“La detección precoz del cáncer de colon mediante pruebas de sangre oculta en las heces puede disminuir la mortalidad en torno a un 30 por ciento, con el añadido de que con la detección temprana el 90 por ciento de los casos podrían curarse”. Esta afirmación, por demás esperanzadora, ya que se refiere a uno de los tipos de cáncer con mayor incidencia en el mundo desarrollado en general y en nuestro país en particular (sólo superado por los tumores de pulmón y próstata en los hombres, y el de mama en la mujer), es una de los más importantes mensajes lanzados por la Alianza para la Prevención del Cáncer de Colon.

Esta organización, conformada por cinco sociedades científicas españolas, concretamente de Gastroenterología, Medicina de Familia, Oncología, Oncología Radioterápica y Epidemiología, más dos asociaciones (una de oncólogos y otra de pacientes), ha nacido con la finalidad de informar y concienciar a la población y a las autoridades sanitarias sobre la relevancia de este tumor maligno y cómo es posible detectarlo de manera precoz, es decir, antes de que la persona note algún síntoma.

Colon y alteración celular

El colon -también llamado intestino grueso- es el último tramo del tubo digestivo. Tiene una longitud cercana al metro y medio y va desde el final del intestino delgado hasta el ano. En su primer tramo (colon ascendente y transverso), su función es absorber agua y electrolitos (sodio, potasio, etc.), mientras su segunda mitad (colon descendente y recto) se encarga de almacenar las materias fecales hasta su expulsión por el ano. Está formado por varias capas de tejido llamado mucosa. En las glándulas que producen esa mucosa es donde, por diversas circunstancias, pueden aparecer pólipos o abultamientos. Estos pólipos inicialmente son benignos, tardan entre 10 y 15 años en crecer y sólo un 5- 10 por ciento se convierten en malignos. No obstante, los expertos coinciden en que conviene detectar cuanto antes todo tipo de pólipo y proceder a su inmediata extirpación para evitar el riesgo potencial de que devengan en un cáncer.

El Dr. Antoni Castells, coordinador nacional de la Alianza para la Prevención del Cáncer de Colon y jefe del Servicio de Digestivo del Hospital Clínic de Barcelona, explica que con realizar un simple análisis de sangre en heces cada dos años a partir de los 50 años de edad, se conseguiría detectar el cáncer de colon en un grupo poblacional importante. Si esta primera prueba da positivo, se efectúa a continuación una colonoscopia para ratificar o descartar la presencia de pólipos o cáncer de colon. Esta última prueba se debe realizar cada 10 años.

Diagnóstico

Los síntomas o signos sugerentes de cáncer de colon pueden variar en función de su localización dentro del intestino grueso. Muchos de ellos pueden coincidir con los de otras enfermedades menos importantes, como hemorroides, diarreas o trastornos digestivos, de ahí que los especialistas insistan en que no hay alarmarse, pero sí acudir al médico lo antes posible para no retrasar el diagnóstico.

Pero como afirmábamos anteriormente, el cáncer de colon es uno de los pocos cánceres que se pueden diagnosticar precozmente, es decir, antes de que la persona note algún síntoma. Para ello se utilizan distintas pruebas. sólo en el caso de que la primera sea positiva, o si existen indicios claros de algún problema, se utilizan otras para confirmarlo.

La primera es el test de Sangre Oculta en Heces (TSOH), un procedimiento muy sencillo e indoloro que sirve para detectar si existe sangre en las heces. El propio paciente en su domicilio toma una muestra de heces durante tres días consecutivos depositándolas en un sobre especial que contiene varias tiras reactivas. La lectura del test la realiza personal sanitario y consiste en añadir unas gotas en las tiras y observar si varían de color. En ese caso, el test es positivo, es decir, que existe sangre en las deposiciones, y se requieren estudios posteriores para diagnosticar su origen (hemorroides, pólipo, tumor maligno”). Posteriormente, los análisis de sangre y orina sirven para conocer el estado general del paciente y detectar complicaciones asociadas al proceso tumoral.

El tacto rectal consiste en la exploración digital del ano y parte del recto. El médico se coloca un guante y emplea lubricante para deslizar suavemente el dedo a través del ano y explorar la zona, palpando las posibles alteraciones existentes en las paredes del recto.

Con la colonoscopia se consigue observar la mucosa de todo el colon y el recto a través de un tubo largo y flexible (endoscopio) que se introduce por el ano. En su extremo posee una luz y una cámara que permiten ver en un monitor de televisión cualquier patología. Para realizar esta prueba, la persona debe seguir una dieta especial durante dos o tres días y antes de la prueba emplear laxantes a fin de que el colon y el recto estén limpios. En la actualidad, la colonoscopia se realiza bajo sedación. Así el paciente no siente dolor, está relajado y se evitan las molestias producidas por la distensión del tubo digestivo al introducir el endoscopio.

Si durante la colonoscopia el médico observa una lesión sospechosa, procederá a extraer una pequeña muestra de tejido (biopsia) que deberá ser analizada para poder confirmar o descartar la existencia de un cáncer.

Si finalmente se diagnostica cáncer de colon, se deben realizar otras pruebas para saber si la enfermedad ha afectado a otros órganos o sólo afecta al tubo digestivo, como radiografía de tórax, ecografías y marcadores tumorales.