Ingenieros químicos de la Michigan Technological University (Estados Unidos) han descubierto una forma de conservar los virus en las vacunas con proteínas en lugar de la temperatura. En concreto, este trabajo, publicado en la revista ‘Biomaterials Science’, ha desarrollado una forma de imitar el ambiente del cuerpo en las vacunas usando un proceso llamado coacervación compleja. En lugar de depender de la refrigeración, recurren al otro método para mantener los virus estables: la coacervación.

Los virus de las vacunas, que entrenan a nuestras células para identificar y vencer a los invasores virales, deben mantenerse fríos para evitar que se rompan. La temperatura típica de envío de las vacunas oscila entre 2 y 8 grados centígrados.

Los virus se mantienen fríos por la misma razón que refrigeramos los alimentos. “No se tomaría un filete y se dejaría en el mostrador por ningún tiempo y luego se comería. Un filete tiene los mismos problemas de estabilidad: tiene proteínas, grasas y otras moléculas que, para mantenerlas estables, necesitamos mantenerlas frías”, explica una de las líderes del estudio, Caryn Heldt.

Al igual que las proteínas, los virus se despliegan cuando hace calor o hay espacio para moverse. El calor proporciona energía para que los virus se deshagan, y el hecho de no estar amontonados les da el espacio necesario para desmoronarse. Las vacunas estables necesitan frío o hacinamiento.

Para mantener estables los virus de las vacunas, todos a lo largo de la cadena de suministro, desde las instalaciones de fabricación hasta la empresa de transporte y el consultorio médico, deben mantener la temperatura del frío. Este esfuerzo cooperativo se conoce como la cadena de frío. Si una vacuna se mantiene por encima de ese rango de temperatura incluso durante una hora, puede arruinarse e inutilizarse.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hasta el 50% de las vacunas se desperdician cada año porque no se puede mantener la cadena de frío y la temperatura ideal de almacenamiento.

Para solucionar esto, los investigadores usaron polipéptidos (proteínas sintéticas) que tienen cargas positivas o negativas. Cuando estos péptidos cargados se ponen en solución, se unen y forman una fase líquida separada, un proceso llamado coacervación compleja. El líquido se envuelve alrededor de las cápsulas del virus, manteniendo el material del virus unido como una tortilla de burrito.

“Los materiales de coacervación son algo que vemos todo el tiempo en nuestra vida diaria. Muchos champús se someten a la coacervación. Cuando te pones el champú en el pelo mojado, el agua que está presente diluye el champú, causando que se separe en fases y facilitando la eliminación de la suciedad y el aceite de tu pelo”, detalla Perry.

La coacervación compleja funciona para los virus no envolventes, que no tienen lípidos, o capa grasa, alrededor de ellos. Los virus no envolventes incluyen la polio, el rinovirus (que causa el resfriado común) y la hepatitis A.