Los decepcionantes resultados del primer ensayo clínico para evaluar la eficacia a gran escala de una potencial vacuna contra el sida han dejado un poso amargo entre los pacientes y colectivos que combaten la enfermedad, pero los científicos recuerdan que es muy raro el éxito de un intento inicial en la investigación biomédica y recalcan que, pese a las enormes dificultades científicas, es posible lograr una vacuna preventiva, según recoge en su edición del lunes, 3 de marzo, el diario ABC.

El preparado de la empresa californiana VaxGen es el primero que alcanza el nivel crítico de experimentación en humanos, la fase III de ensayos clínicos donde ya no es la seguridad, sino la eficacia, la incógnita a despejar con miles de voluntarios con alto riesgo. La pasada semana, como publicó ABC, la citada compañía reconoció que las pruebas practicadas con 5.100 varones homosexuales y 300 mujeres, en Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico y Holanda, no revelaron una significativa eficacia. Los responsables de esta vacuna apuntaron que sólo se observó una respuesta positiva en afroamericanos y asiáticos, aunque analistas independientes pusieron en duda días después esos datos estadísticos.

La próxima oportunidad, en Tailandia

Pese a todo, la comunidad científica no pierde la esperanza porque actualmente ya hay 23 ensayos clínicos en marcha con 19 vacunas preventivas diferentes (ver gráfico) en América, Europa, Asia y África. La gran mayoría de esos preparados está en la fase preliminar de evaluación y todavía hay muchas dudas sobre su potencial real para atajar la pandemia. A corto plazo todas las miradas se dirigen a Tailandia, donde en 19 localidades se ensaya la vacuna de VaxGen en miles de toxicómanos.

Pese al primer batacazo, en ese país del sureste asiático podrían obtenerse resultados distintos porque allí se evalúa el nivel de protección de la vacuna frente a una vía de transmisión diferente del VIH, el uso de drogas inyectables en lugar de la sexual.

La Iniciativa Internacional para la Vacuna del Sida, una organización sin ánimo de lucro que impulsa desde el año 1996 la búsqueda de una vacuna preventiva, considera que el objetivo final es muy complicado, pero subraya que es urgente y además posible. Los científicos saben que el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) es un adversario muy complicado porque destruye precisamente las células que utiliza el sistema inmune para luchar contra las enfermedades infecciosas. Y por si fuera poco, el VIH tiene una extraordinaria capacidad para alterar su envoltura externa, lo que dificulta la habilidad natural de las células inmunitarias para reconocerlo y posteriormente destruirlo.

Pistas en un largo camino

En la última Conferencia Mundial sobre el Sida, celebrada el pasado verano en Barcelona, los investigadores reconocieron que todavía hay muchos aspectos de la patogenia del VIH que se desconocen, pero al mismo tiempo recalcan que se sabe mucho más de esta enfermedad infecciosa que de otras muchas que sí cuentan con vacunas.

Las pistas para seguir avanzando en el diseño de potenciales vacunas son variopintas. Por una parte, gracias al estudio de individuos que no han desarrollado el sida más de diez años después de haber resultado infectados, ya se sabe que el sistema inmune tendría cierta capacidad para controlar el virus, al menos temporalmente. Otra clave que suscita la posibilidad de derrotar al VIH surgió al localizar un grupo de prostitutas africanas que no han sido infectadas durante años, pese a realizar el acto sexual repetidamente sin utilizar preservativos. Este hallazgo impulsó el diseño de vacunas potenciales que intentan estimular el tipo de células inmunitarias que serían las causantes directas de la excepcional protección observada en esas mujeres. Otro motivo de esperanza procede de la experimentación de vacunas en primates, donde se aprecia que la inmunización contra el virus es factible.

Hasta ahora, todos los conocimientos recopilados se han trasladado al desarrollo de una vacuna con una estrategia muy similar a la empleada contra otras enfermedades infecciosas. Tradicionalmente, las vacunas inducen inmunidad frente a infecciones concretas al utilizar versiones inactivadas o debilitadas de los virus causantes. Con inoculaciones de esos preparados, el sistema inmunitario puede reconocer y luchar eficazmente contra los virus cuando estos atacan al organismo. En el caso del sida, el temor a utilizar fragmentos del propio virus condujo al diseño de preparados que sólo emplean pequeños fragmentos del VIH, generalmente copias sintéticas de varios de sus genes o proteínas que no están implicados directamente en la infección, aunque pueden propiciar la respuesta del sistema inmune.

Anticuerpos y respuesta celular

El resultado de esta estrategia común se plasma de diferentes formas. Siete de las diecinueve vacunas preventivas en fase de ensayo consisten en fragmentos sueltos de ADN del VIH y cinco se basan en genes del virus, vehiculados a través de bacterias inactivadas o en otros virus debilitados (como el canarypox o el virus vaccinia). También hay nueve preparados potenciales cuyo elemento esencial es una proteína del VIH, como la gp120, o porciones de sus proteínas (péptidos). El gran objetivo de los científicos es obtener una vacuna que genere anticuerpos para neutralizar la entrada del virus en las células y al mismo tiempo que induzca la proliferación de las células inmunitarias con capacidad para destruir al virus. Por ese motivo, en los últimos años están elaborándose nuevas estrategias de vacunas preventivas, que todavía tardarán tiempo en poder experimentarse en seres humanos. Lamentablemente, las rémoras que dificultan la obtención de un remedio preventivo no son sólo de carácter científico. Según un informe de la Iniciativa Internacional para la Vacuna del Sida, la financiación es todavía insuficiente, pese a que más de 40 millones de personas están infectadas, el sida ya es la peor plaga de los últimos siglos y de que el ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, aseguró en 1997 que disponer de una vacuna en 2007 sería un objetivo prioritario de Estados Unidos. Veinte años después del inicio de la pandemia, la inversión en el desarrollo de vacunas sólo supone el 1 por ciento del gasto total en investigación farmacéutica y biomédica. Actualmente se destina a este urgente desafío entre 430 y 470 millones de euros, de los cuales 360 millones proceden de las arcas de los Gobiernos.

La industria farmacéutica, más interesada en el desarrollo de fármacos antivirales, dedica actualmente entre 50 y 70 millones. Quienes están involucrados en la lucha contra el sida reconocen su frustración por el hecho de que al cabo de dos décadas sólo una vacuna preventiva esté en la última fase de ensayo. Pero también atisban signos positivos de cambio porque la implicación de los países en desarrollo y de las empresas farmacéuticas aumentó durante los últimos años.