Científicos del Reino Unido han identificado, en un estudio publicado en el ‘British Journal of Cancer‘, una nueva forma de destruir las células del cáncer de páncreas a través de la desconexión del generador de energía que alimenta las bombas de calcio en la superficie de las células.

El calcio que hay dentro de las células suele ser beneficioso porque controla numerosas funciones celulares, pero es necesario mantener unos niveles estrictos para evitar su toxicidad.

Este control estricto se logra mediante bombas de calcio en la superficie celular que usan energía química para bombearlo fuera de la célula. Ante este escenario, los investigadores han descubierto que al desconectar el suministro de energía de las células cancerosas, las bombas fallan y el calcio aumenta.

En concreto, han observado que las células de cáncer de páncreas tienen una forma única de extraer energía del azúcar para alimentar sus bombas de calcio: utilizan una enzima específica, llamada PKM2, que está presente en niveles altos en los tumores, en comparación con el tejido sano circundante de pacientes con cáncer de páncreas.

Además, la cantidad de PKM2 en los tumores se correlacionó con una menor supervivencia de los pacientes, lo que sugiere que esto podría ser el objetivo del tratamiento del cáncer de páncreas.

Tras este hallazgo, los científicos realizaron experimentos en células de cáncer de páncreas en el laboratorio para descubrir qué sucedería si cerraban PKM2 utilizando dos enfoques diferentes. El primer enfoque apuntó a la maquinaria responsable de producir la proteína PKM2, lo que eventualmente conduce a una reducción dramática o eliminación de PKM2 dentro de las células cancerosas. El segundo enfoque usó un bloqueante de PKM2 natural, llamado shikonin, que detiene el funcionamiento de PKM2.

Así, los expertos comprobaron que shikonin era “muy eficaz” para destruir las células cancerosas en páncreas a las pocas horas de tratamiento. Además, las células tratadas tenían niveles agotados de energía, lo que a su vez condujo al fallo de sus bombas de calcio y a un aumento tóxico en el calcio. Shikonin también evitó que las células crecieran y migraran, lo que implica un impacto en la propagación del cáncer.

“Aunque la shikonina demostró ser muy efectiva en el laboratorio, puede tener efectos secundarios adicionales en todo el organismo, haciéndola menos útil en los pacientes. Por lo tanto, nuestro objetivo es diseñar nuevos medicamentos que se dirijan selectivamente a este proceso para dstruir sólo las células cancerosas”, han dicho los expertos.