Un equipo internacional de científicos ha dado un paso importante para entender los vínculos entre la obesidad y las enfermedades físicamente distantes que provoca. Los investigadores presentan sus resultados en la Conferencia Anual de la Sociedad Europea de Genética Humana.

La obesidad está en aumento en todo el mundo y en algunos países desarrollados dos tercios de la población adulta tiene sobrepeso o es obesa, lo que lleva consigo mayor riesgo de enfermedades graves como enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular, cáncer y osteoartritis. Muchas de estas patologías no parecen afectar a las partes del cuerpo donde se acumula el exceso de grasa sino que afectan a sistemas del cuerpo alejados de las zonas con depósitos de grasa.

La doctora Taru Tukiainen, investigadora postdoctoral que trabaja en el Instituto de Medicina Molecular de Finlandia (FIMM, por sus siglas en inglés), en Helsinki, Finlandia, y colegas de Reino Unido y Estados Unidos, se propusieron estudiar la relación entre el índice de masa corporal (IMC), una -manera común que se utiliza para medir la obesidad, y la expresión de genes en 44 tipos de tejidos diferentes, incluyendo algunos que son raramente accesibles en muestras de gran tamaño, por ejemplo, el cerebro y los órganos internos.

“El muestreo de grandes cantidades de tejido es invasivo, pero hemos sido capaces de utilizar el conjunto de datos Gtex de tejidos de autopsias de donantes y, por lo tanto, una gama de muestras mucho más amplia de lo que normalmente es posible –explica Tukiainen–. Es la primera vez que se exploran estos cambios en la función del tejido humano en respuesta a las alteraciones en el IMC entre tantos sistemas del cuerpo al mismo tiempo”.

Los investigadores encontraron cambios simultáneos en respuesta a la obesidad en casi todos los tejidos estudiados. “Estos resultados muestran que la obesidad es en realidad una condición sistémica y particularmente un estado de inflamación sistémico. Sin embargo, curiosamente, los cambios en la función del tejido parecían ser compartidos sólo parcialmente entre diferentes tipos de tejidos”, subraya esta investigadora.

En este sentido, Tukiainen explica que, por ejemplo, el tejido adiposo y las glándulas suprarrenales, que son ambos órganos que secretan hormonas esenciales para el metabolismo, a menudo reaccionan a los cambios en el IMC de maneras completamente opuestas, como una disminución en la actividad metabólica del primero y un aumento en el segundo

 

 

Cambios digestivos por IMC y genes patológicos, vinculados

A pesar de que los cambios de estilo de vida son la forma más eficaz para combatir la obesidad, puede ser un trabajo duro y difícil de mantener. Por lo tanto, los procesos biológicos identificados por los científicos pueden ayudar al tratamiento de la obesidad mediante la identificación de potenciales dianas farmacológicas y los objetivos específicos de cada tejido particular. Los resultados también pueden ayudar a distinguir grupos de particulares que están en mayor riesgo de desarrollar complicaciones y llevar a la atención personalizada.

“Nuestra investigación pone de relieve la carga del sobrepeso y la obesidad en el sistema digestivo. Aunque esto no es sorprendente, dado el papel de los tejidos del sistema digestivo en el procesamiento de alimentos, encontramos enlaces alarmantes entre los cambios relacionados con el IMC en diferentes partes del tracto digestivo y los genes implicados en algunas enfermedades, por ejemplo la enfermedad de Crohn”, revela esta experta.

“Una asociación entre dos variables no implica necesariamente que existe una relación de causalidad y a partir de los resultados de la expresión genética por sí sola, no podemos decir que está impulsando cuál. ¿Son primero los cambios en el IMC o cambios en la expresión génica? Sin embargo, podemos dirigirnos a las causas posibles mediante el uso de variantes genéticas conocidas por estar asociadas con el IMC en combinación con nuestros datos sobre la expresión genética”, propone Tukiainen.

Los estudios de asociación del genoma a gran escala ya han identificado cerca de cien variantes genéticas que influyen en el IMC. Además, análisis de este equipo que interpretaron esta información han demostrado que muchos de estos cambios de expresión génica, en particular en el tejido adiposo, parecen estar causados por el aumento de IMC.