse la utilización de estos linfocitos T para desencadenar una respuesta antitumoral en los pacientes aquejados de un cáncer digestivo", estiman los científicos del Instituto Curie en un comunicado.

"Actores claves de la respuesta inmunitaria intestinal, los MAIT podrían servir para estimular las defensas inmunitarias a fin que reconocieran y eliminaran las células tumorales, un descubrimiento que podría aportar nuevas perspectivas a uno de los tratamientos prometedores en cancerología, la inmunoterapia", agregaron.

"Las propiedades originales, de los linfocitos T, indican que los mismos tienen una función singular, y estas investigaciones aportan nuevas aclaraciones sobre el funcionamiento de la inmunidad intestinal y sobre el sutil equilibrio existente entre el mantenimiento de la flora intestinal y la respuesta a una infección", señalan los científicos.

El intestino es un órgano sumamente expuesto a las infecciones y debe, por tanto, ser rigurosamente vigilado. Una multitud de microorganismos (virus, bacterias, hongos o parásitos) pueden infectarlo y provocar enfermedades.

Para protegerlo, debe ser mantenido un delicado equilibrio: dejar que la flora intestinal, indispensable para el buen funcionamiento del organismo, se desarrolle normalmente, pero al mismo tiempo destruir los agentes infecciosos. Todo ello, en un órgano que mide 300 m2, es decir que, desplegado, tendría una superficie equivalente a una cancha de tenis.