Investigadores de la Universidad de California, Berkeley, el Politecnico di Milano (Universidad Politécnica de Milán) y la Universidad Massey de Nueva Zelanda han advertido de que los cambios globales en el uso de la tierra, incluida la fragmentación de los bosques, la expansión agrícola y la producción ganadera concentrada, están creando “puntos calientes” favorables para los murciélagos que portan coronavirus y donde las condiciones son propicias para que las enfermedades pasen de los murciélagos a los humanos.

Si bien los orígenes exactos del virus SARS-CoV-2 siguen sin estar claros, los científicos creen que la enfermedad probablemente surgió cuando un virus que infecta a los murciélagos salto a los humanos, bien desde el propio murciélago o indirectamente infectando a un huésped animal intermedio, como el pangolín.

Se sabe que los murciélagos de herradura son portadores de una variedad de coronavirus, incluidas las cepas que son genéticamente similares a las que causan el COVID-19 y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS). El nuevo estudio utilizó sensores remotos para analizar los patrones de uso de la tierra en todo el rango del murciélago herradura, que se extiende desde Europa occidental hasta el sudeste asiático.

Al identificar áreas de fragmentación de bosques, asentamientos humanos y producción agrícola y ganadera, y compararlas con hábitats conocidos de murciélagos herradura, identificaron posibles puntos calientes donde el hábitat es favorable para estas especies de murciélagos, y donde estos llamados virus zoonóticos podrían potencialmente saltar de los murciélagos a los humanos. El análisis también identificó ubicaciones que podrían convertirse fácilmente en puntos calientes con cambios en el uso de la tierra.

Expansión de la ganadería industrial

“Los cambios en el uso de la tierra pueden tener un impacto importante en la salud humana, tanto porque estamos modificando el medio ambiente como porque pueden aumentar nuestra exposición a enfermedades zoonóticas. Cada cambio formal en el uso de la tierra debe evaluarse no solo por los impactos ambientales y sociales en recursos como las reservas de carbono, el microclima y la disponibilidad de agua, sino también por las posibles reacciones en cadena que podrían afectar la salud humana”, ha señalado el coautor del estudio Paolo D’Odorico, profesor de ciencias ambientales, política y gestión en UC Berkeley.

La mayoría de los puntos calientes actuales están agrupados en China, donde una creciente demanda de productos cárnicos ha impulsado la expansión de la ganadería industrial a gran escala. La producción ganadera concentrada es particularmente preocupante porque la práctica reúne grandes poblaciones de animales genéticamente similares, a menudo inmunosuprimidos, que son altamente vulnerables a los brotes de enfermedades.

El análisis también encontró que partes de Japón, el norte de Filipinas y China al sur de Shanghai corren el riesgo de convertirse en puntos calientes con una mayor fragmentación de los bosques, mientras que partes de Indochina y Tailandia pueden convertirse en puntos calientes con aumentos en la producción ganadera.

La invasión humana al hábitat natural también puede aumentar indirectamente la exposición a enfermedades zoonóticas al reducir la valiosa biodiversidad. Cuando las tierras forestales se fragmentan y los hábitats naturales se destruyen, las especies que requieren un hábitat muy específico para sobrevivir, llamadas “especialistas”, pueden disminuir o incluso extinguirse. Sin la competencia de los especialistas, las especies “generalistas”, que son menos exigentes con su hábitat, pueden hacerse cargo.

Si bien China ha sido líder en la plantación de árboles y otros esfuerzos de ecologización durante las últimas dos décadas, muchos de los árboles se han plantado en áreas de tierra discontinuas o fragmentos de bosque. Para inclinar el equilibrio ecológico hacia atrás en favor de especies especializadas, la creación de áreas continuas de cobertura forestal y corredores de vida silvestre es más importante que aumentar la cobertura total de árboles.

La salud humana está entrelazada con la salud ambiental y también con la salud animal. Nuestro estudio es uno de los primeros en conectar los puntos y profundizar realmente en los datos geográficos sobre el uso de la tierra para ver cómo los humanos entran en contacto con especies que podrían ser portadoras”, concluye el investigador.